Insuela

¿Cómo se lo puedo explicar? Soy capaz de verlo, de sentirlo, pero no sé por donde empezar…

Porque Insuela… Insuela es un lugar en el que la nostalgia, la soledad, la fuga y el camino se cruzan formando un crossroads, un lugar mítico, y por ahí (en mi mente) en un México que no es México, en un salvaje oeste que probablemente no es oeste ni mucho menos salvaje, en un sitio que desde luego hoy es desierto, pero que mañana podría ser una llanura del Midwest, o el Medio Oeste si lo prefiere pero así no suena tan bien, o un bosque en las Fragas do Eume, o una ciudad (des)industrial, con jeringuillas, drogas, putas, pepes, carvalhos, garitos y skins, o que también podría ser cualquier meseta, cualquier montaña en cualquier macizo que uno puede señalar en un globo terráqueo cuando éste da vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas y vueltas y ¡zas! uno lo para con el dedo índice.  

Pht_Vivian_MaierFotografía de Vivian Maier.

Eso es Insuela. El mejor lugar del mundo, donde para el dedo índice, donde murió Andrés Araújo, entre las dunas de arena que se levantan al final del pueblo, acribillado, tintado de sangre reseca, quemado al sol, sediento de venganza, (y de sed, claro); donde Ignacio Marcos se escapó al monte, y vivió bajo los árboles, y bebió de las cascadas, y durmió en sus cuevas e hizo triunfar su revolución de la que nunca nadie supo antes de que se hubiese vuelto a casa y se comiera un buen bocata de chorizo del que igual tuvieron noticias más gente que de la susodicha revolución; donde el inspector Carvajal llegó a una isla que nunca supo entender, para resolver un caso que nunca supo entender y se fue preguntándose todo sin entender, claro, nada. Ahí, exactamente ahí, radica (que palabra más seria, más sosa para tanta locura, radicar, ¿no le parece?) Insuela.

Pero es que no es eso. No, no puede ser eso. O, por lo menos, no puede ser tan solo eso. Porque es eso más cualquier otra cosa, podría ser o estar o formar parte de una canción, o de un libro, o de un relato corto, porque Insuela, si lo quieres, puede ser anacrónica, inconexa, caótica, carente de sentido común… todo con tal de que sea. Podría ser una canción de los Arizona Baby en la Guerra Civil, o de los Allman Brothers en cualquier historia de un fugado en el siglo pasado, o en el anterior, o en el anterior… sí, claro, porque Insuela podría ser también el Express Yourself de Niggas With Attitude. ¿Usted entiende, doctor? Y Rayuela, y Comala, y Santa Teresa de San Roberto Bolaño, y cualquier otro sitio en el que se prohíban por decreto y por ley y por decreto ley las líneas rectas, perfectas y demasiado altas como para saltárselas sin esfuerzo alguno. 

Mire, exactamente ahí, donde está la Insuela de verdad, es precisamente donde no la va a encontrar, sino que es un poco más allá, solo un poquito más allá de lo que normalmente vemos, donde ya podrá intuir cuando se cruza, por fin, qué alivio, joder, con las cosas que no existen y las que nos inventamos y las que nunca nadie se imaginó y las que salen en los periódicos. Y ahí vive Insuela.

Insuela es todo, es amplia, infinita, sin fronteras. ES TODO. ¿Lee usted las mayúsculas? Pues eso, es TODO.

¿Qué quiere usted que sea? 

Pues ahí está, ahí la tiene, es precisamente eso. Insuela es eso que tiene en su mente. Pero no su deseo, sino la misma y simple pregunta que se está haciendo.

Ya, claro, claro que no lo entiende, doctor. Es difícil, o no sé, quizás es que es demasiado fácil, demasiado sencillo como para poder entenderlo… igual lo entiende usted con ejemplos, ¿no cree que le sería más fácil, que me sería más fácil?

A ver, porque Insuela es, o sería, ya no sé, como la facilidad que tendríamos de convertir a este manico… 

Sí, perdón, doctor… lo que decía es que Insuela es la facilidad de convertir a este centro en el mismo centro en donde se quiso matar Oliveira, ahí, por esa ventana que está a su espalda se quiso tirar y al bajar está la rayuela, o la Rayuela, vaya usted a saber. Y ahora, todo lo que nos rodea ya no sería más este centro informe, no descrito, desconocido por completo y, por lo que a muchos concierne, formado por usted y yo y esta mesa que, puf, ahora, acaba de aparecer; sino que sería ese manicomio en la maldita Buenos Aires de los cojones y que tiene una rayuela (o una Rayuela), si usted salta de cabeza por esa ventanita y se mata, o no, tal y como hizo el puto Oliveira.

Sí, sí, perdón… ok, respiro. Respiro. Respiro. Respiro…

No hay problema, no se preocupe… claro que lo entiendo doctor, claro que puedo entender que nuevamente va a estar difícil que salga de esta vez. Quizás en otra ocasión, para la próxima. Dentro de otros seis meses más. Es lógico, supongo. Y al final la lógica siempre le gana a Insuela, ¿no? O por lo menos en la realidad, en vuestra realidad y en mi realidad. Aunque no debería ser así, ni mucho menos. O eso creo yo. 

Claro, quizás próximamente le pueda explicar mejor, dentro de dos o tres meses tendré tiempo de organizar todo mejor en mi mente… pero la verdad es que no sé cómo me puede resultar tan difícil, si realmente Insuela también es esto, esta conversación, esta mesa de la que hablé y, puf, apareció, todo lo que usted y yo pensamos y decimos, Insuela también es este manicomio, y cualquier otro, y la bola del mundo que da vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas, y vueltas y vueltas y ¡zas! uno lo para con el dedo índice.

Insuela, doctor, es esto. Es un lápiz y un papel. Insuela, doctor, también somos usted y yo. ♦︎

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