Rayo Vallecano, la ilusión armada de un barrio

Enrique Tierno Galván definía Madrid como la fábula de Europa, la capital del encanto y de la alegría, un gran puzle de barrios acogedora, cordial, libre, tranquila y universal. ‘El viejo profesor’ entendió como nadie el crisol de historias que componen una ciudad tan heterogénea como esta donde se cruzan los caminos y el mar no se puede concebir. Para muchos, entre los que me incluyo, Madrid es la historia de sus gentes y la vida de sus barrios. Los barrios populosos contrastan con la sobriedad de otros más marchitos. En definitiva, Madrid tiene barrios con personalidad propia, histórica y única, y si hay un barrio en Madrid que tiene esas características ese es Vallecas.

rayo_vallecanoHinchada del Rayo Vallecano / Foto: Rayo Herald.

Vallecas fue urbe y villa antes que barrio, sus arterias son centenarias y fabriles. Palpitó siempre con los latidos de Madrid, sus gentes, obreros combativos, defendieron con sangre repúblicas exiguas en el tiempo, sufrieron como nadie represiones ideológicas y desde las penumbras clandestinas del franquismo pelearon por volver a besar la libertad en una lucha heroica de dignidad de su condición y clase. Héroes y heroínas de la historia, que años más tarde vieron con chaquetas ochenteras que bajo los adoquines la arena de playa se convertía en jeringuillas infectas que mancharon la sangre de una lucha que ya no volvería jamás. Vallecas y su gente vivió con rebeldía las promesas rotas de un mundo mejor. Lloró un 11 de marzo de 2004 por un tren que explotó en El Pozo y se indignó con esperanza un 15 de mayo de 2011 con el legítimo deseo de  ver cambiar  el mundo.

Vallecas vibra cada mes de julio con su peculiar batalla naval de la misma forma que vibró en su momento con los guantes de Poli Díaz, su potro pugilístico que sucumbió a la heroína, corriendo entre vías como corren cada 31 de diciembre los  ‘runners’ del barrio la popular San Silvestre Vallecana.

Vallecas, además, tiene corazón futbolero, que late independiente, con fuerza año tras año. El Rayo Vallecano, el equipo de fútbol de esta nación urbana, se ha impregnado del espíritu combativo de su gente. Su franja roja característica es hoy la vanguardia de una idea de futbol diferente al mayoritario concepto de fútbol-negocio.

El Rayo Vallecano surgió, como no podía ser de otra manera, en un pequeño taller industrial en los años veinte del siglo pasado, teniendo ya desde su nacimiento un carácter obrero diferenciador. Es revelador que durante los años que duró la II República se encuadró en la Federación Obrera de Fútbol. Concluida la guerra el Rayo se integró en la Federación Castellana, donde comenzó una andadura que le llevó a jugar por campos de tercera y segunda división, finalmente, en la temporada 1976-1977 el Rayo consiguió por primera vez el ascenso a Primera. Desde ese momento el Rayo y su espíritu combativo han puesto en aprietos a los equipos del establishment futbolístico español. Incluso en la temporada 2000-2001 la franja roja se paseó por los estadios de Europa disputando la copa de la UEFA. Puede que el Rayo sea un Club con pocos triunfos deportivos pero es grande en valores.

Los ciudadanos de Vallecas que sufren y luchan cada día tienen en su Rayito un referente de su lucha. La conciencia de clase que impregna a las gentes del barrio es el aroma que se desprende de la camiseta del Rayo, esa camiseta que la sudan en el día a día todos los vallecanos. El Rayo trasmite a su barrio la ilusión de dignificar el fútbol como deporte de base. El fútbol se diferencia de otros deportes en que cualquiera lo puede jugar y que no siempre ganan los mejores. El Rayo es una elección ética, una forma diferente de ver la vida y el fútbol, es en esencia la dignidad de la gente de barrio.

La hinchada bukanera, que alienta al Rayo desde la grada, es un referente reivindicativo que, con megáfono en mano  y garganta mojada, recuerda al privilegiado mundo del fútbol moderno que hay espacios en la vida impregnados de esfuerzo, lucha y conciencia. No obedece a la casualidad que el Rayo fuera el primer equipo de Madrid en tener un equipo femenino profesional, este hecho refleja la visión integradora de un fútbol abierto a todos y para toda la sociedad, un espacio de la vida donde no haya discriminación alguna por razones de género, religión, raza y condición sexual. A día de hoy el Rayo es el único equipo de fútbol que abraza su camiseta (aunque sea su segunda equipación) con la bandera arco iris del  colectivo LGTB.

Tampoco es casual que el Rayo como Institución (con el apoyo de su hinchada) fuera el primer club de fútbol en participar activamente en una Huelga General de trabajadores. Sucedió  el 29 de septiembre de 2010 y una vez más Vallecas y su equipo evidenciaron que el fútbol es un espacio como cualquier otro para el desarrollo de la lucha de clases y la  reivindicación obrera. En noviembre de 2012 el Rayo volvió a mostrar su visión integradora y solidaria con la sociedad que le rodea, en contraposición con la visión frívola y opulenta que mayoritariamente caracteriza al deporte rey, la plantilla del Rayo no se quedó parada y ayudó a Carmen Martínez Ayuso, una digna anciana vallecana que a la edad de 85 años iba a ser desahuciada por la inhumana sin razón de la legalidad vigente, tan habitual en la España de los últimos años.

En definitiva, la franja roja del Rayo no es el ejército armado de ninguna patria, es la ilusión armada de un barrio del que emana dignidad y conciencia proletaria.

¡A las Armas!

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