Lecciones sobre ética y honor en ‘Better Call Saul’

En Alburquerque unos estudiantes de cine no aprenden que el travelling es una cuestión moral por lectura de Jean Luc Godard, sino por cortesía de un estrafalario abogado llamado —de momento— Jimmy McGill. Sobre moral, nobleza, honor, sobre ética, va la historia de Better Call Saul, tal vez el primer spin-off que acabe superando a la serie original de la que nace. Después de sus dos primeras temporadas, va por ese camino. 

better-call-saul-Episode 2 Photo by Ursula Coyote:Sony Pictures Television:AMCBetter Call Saul, temporada 2 / Foto: Ursula Coyote/Sony Pictures Television/AMC.

Si alguien aún no terminó de ver los diez capítulos de la segunda temporada de Better Call Saul, debería saber que en las próximas líneas es probable que se dé información sobre diversos aspectos de la trama. Si sigue leyendo, es bajo su propio criterio. Dicho esto, después de veinte capítulos, en Better Call Saul sigue sin aparecer Saul. El ritmo es lento, como corresponde a un historia en la que las historias son varias y se meten en bosques profundos, o más bien, en fantasmales desiertos, como los de Nuevo México. En la primera temporada ya quedó claro que lo menos importante sería descubrir el intrincado recorrido que convertiría a Jimmy McGill en Saul Goodman, el honorable abogado del inmoral Walter White. No, de lo que iba la historia es de personas, de los fundamentos que edifican a las personas en su identidad, de su proceder, de sus principios, de eso tan confuso de ‘hacer lo correcto’, y de su relación con eso otro de ‘hacer lo que se debe’.

Todas las decisiones que los protagonistas de la serie adoptan adquieren su interés en dilemas morales. O traicionan principios o se sustentan sobre ellos, a veces a un mismo tiempo. Los dos personajes protagonistas cuyos caminos avanzan en una convergencia serpenteante, Jimmy y Mike, no acarrean ya todo el peso de la historia; viene a sumárseles la abogada Kim Wexler, amiga y novia de Jimmy. Su personaje tiene un marcado sentido moral entre dos caracteres al margen de la ley, como lo son su novio y el viejo Mike. Además, fortalece en la trama la relación con los personajes secundarios del mundo de los grandes buffetes de abogados, terreno sembrado para el crecimiento de dilemas morales. 

Jimmy se encontrará a lo largo de toda la segunda temporada en encrucijadas de confusa dirección correcta. Por un lado está la decisión legítima y acertada de vivir de acuerdo a su propia naturaleza, sin fingir ser quien no es; por otro lado cede terreno por el bien de la persona a la que ama, Kim; y por otra parte está su hermano, Chuck, sometiéndole a un chantaje emocional y a un acoso profesional deplorable y sistemático. Traicionará sus deseos más espontáneos por complacer a Kim, aceptando un puesto de trabajo que le permite “tener un coche de un solo color”, pero en el que no encaja, como no encaja su termo de café en ese coche monocromático. Transgrede las leyes para beneficiar a su amada, aunque eso perjudique a su hermano, pero a la vez le mienta a ella porque sabe que considerará que lo que ha hecho no es lo correcto. Y sin embargo, aunque se equivoque, Jimmy acierta, porque lo que hace es lo correcto, aunque no sea del todo —o nada— legal. Apuesta y se arriesga por el bien de los suyos, tanto por Kim, como por su envidioso y lastimero hermano Chuck, acudiendo a su rescate incluso cuando sufre un ataque y su aparición significa poner en riesgo toda su carrera. Hay, en el último de la temporada, otro detalle maravilloso sobre decisiones morales, cuando el muy secundario personaje de Ernesto, el chico que ayuda a Chuck en todo, le salva el pellejo a Jimmy ofreciéndole una coartada, por sorpresa, sin ninguna exigencia, tan solo porque “es su amigo”.

Kim, expuesta a las aventuras de Jimmy, paga por ello. Sin embargo, es la representación de la justicia y la ecuanimidad. No le pasa factura a Jimmy aunque tenga excusa para hacerlo, no le acepta disculpas ni compensaciones, pero cuando ha de mentir ante Chuck para defender a Jimmy, lo hace con toda la convicción, aunque sabe que el hermano mayor ha calado a su chico, y que su chico la ha vuelto a liar. No es solo una cuestión de lealtad la que está en juego, la de ella hacia Jimmy, sino también una cuestión de principios, porque va contra propio código ético, encubriendo una mentira y un delito. ¿Y todo por qué? De nuevo: porque es lo correcto. Sin importar que Chuck esté diciendo la verdad, ya que el poseedor de la verdad, en esta caso, la está utilizando no para hacer justicia, sino para cobrarse una venganza.

Sobre venganza sabe algo Mike, ese personaje tan grande —y tan bien interpretado— que hay que darle su propia trama independiente para que no devore toda la serie. Sobre la profundidad del personaje ya habló Ulises Argandona hace un tiempo: la palabra del hombre triste. Lo que los creadores de la serie continúan haciendo con este señor es maravilloso, convirtiéndolo a fuego lento en el sicario perfectamente acabado que será en Breaking Bad. Lo llenan de matices, de sensibilidad. Y lo protegen de honor, la ética de la mafia y los fuera de la ley. Mike, al contrario que Jimmy y Kim, apenas tiene dilemas morales que dirimir. Tiene claro qué es lo correcto: lo más provechoso para los suyos —su nieta y su nuera— y para su supervivencia. No evade la culpa por las consecuencias que toda decisión tiene, como cuando descubre que un pobre hombre ha muerto porque él dejó un cabo mínimamente suelto en medio del desierto. Pero tampoco se fustiga por ello. Lleva sus culpas y dolores en silencio, como bien puede. Y mientras tanto no traiciona, mantiene la palabra dada y se desprende de un dinero sin dudarlo si considera que no lo merece. Cuestión de honor, muestra de nobleza, acaso lo único que tiene para demostrarse en un mundo sin justicia y violento que él no es como el resto de los seres que lo habitan, que no es un monstruo.

Better Call Saul sigue siendo, en su segunda temporada, una rareza excepcional. Una serie lenta, de personajes, sobre relaciones humanas y temas tan complejos como el bien y el mal, el deber y la justicia. Es un estupendo drama sobre ética y amor, el de un abuelo por su nieta, el de unos amantes, o el de un hermano pequeño por un hermano mayor.

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