La melancolía, según Alberto Durero

Siempre me ha fascinado el grabado de Alberto Durero Melancolía I por todo lo que tiene de simbólico y enigmático. Es una imagen compuesta por una figura femenina alada en actitud meditabunda a la que acompañan un angelito y un perro igualmente tristes, todos ellos rodeados de objetos relacionados con la construcción y la arquitectura.

Melancolia_I_DureroMelancolía I, 1514 / Alberto Durero.

De acuerdo con los expertos sobre la obra de este genial pintor alemán renacentista, este trabajo data del periodo entre 1513 y 1514, momento en el que tiene lugar la cumbre artística del autor y al que pertenecen, aparte del que nos ocupa, los grabados maestros San Jerónimo en su celda y El caballero, la muerte y el Diablo. Los tres comparten una perfección estética que no volvió a ser superada ni por su autor. Como afirma Heinrich Wölfflin (El arte de Durero, 1905), “incluso quien apenas conoce a Durero sabe que contempla las cosas con precisión microscópica, y que obraba maravillas en la reproducción de los detalles más minúsculos de las formas”. 

El mismísimo Erasmo de Rotterdam se maravillaba de que el pintor de Nuremberg fuese capaz de expresarlo todo solamente usando el color negro, incluso aquello que no se puede pintar, “los pensamientos, los sentimientos, y al fin y al cabo, el alma humana que se manifiesta en la imagen del cuerpo; incluso la voz misma” (Diálogos de recta Latini Gracieque semonis Pronuntattione, 1528).  

Melancolía I no tiene un sentido alegórico tan directo con el de los otros dos grabados, tan fácilmente interpretable, y estéticamente parece más relacionado con las obras de tinte onírico pintadas por los grandes surrealistas del siglo XX, como Magritte, Delvaux o el propio Dalí.

Hace mucho tiempo leí en Internet un interesante artículo sobre el tema firmado por la historiadora del arte argentina María Rosa Díaz, que más de quince años después he tenido la suerte de recuperar, precisamente debido a que Google nunca olvida (en algunos casos esto es una ventaja). Gracias al análisis de la profesora Díaz he podido acercarme a la comprensión del misterio que esconde este grabado.

Tres referencias aportan luz sobre la obra: la teoría clásica de los cuatro humores, Saturno y los neoplatónicos florentinos, y finalmente, la relación entre la geometría y la melancolía.

Resulta curioso que el grabado en cuestión reciba su nombre de un rótulo que en él nos muestra un murciélago, y que contiene la inscripción Melencolia I. De acuerdo con la teoría de los cuatro humores, muy en boga entre los intelectuales medievales, el ser humano está condicionado por cuatro elementos que establecen las fases de la vida:

1. La cólera, equivalente al verano, el mediodía y la edad viril.

2. La flema, relacionada con el invierno, la noche y la ancianidad.

3. La sangre, asociada a la primavera, la mañana y la juventud.

4. La melancolía, que representaba el otoño, el atardecer y la edad madura.

El experto alemán Erwin Panofsky afirma que la melancolía era el primero de los humores y de ahí el número que lleva asociado en la obra de Durero. También nos remite a un pensador renacentista, Cornelius Agrippa de Nettesheim, que en su libro De Occulta Philosophia refiere que el ser humano recibe de lo alto sus mayores dotes espirituales e  intelectuales, bien a través del sueño, bien por medio del “furor melancholicus” inducido por Saturno. Ya veremos más adelante qué pinta el viejo Saturno en todo esto.

Continúa Agrippa clasificando a los hombres en tres grupos: los que se guían por la imaginación (artistas y artesanos), los que están dominados por la razón discursiva (científicos y estadistas) y los que ostentan una mente intuitiva que puede comprender los secretos de la divinidad (básicamente los teólogos).

Autorretrato_Durero_1500Autorretrato, 1500 / Alberto Durero.

Durero estaría retratando al primer tipo, el artista, que es conducido por su imaginación pero que se encuentra limitado por el espacio y el tiempo (el reloj de arena, los elementos de construcción), situación que le sume en la inacción. De hecho él mismo asocia en uno de los manuscritos conservados en la British Library de Londres el poder creativo con la melancolía, afirmando que si el ejercicio constante de la actividad artística hubiera sembrado la melancolía entre los jóvenes pintores, nada mejor que regalar los oídos con los placenteros sones de la música para borrar así el cansancio y la desidia de su espíritu.

Además de lo anterior, estaban los neoplatónicos de la Florencia de los Médici defendiendo las virtudes de la melancolía, pues según Marcilio Ficino, uno de sus miembros destacados, el propio Aristóteles había dejado escrito que “todos los hombres verdaderamente sobresalientes, ya sea que se hayan distinguido en la filosofía, en la política, en la poesía o en las artes, son melancólicos”. La melancolía es un grado, pues: “Malencolia significa ingegno” (“Melancolía significa genialidad”).

Todo ello bajo la estricta supervisión de Saturno, el titán que para el neoplatónico alejandrino Plotino representaba la mente del universo y la contemplación (no le faltan elementos coincidentes con el Visnú del Hinduismo).

Y finalmente llegamos a la geometría, que a través del instrumental y de los sólidos impone en el grabado su presencia. De hecho, el propio Saturno es representado a menudo como geómetra, de acuerdo con lo que nos expone Panofsky, y a veces aparece portando un compás.

El pensador escolástico Enrique de Gante dividía a los hombres entre las mentes filosóficas y las imaginativas. Los primeros podían convertirse en buenos metafísicos pero los segundos solamente podían comprender el espacio y lo que se sitúa en él. De esta forma concluye María Rosa Díaz:

“Esta es tal vez la idea que más refleja la imagen de la Melancolía de Durero: alada pero contraída en sí misma, tristemente coronada, sumida en las sombras, equipada de los instrumentos del arte y de la ciencia, pero al mismo tiempo incapaz de utilizarlos, sumergida en sus pesimistas reflexiones, consciente de las infranqueables barreras hacia un espacio superior del pensamiento”.

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