El triunfo de la atmósfera, el acantilado de las tramas

A Jane Campion le costó veinte años volver a dar con la senda del talento cinematográfico. En 1993 filmó El piano, obra personalísima y controvertida, de una intensidad expresiva en todos los recursos más allá del guión abrumadora. Una película de las que no deja indiferente, para bien o para mal. Pero después de aquello, más bien nada. Hasta que en 2013 la televisión le permitió volver por el camino del gran cine. Una miniserie de siete capítulos que era, en realidad, un largometraje de trescientos minutos: Top of the Lake. Volvía a su Nueva Zelanda natal, a sus impresionantes paisajes, con un plantel de actores de primer nivel, como Elisabeth Moss (Peggy Olson en Mad Men), Peter Mullan (Mi nombre es Joe), o una vieja conocida como Holly Hunter, protagonista de El piano. Con eso y con una trama criminal marcadamente escabrosa, la Campion se reencontró.

Top_of_the_LakeTop of the Lake, 2013 / Imagen: Sundance Channel/British Broadcasting Corporation (BBC)/UKTV.

La trama de Top of the Lake es, por decirlo de alguna manera amable, minimalista. El misterio que la rodea y que la mantiene es, en gran medida, tramposo, porque se basa en silencios de guión y en la inverosimilitud de algunas situaciones. Una niña de 12 años amaga lo que parece un intento de suicidio, introduciéndose en un lago hasta el cuello, pero sin, aparentemente, encontrar la voluntad necesaria para sumergirse. La niña, pronto se descubre, está embarazada. La detective Robin Griffin (Elisabeth Moss), especialista en abusos a menores y antigua vecina del pueblo que se encuentra de vuelta para visitar a su madre, enferma de cáncer, se ve obligada a ponerse en funciones. Tras el primer encuentro entre la detective y la niña, en el que surge una fuerte conexión, la pequeña desaparece. En adelante, a la serie le quedará descubrir qué ha sido de la niña y quién abusó de ella y la dejó embarazada. Es entonces cuando toma protagonismo el pueblo, Laketop, que se descubre como el lugar más arcaico y brutal de Nueva Zelanda, uno de los países, por cierto, mejor posicionado en muchos de los índices de desarrollo humano y de derechos humanos. La pequeña población ficticia que presenta Campion es un reducto endogámico y machista, feudo de caciques rurales de la droga y policías corruptos, propietarios de grandes extensiones de tierra donde impera la ley que ellos imponen. Un lugar que bien puede convertirse en parada circunstancial de una comuna feminista de liderazgo sectario —el personaje de Holly Hunter—, o en escapada de recreo y refugio para criminales sexuales. 

La intriga criminal, no obstante, es lo que menos parece importar en Top of the Lake, incluido a sus personajes, concentrados, cuando no plenamente absortos, en sus problemas personales. Las relaciones entre unos y otros, los lazos de necesidad afectiva en diferentes circunstancias se vuelven protagónicos. La madre que se muere y necesita a su hija, la madre que es también la viuda que necesita a un amor de senectud para pasar sus últimos momentos. Las mujeres que necesitan la voz autoritaria y alucinada de otra mujer para sentir que valen algo por sí mismas. La joven madre que no puede comunicarse con un hijo adolescente. El psicópata que se flagela —literalmente— ante la tumba de su madre. Los antiguos amantes adolescentes que se reencuentran y han de tolerar sus mutuos traumas pasados para cicatrizar juntos las heridas. De todo eso va Top of the Lake. Y a veces va tanto de eso, de los problemas exageradamente graves de la gente de Laketop, que se nos olvida que había una niña desaparecida. A Campion, como le pasara también en El piano, se embriaga con el lugar y sus silencios. La lentitud de todas las historias de la serie hace de la planificación sobre el paisaje y de las escuetas palabras de su guión un tiovivo hermoso, pero bipolar. El resultado global es el del triunfo de una atmósfera. Campion consigue crear un universo malsano y filosófico, áspero, difícilmente conmovedor. Y sin embargo, atrayente para el espectador. La atmósfera tiene identidad propia, aquella de la que la dotan sus seres. Demuestra que la maldad y las miserias humanas pueden eclipsar la belleza del más inmenso de los paraísos. 

La tendencia al protagonismo de la atmósfera en historias de tramas criminales resulta cada vez más generalizada. True Detective vino a sentenciar su triunfo. El peligro es caer por el acantilado del esteticismo, ser víctima de la insoportable vacuidad de la historia. A muchas series les pasa, la propia True Detective, en su segunda temporada, fue víctima de ello. Top of the Lake, aunque su creadora jugó al límite del riesgo en muchos momentos, se salvó. En 2017, después de que nadie lo esperara, se estrenará una segunda temporada, con un nuevo caso de la detective Robin Griffin, cuatro años después del primero en Laketop. En su plantel estará Nicole Kidman. Veremos si Jane Campion vuelve a embaucarnos —legítimamente— con sus conjuras atmosféricas, o no.

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