John Buffum, antecesor en tierra de nadie

El otro día, en esa gran red de contactos que es Facebook, vi a uno de mis conocidos compartir un vídeo de Ken Block, el famoso piloto norteamericano conocido por sus Gymkhanas que revientan Youtube con millones de visitas. Este conocido, que yo sepa, no es aficionado al mundo del motor, y sin embargo conoce a Block. Seguramente si le preguntase por Makinen o Alain Prost, muy a buen seguro, se encogería de hombros. 

No lo digo como una crítica, por supuesto, cada uno profundiza en las áreas de conocimiento que quiere. Sin embargo, me hizo pensar en cómo Block ha sido uno de los últimos pilotos en romper esa barrera entre aficionados especialistas y gran público. Barrera que está presente en todos los ámbitos de conocimiento de la vida. 

Pero hay un elemento inusual en el efecto Block. El norteamericano ha triunfado en Estados Unidos y en el mundo con algo tan americano como es el espectáculo. Las alocadas pruebas que graba en diversas partes del mundo huelen al ‘País de las oportunidades’ por los cuatro costados. Sin embargo lo hace con un coche de rally, y eso es lo raro. Y es que a muchos se les olvida que la mayor pasión de Ken Block son los rallies, una disciplina 100% europea y que jamás ha tenido arraigo en Estados Unidos, por su naturaleza, en las antípodas de la concepción que tienen los norteamericanos de los deportes de motor. Aunque ha acercado, en pequeña medida, una disciplina que hace bostezar al gran público de su país. 

No obstante, a pesar de su rédito publicitario y que haya ayudado a que el rallycross (una disciplina surgida a partir de los rallies, de coches con más potencia, preparados para correr entre ellos en un circuito corto compuesto de tierra y asfalto) tenga un campeonato propio, telonero de la NASCAR, la Indy Car Series y patrocinado por Red Bull, como es el Global Rallycross Championship, los rallies siguen siendo bastante impopulares allí. 

No hay mucha información al respecto de los rallies en América, comparado con Europa, Sudamérica o Asia, y es por eso que, cuando se piensa en pilotos de esta disciplina procedentes de EEUU, tan sólo salgan el ya mencionado Ken Block, Travis Pastrana y poco más. 

Sin embargo, ya hubo un pionero que puntuó en el WRC en sus mejores días, cuando el Grupo B estaba permitido y que llegó a ganar dos pruebas del Europeo de Rallies: el Sachs Rally en 1983 y el Rally de Chipre en 1984. 

Ese pionero es John Buffum (Wallingford, Connecticut, 1943), el piloto americano más exitoso de la historia en su país, con 11 títulos nacionales entre 1975 y 1987 y 117 pruebas en suelo americano. Sólo Hendrik Blok y Rod Millen (padre del piloto multidisciplinar Rhys Millen) le apartaron un par de años de la gloria. 

John Buffum & Fred Gallagher In A Triumph TR7 In 1978_Steve_McKelvieJohn Buffum & Fred Gallagher en un Triumph TR7, 1978 / Foto: Steve McKelvie.

Siguiendo la tradición americana, Buffum es una persona hecha a sí misma, buscándose la vida para correr con cualquier cosa que tuviese cuatro ruedas desde que comenzó su carrera en 1964. 

Un detalle bastante curioso de sus inicios es que su mujer, Vicki Gauntlett, fue su copiloto durante estos años primerizos, a los mandos de Mini Cooper. Incluso el propio Buffum llegó a ejercer de copiloto para el piloto Tim Gold en el rally invernal de Nueva Inglaterra allá por el 67. Cualquier tarea era válida para aumentar su CV en las carreras.

Sin embargo, el punto donde Buffum vio que esto era lo suyo fue en Alemania. John se había graduado en el instituto y se alistó en el ejército como ingeniero mecánico. Algo que, teniendo en cuenta que los rallies eran su principal hobby, era lógico. Nuestro protagonista fue destinado al país teutón como alférez en un cuerpo de ingenieros encargado de construir un puente. Fue allí donde pudo ver los rallies en su hábitat natural, lo que le cautivó y le llevó a adquirir un Porsche 911T con el objetivo de competir en rallies nacionales e internacionales… y vaya si lo hizo. 

Se presentó al rally de Montecarlo en 1969, donde quedó décimo segundo. Realmente meritorio teniendo en cuenta que se enfrentaba a gente como Waldegard, que, a la postre, años después sería campeón del mundo de la disciplina (el WRC no existiría como tal hasta 1973), y que además nunca había tenido la ocasión de competir en un rally europeo del más alto nivel.

John Buffum:Ralph Beckman At Rallye Monte Carlo Historique in Ralph’s 1967 Plymouth BarracudaJohn Buffum en un Plymouth Barracuda, 1967 / Foto: Steve McKelvie.

La década de los 70 sería la del aprendizaje, el ensayo y error y, en definitiva, la búsqueda de un camino propio. En 1970 volvería a su tierra natal, con el hándicap de que la estructura de rallies en EEUU era ínfima e incomparable con la Europa de donde retornaba. Creó su propio equipo, Libra Racing, alternaba copilotos y coches, usando Mini Coopers, Ford Escorts RS 1600 Mk1 y en alguna ocasión un BMW CLS, pero todavía no era suficiente para llegar a la cima de las pruebas a las que se presentaba. 

Pero Buffum aprendía rápido, y a medida que pasaban las temporadas, su estilo de pilotaje iba mejorando. Tanto que en el 75, el dúo Buffum-Gauntlett ganó sus primeras pruebas en EEUU y Canadá, lo suficiente para hacerse con su primer campeonato del SCCA Pro Rally, el campeonato nacional de rally de Estados Unidos y Canadá, que nació dos años antes. 

¿Y cómo en cinco años se pasa de la nada al todo? Por su rápida capacidad de improvisación frente a las condiciones cambiantes de las carreteras, una memoria casi fotográfica y la suficiente cabeza como para saber cuándo ir al límite y cuándo bajar revoluciones para conseguir llegar a la meta. 

Salvo la derrota al año siguiente a manos de Hendrik Blok, del 77 al 80 fue invencible a bordos de su Datsun. Pero precisamente fue a partir de 1981 cuando las marcas, tímidamente, comienzan a fijarse en el campeonato americano de rallies. Así, Buffum poco o nada pudo hacer contra Rod Millen, que tenía apoyo oficial de Mazda, su RX-7 se mostró imparable durante todo ese año. ¿Y qué se podía hacer contra un potente equipo oficial? Pues luchar contra ellos con las mismas armas. 

En 1982 las cosas cambiarían sustancialmente, en otro punto clave de la carrera de Buffum hasta el día de hoy, pero para ello, situémonos en un contexto más amplio. 

Debebemos retroceder a 1980 y situarnos en Europa, donde Audi había hecho debutar su Audi Quattro, que representaba un concepto nuevo en los rallies hasta entonces: la tracción a las cuatro ruedas. Algo que ahora nos parece normal, pero hasta esos años, la tracción delantera era la base de todo. El cambiar a la tracción normal era algo tan inconcebible como pedirle a un habitante del medievo que negase a Dios. 

John_Buffum_Audi_1El Audi Quattro de John Buffum.

Habrían sido dignas de ver las caras de los organizadores del Rally de Algarve, celebrado en el ya mencionado 1980. El Quattro hacía las labores de coche cero abriendo pista, nada descabellado para un coche experimental como ese. Cual fue la sorpresa cuando compararon los tiempos (no puntuables) del vehículo alemán con los competidores de la prueba: 26 minutos mejor que el propio ganador de la prueba. Con razón, al año siguiente el Quattro entró en el WRC y todos los equipos vieron que éste, sin duda, era el camino a seguir. 

En su primer año, a pesar de no obtener el campeonato, principalmente por problemas de juventud, se llevó tres victorias. Era evidente que Audi había encontrado la fórmula del éxito. Así que tenía sentido exportarla a un mercado tan jugoso como el estadounidense. Aquí es donde entra John, ya que él y Audi forjaron una alianza que los hizo imparables desde el 82 al 87. Buffum tenía el mismo material que Michelle Mouton (subcampeona del WRC en 1982) y Hannu Mikkola (campeón en la siguiente temporada). 

Buffum, que por entonces tenía que conformarse con un humilde Peugeot 504, movió cielo y tierra para que Audi le diese la oportunidad de ser su ojito derecho en el Nuevo Mundo. Incluso colocó un vinilo en su coche de competición que rezaba: ‘Todo lo que quiero por navidad es un Audi Quattro’. Y finalmente se lo dieron, con la oportunidad de correr incluso el RAC Británico, donde finalizó décimo segundo. Con tal bestia entre las manos, sumado al alto nivel de pilotaje del norteamericano, arrasaron con todo y todos. 

No obstante, alguno pensará que, si hubiese estado en un campeonato con más nivel, Buffum no habría ganado con tanta autoridad, o incluso se podría entrar a menospreciar a nuestro protagonista con el clásico argumento: “Con ese coche gana cualquiera”. Si bien hay cierta razón en las críticas, pues lo tenía mucho más sencillo que sus compatriotas al tener material oficial, debemos destacar que, como ya hemos visto antes, Buffum ya había sido campeón anteriormente. Y por si esto fuera poco, pongamos sobre la mesa sus resultados destacados en sus escasas salidas al extranjero. 

Mencionábamos, al comienzo, su victoria en Chipre en el 84. Un rally que se caracteriza por ser muy lento, extremadamente caluroso y que castiga muchísimo los motores. Durante los años en los que formó parte del WRC (2000-2006), no era raro que las listas de abandonos fueran abultadas. Gente de la talla de Marcus Gronholm, bicampeón mundial, Didier Auriol, campeón del mundo en el 94 o Tommi Makinen (uno de los pilotos más laureados) probó el fracaso en la isla mediterránea. 

Incluso ese mismo año, logró acabar quinto en el Acrópolis griego, el rally más duro de Europa y que puntuaba para el Mundial de Rallies. Así consiguió el curioso hito de ser el primer norteamericano en puntuar en el WRC. Todo ello mucho antes que la aparición de Block y Pastrana. Queda la duda de qué habría pasado si Buffum hubiese tenido mucho más presupuesto para competir en Europa regularmente y subir su nivel allí. Sin embargo, John siempre ha sido bastante más realista en cuanto a las fantasía de los aficionados sobre cualquier “¿y sí…?”.

John Buffum & Fred Gallagher In The 1984 Acropolis Rally_Steve_McKelvieJohn Buffum & Fred Gallagher en el Rally Acropolis, 1984 / Foto: Steve McKelvie.

En 2012, en una entrevista para el portal norteamericano Road and track le preguntaron al piloto si alguna vez se había arrepentido de no haber hecho las maletas y probar suerte en Europa de manera permanente. Buffum era sincero: “Suelo ser realista. Había diez o quince pilotos que estaban en la cima, y yo estaba en el siguiente cupo de veinte o treinta conductores. Muy buenos, pero no tanto como los campeones del mundo: Alén, Blomqvist, Mikkola… Necesitaba ser tan bueno como era a los 41, pero a los 35. Y no lo era”.

Pero, al igual que Buffum tuvo la ocasión de batirse el cobre fuera de casa, también sucedió a la inversa, cuando el WRC llegó a Estados Unidos y pudo ser el anfitrión ante titanes como Kankkunen. Sí, como suena, pero para explicar esto, debemos hacer un paralelismo.

En 1988, y tras un intento fallido, Estados Unidos obtuvo el favor de la FIFA para organizar el Mundial de Fútbol masculino de 1994, venciendo a las candidaturas de Marruecos, Brasil y Chile. El objetivo era impulsar el Soccer masculino en el país, algo que, si bien se consiguió en parte, el fútbol sigue estando en un lugar secundario en el país de las barras y estrellas. Irónicamente, el fútbol femenino sí que caló hondo en EEUU, convirtiéndose desde principios de los 90 en una de las mayores potencias de esta categoría. Pero eso da para otro tema…

Con el WRC se intentó hacer exactamente lo mismo, incluso a sabiendas que nunca gozaría de la popularidad del NASCAR o la Indy Car Series, debido a la filosofía de esta disciplina, tan alejada del espectáculo americano. Sin embargo, se confiaba en vender bien el producto. 

No obstante, los rallies en Norte América tienen un gran componente amateur, casi tímido y entrañable, de los chavales que trabajan para ahorrar y crear su propio equipo, con el objetivo de lanzarse a los tramos con un viejo Subaru Impreza de 20 años de antigüedad. Algo que no se ha perdido a pesar de la profesionalización del relativamente nuevo Rally América, que en 2005 sustituyó al SCCA Pro Rally, donde nuestro protagonista ganó tanto. 

John_Buffum_1985-Olympus_Vintage_NW_MotorsportJohn Buffum, durante el Olympus Rally, 1985 / Foto: Vintage NW Mostorsport.

1986 sería la fecha en la que el WRC aterrizaría en Estados Unidos, y con una ocasión inmejorable, con una lucha a muerte entre Juha Kankkunen y Markku Alen por el título, que acabaría llevándose el primero, a pesar de la victoria en la prueba del segundo. Pero si vemos la lista de inscritos, nos daremos cuenta que los únicos pilotos punteros que atravesaron el Atlántico fueron los antes descritos. El resto, habituales del campeonato americano, más algún valiente europeo. ¿Por qué una lista tan baja? Sería aventurado decir los motivos reales, pero un alto coste de transporte, la incierta novedad de un rally que no se sabía si iba a tener éxito o tal vez la mala organización… El duro resultado fue una pésima asistencia de público y una publicidad inexistente, que provocó que muchos medios deportivos ni se enterasen del evento. En pocas palabras, a los americanos les importaba una mierda el Mundial de Rallies. 

Pero destacamos este rally porque Buffum fue profeta en su tierra, y quedó tercero, por detrás, lógicamente, de los contendientes al título. Fue el ‘otro’ ganador. Algo que repitió en la última edición celebrada bajo el amparo del WRC, en 1988, mientras que en el 87 tuvo que abandonar. A diferencia del Soccer, la semilla de los rallies no ha llegado a florecer al mismo nivel a día de hoy. 

Precisamente, ese podio de 1988 fue lo que suele llamarse, su canto de cisne, su mayor logro postrero. 1987 fue su último gran año, invicto, tras lo que decidió retirarse en lo más alto. Que en un año sabático como fue el 88, cuando comenzara una carrera como Manager del campeonato, fuese capaz de ganar a sus viejos rivales sin discusión y sin demasiado rodaje durante todo el año, dice mucho de su nivel como piloto. Ciento cuatro victorias nacionales lo avalan.

A partir de entonces, el ponerse detrás de un coche quedaría relegado a ocasiones especiales… y aun así, efectivas. Dos eventos en 1993 y 1994: y dos victorias, aún con el apoyo de Audi y el hambre ganador intacto. Es muy arriesgado afirmar que si hubiese seguido compitiendo, podría haber ganado más títulos, pero que a nadie le quepa duda de que habría sido un duro contendiente al título.

A mediados de los noventa, sus visitas esporádicas estarían más centradas en los rallies del vecino del norte, Canadá. Aunque durante esos años hubo algún resultado destacable, como una segunda posición en el Rally Baie-des-Chaieurs de 1995, otros pilotos más jóvenes llegaban, y John y su copiloto afrontaban los rallies sin presión alguna. Un hobby, como lo era a finales de los 60. 

John_Buffum_Pht_John_KrewsonJohn Buffum, 2012 / John Krewson.

Durante su época apartado (parcialmente) de los tramos resucitaría su propio Equipo, Libra Racing, con el que pilotó al comienzo de su carrera. Solo que esta vez Libra se encargaría de preparar diversos vehículos con el apoyo de la casa madre, como Hyundai (una unión fructífera de ocho años, que le dio en el 2000 su última victoria global, en el Rally de Charlevoix canadiense a bordo de un Hyundai Coupé), Subaru o Mitsubishi, para participar en la categoría Open Class (la clase en la que se enmarcan los coches punteros del Rally America). La escudería ayudó incluso a Antoine L’Estage, piloto canadiense, a cosechar varios títulos en su país e incluso un campeonato de Rally América en 2010. Prueba de que la buena mano de Buffum estaba incluso en ayudar a otros pilotos a ganar. 

Desde 2014, John colabora como manager del equipo Vermont SportsCar (aunque en otros puntos de su carrera ya lo había hecho), preparador del programa oficial de Subaru en Norte América. Una relación similar a la que tenía Prodrive con la marca en el resto del mundo para el WRC, o conservaba M-Sport con Ford en el ya mencionado WRC. 

Aunque lo más irónico de su colaboración con Vermont a lo largo de los años es que, a mediados de los 2000, ayudó al comienzo de las carreras deportivas profesionales de Travis Pastrana y Ken Block en los rallies. Y por si fuera poco, Buffum se encuentra en el mismo equipo que el británico David Higgins, siete veces campeón de Rally América y actual defensor del título. En efecto, aquellos que hoy día se llevan los focos de atención y títulos, tuvieron la ayuda de toda una institución. 

A sus 73 años, Buffum sigue el ejemplo de gente como Stig Blomqvist, tan sólo tres años menor que él y que, de una manera u otra, sigue involucrado en el mundo de la competición. 

Buffum llegó a lo más alto y se retiró de los tramos, tal vez para disfrutar de su deporte como lo que siempre fue: una afición, una pasión, más que una profesión en la que, durante muchísimo tiempo, fue el mejor.

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