Formas de desintegrarse, según Robert Smith

Hay veces en las que no nos damos cuenta, pero acabamos dando vueltas en círculos de manera inconsciente y parece que es todo lo demás lo que se precipita hacia nosotros, cuando es por nuestra acción que todo eso ocurre.

Hace no mucho que yo me encontraba en una de esas extrañas situaciones en la que te sientes un espectador de ti mismo sin control sobre nada. Cuando quería darme cuenta acababa siempre en el mismo sitio, entre los mismos lugares musicales.

Hay unos pocos discos en toda la historia que podrían colocarse en la lista de discos perfectos, Disintegration, de The Cure, es uno de ellos. Sin duda oscuro, triste, nostálgico, cargado de todo lo negativo que hay en el alma humana, termina por suponer un desahogo que empieza en el sueño plácido de una noche cualquiera, adentrándose en cualquier pesadilla, una tras otra recrudeciéndose, para acabar en un despertar plácido y casi salvador.

robert_smith_cureRobert Smith, líder de The Cure, años 80.

Robert Smith, compositor y cabeza rectora de The Cure, ha dicho en alguna ocasión que la gente pensaba que estaba siendo deliberadamente oscuro y triste y que nadie le entendía, ni discográficas ni público. Sin embargo, si nos dejamos balancear por todas y cada una de las composiciones del álbum llegamos a desarrollar un lazo empático con la voz de Robert.

Siempre me gustó especialmente la manera en la que se suceden las canciones del álbum, haciendo sobresaltar, de manera personal, Plainsong. El eco de la voz nos transporta a ese lugar lejano y vacío en el que los recuerdos de una sonrisa lo colapsan todo y lo convierten en algo hermoso y a la vez terrible.

Esto enlaza de manera magistral con el recuerdo de esas viejas fotos que todos conocemos y con las que, más de alguna vez, habremos tenido que enfrentarnos, en Pictures of you, sin duda una de las composiciones más emblemáticas de la banda en la que la melodía podría asemejarse, de forma completamente simétrica, al llanto y a la ausencia más absoluta.

De igual forma caemos en Closedown, donde se huye del paso más atroz del tiempo buscando una respuesta que todos sabemos que jamás llegará, porque es imposible escapar de uno mismo.

En este momento se acelera la composición, y nos topamos con Love Song y Last Dance, la necesidad y el recuerdo se unen estallando y colisionando sobre el “yo” poético de las melodías, que se van cargando de cierta rabia.

Tras Lullaby, alegoría de pesadillas, insomnio y parálisis del sueño, llega la furia contenida pero cargada de sufrimiento en Fascination Street, Prayers for Rain y finalmente cristalizan en The same deep water as you y Disintegration, pista que da nombre al disco.

Aquí se repiten los tópicos anteriores, cargados de más nostalgia si cabe, clavándose en el más profundo dolor y la añoranza de todo aquello que nunca fue.

Finalmente, con Homesick y Untitled, ponemos el punto y final a esta pesadilla para dejarnos mecer, esta vez, por el cansancio de la mente agotada y exhausta, colmada de todo lo que no se tiene, como esos llantos largos que resultan tranquilizantes y que nos hacen olvidar, por unos minutos, todo lo que nos había hecho caer en ellos.

De esta manera se cierra el círculo.

Me entusiasma la parte rítmica del disco, especialmente las pesadas y contundentes líneas de bajo (Simon Gallup) que retumban una y otra vez en lo más profundo del alma y que llegan a meterse en el subconsciente, así como los punteos de guitarra melancólicos y nostálgicos (Porl Thomson) y la existencia impenetrable de los teclados y sintetizadores (Simon Gallup / Roger O’Donnell), que nos llega a recordar en Plainsong a Atmosphere, de Joy Division.

El álbum se encuentra enmarcado dentro de la llamada triología de Robert Smith, enlazando con Pornography y Bloodflowers. Suponen, de esta forma, los tres discos más personales del compositor, estando intrínsecamente conectados debido a su temática y a las crisis existenciales que sufrió su creador antes o durante su gestación. Se llegaron a tocar los tres discos íntegros en Berlin en 2002.

Para muchos, la gran mayoría de los que escuchamos a este grupo, es su mejor disco, y supone un suceso imprescindible y anómalo; pocas veces se oirá un disco tan compacto y tan conectado, tan potente y profundo, con unas letras tan bellas y a la vez tan desgarradoras, como la de Plainsong:

“I think it’s dark and it looks like rain” you said,
“and the wind is blowing like it’s the end of the world” you said,

“and it’s so cold it’s like the cold if you were dead”

and then you smiled for a second.

“I think I’m old and I’m in pain” you said,
“and it’s all running out like it’s the end of the world” you said,

“and it’s so cold it’s like the cold if you were dead”

and then you smiled for a second.

Sometimes you make me feel

like I’m living at the edge of the world

“it’s just the way I smile” you said.

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