Los Diggers: una revolución dentro de la Revolución Inglesa

“En 1649 / a la colina de San Jorge / una banda en harapos a la que llamaban los Diggers / llegó para mostrar la voluntad popular / desafiaron a los terratenientes / desafiaron las leyes / eran los desposeídos / reclamando lo que era suyo”.

Esta es la primera estrofa de la canción The World Turned Upside Down (El mundo se volvió cabeza abajo) del cantautor británico Leon Rosselson; entró en las listas de éxitos en 1985 y se ha convertido en un himno popular ampliamente difundido. Los protagonistas de la historia relatada son un oscuro movimiento, o incluso secta, surgido en la Inglaterra del siglo XVII, los Diggers o Cavadores, que durante un brevísimo periodo de tiempo llevaron a la práctica el sueño comunista de la colectivización de la tierra y la abolición de la propiedad privada, más de un siglo antes de la aparición de los primeros pensadores del socialismo utópico, como Saint-Simon, Fourier o Robert Owen. Por esta razón, los Diggers se han convertido en un símbolo para la izquierda radical inglesa actual, que conmemoró en 1999 los trescientos cincuenta años de la creación de la primera comuna agrícola en la colina de San Jorge, a orillas del Támesis.

La revuelta Digger, entendiendo el término revuelta como una subversión del orden establecido y no como una acción violenta, dado que fue un movimiento pacifista, tiene su origen, a grandes rasgos, en tres factores: uno de orden institucional, otro de carácter socioeconómico y un tercero ideológico.



En primer lugar, la Revolución Inglesa y el paréntesis en que la monarquía es desterrada de Inglaterra, desde la ejecución de Carlos I Estuardo en 1649 hasta la restauración de la dinastía en 1660, constituyó un marco sociopolítico que trastocó el esquema de estamentos imperante hasta el momento; por primera vez, y aunque de forma matizada, el pueblo tomaba las riendas de los destinos de la nación a través del Parlamento, la nobleza perdía gran parte de su hegemonía sobre la sociedad, y los ciudadanos, liberados de arcaicos servilismos, se reunían pensaban, discutían y elaboraban innovadoras ideologías y cultos nuevos que dieron lugar al movimiento Digger, a los Levellers, Ranters, New Seekers, Cuáqueros…

Diggers_Gerrard_WinstanleyPor otro lado, la estructura económica británica del siglo XVII, en una fase primitiva de transición al capitalismo, también produce cambios sustanciales en los principios de jerarquización social heredados de la Edad Media. Cada vez en mayor medida la revolución agrícola y el desarrollo de la clase burguesa van desvinculando a los hombres de la tierra, lo que da lugar a la aparición de verdaderos ejércitos deambulando por los campos, no sólo de vagabundos harapientos, sino también de artesanos y comerciantes errantes, que nutrirán las filas de los nuevos movimientos político-religiosos.

Finalmente, la doctrina Digger emana de la personalidad de un curioso personaje, Gerrard Winstanley, su creador y dirigente, que mezcla con singular habilidad en sus escritos el sentimiento religioso propio de un iluminado con ideas extremistas de igualitarismo social, superando con creces en radicalismo al propio gobierno revolucionario.

La Guerra Civil

La Revolución Inglesa es la primera de las tres grandes revoluciones burguesas, pero a diferencia de las otras dos, la Americana y la Francesa, es un proceso espontáneo, poco planeado. Su origen reside en las importantes fracturas que dividían a la población inglesa desde el siglo XVI, que enfrentaban progresivamente a las distintas clases sociales.

La monarquía absoluta en Inglaterra se vio fuertemente impulsada por el rey Jacobo I (1566-1625) y su ideario acerca del derecho divino de los reyes, plasmado en la obra Verdadera ley de las monarquías libres (1598), que establecía que el estado era propiedad de la dinastía familiar gobernante. Su hijo y heredero en el trono, Carlos I (1600-1649), adoptó la misma actitud que su padre sin reparar en las características emergentes de una sociedad en abierta ebullición.

De hecho, la situación de Inglaterra durante su reinado acabó por volverse insostenible a causa de la injusticia imperante y las desigualdades existentes entre los distintos grupos sociales. Por un lado, la nobleza se dividía entre los grandes señores feudales y la gentry aburguesada; junto a ellos surgía una burguesía enriquecida por la piratería, el tráfico de esclavos y la industria que aspiraba a la categoría gentilicia. Frente a estos estamentos se situaba la pequeña burguesía sujeta a la tiranía de los gremios y un campesinado ligado a unas relaciones de vasallaje no mucho mejores que las existentes en la Edad Media. Finalmente, los cercados de tierras (enclosures) llevados a cabo por los grandes propietarios para la cría de ganado dieron lugar a innumerables expropiaciones de pequeños propietarios y de terrenos comunales, lo que originó una clase de desposeídos que vivía vagando por los campos.

Desde 1625 las tensiones políticas entre el monarca y el Parlamento se sucedieron sin cesar. Carlos disolvió las Cámaras cuando éstas se negaron a aprobar los impuestos que pedía. Sin embargo, tuvo que volver a reunirlas cuando el pueblo se abstuvo de pagar la imposición exigida. En 1628, el Parlamento hizo que el rey aprobara la Petición de Derecho, documento que establecía una ampliación del poder parlamentario y un marco de derechos elementales para la población, pero Carlos I traicionando su palabra, lo disolvió de nuevo y gobernó durante once años como monarca absoluto.

Los excesos y abusos de poder se multiplicaron durante este periodo. La situación religiosa en Inglaterra contribuyó a agravar las cosas. Los intentos del primado inglés William Laud, arzobispo de Cantorbery, de reformar el anglicanismo para acercarlo a Roma y de recuperar los bienes raíces perdidos por la Iglesia, junto con la supresión de la libertad religiosa, no consiguieron más que alejar al pueblo de la religión oficial y reforzar el protestantismo de base popular. Todo el descontento generado llevó al monarca Estuardo a convocar de nuevo el Parlamento, que volvió a disolver en el plazo de un mes ante la inflexibilidad de las Cámaras frente a sus anhelos de gobernar con un poder absoluto. Tras unas elecciones manipuladas, Carlos por fin pudo disponer de un Parlamento que le apoyaba, aunque infravaloró el poder de los miembros constitucionalistas que lo integraban (un 57 por ciento frente a un 43 por ciento de monárquicos). La capacidad de maniobra de los revolucionarios y en concreto de John Pym (1584-1643) resultó impresionante: consiguieron la disolución de la Cámara Estrellada (una jurisdicción arbitraria), la prisión del arzobispo Laud, y la aprobación por una mayoría muy justa de la Grand remostrance, un informe para ser presentado al rey en el que se detallaban los abusos cometidos y las medidas a emprender para corregir la situación. El rey acusó a Pym de alta traición y se retiró a Oxford para establecer allí un “Parlamento auténtico” con los miembros de la Cámara de los Lores y con aquellos representantes de los Comunes que todavía le eran fieles. Asimismo, se hizo con un ejército mercenario liderado por su sobrino, el príncipe Ruperto. La guerra civil había comenzado.

La formación de un ejército revolucionario, el New Model Army, fue la respuesta de los parlamentarios más enérgicos, entre los que destacaba Oliver Cromwell (1599-1658), ante la amenaza de las fuerzas realistas. A finales de 1642, Cromwell había reclutado catorce escuadrones, cuyo mando encomendó a familiares y amigos, en general de extracción humilde. Las fuerzas armadas populares inyectaron en el Parlamento la dosis necesaria de fuerza para romper sus vínculos con el rey y deshacerse de aquellos diputados que mostraban una actitud más reaccionaria. Tras promover una conspiración en Escocia y el oeste de Inglaterra aplastada por Oliver Cromwell, Carlos I fue ejecutado, la monarquía abolida y la Cámara de los Lores disuelta, iniciándose el periodo republicano.

Becheurs-The-Diggers-by-Jean-Francois-MilletDiggers (1853), por Jean Francois Millet.

El New Model Army es uno de los primeros casos en la historia de un ejército verdaderamente popular y democrático; en junio de 1647 se definió orgullosamente como “un ejército no mercenario”, y en palabras del historiador Christopher Hill, “era la gente corriente de uniforme, más cerca de su propia perspectiva que de la nobleza o el Parlamento”. El ejército revolucionario es el crisol en el que surge, y a partir de donde se difunde, el pensamiento radical inglés del siglo XVII.

Por una parte, era un organismo democrático, cuyos integrantes participaban en el proceso de toma de decisiones. Se formaron una serie de comités de representantes de los soldados; en cada escuadrón de caballería los soldados y suboficiales nombraban dos diputados, los cuales, a su vez, se reunían para elegir a dos hombres que representaban a todo el regimiento. Por otro lado, el New Model Army estaba integrado por elementos de todas las clases sociales, se podría decir que era como un corte transversal de la sociedad británica de la época. Además, esta fuerza militar atrajo a todos aquellos grupos que ya no ocupaban ningún lugar en una sociedad agraria jerárquica: mercaderes itinerantes, artesanos, buhoneros, hombres liberados del vasallaje, vagabundos y pobres urbanos. Constituían la vanguardia de la nueva sociedad del capitalismo incipiente.

La sorprendente libertad y democracia del ejército parlamentario, así como la heterogeneidad social en su composición lo convirtieron en foco de ideologías, en un think tank, como se dice en la actualidad, del pensamiento radical, tanto de carácter político como religioso. Por añadidura, la movilidad de los distintos escuadrones del New Model Army a lo largo y ancho de Inglaterra, tanto en campañas militares como en misiones de vigilancia, aseguró que la chispa de las nuevas ideas prendiera en todo el país.



En el seno del ejército parlamentario nace el movimiento Leveller. Los Levellers (Niveladores), cuyo principal cabecilla, John Lilburne, había alcanzado el grado de teniente coronel, defendían la ampliación del derecho a voto a un mayor número de personas y un poder gubernamental basado en el mandato público. En concreto, su ideario político, plasmado en el panfleto de Lilburne The Foundations of Freedom, or An Agreement of the People (Los fundamentos de la libertad o El acuerdo de la gente) que fue presentado en el Parlamento en 1649, se basaba en tres principios básicos: la existencia de una serie de derechos inalterables del ser humano por encima de cualquier jurisdicción o gobierno, la idea de que la autoridad gubernamental emanaba del pueblo, y finalmente, la necesidad de establecer una separación de poderes, dirigida especialmente a evitar que aquellos que promulgaban las leyes fuesen los mismos que las aplicaban. También se mostraban contrarios a la pena capital excepto en caso de asesinato. Los Levellers contaban con un amplio apoyo dentro de las filas del ejército parlamentario, constituyeron el movimiento progresista más fuerte de la época, y aunque fueron abolidos en 1653, sus ideas anticipan los principios filosóficos de la Revolución Americana.

Diggers o True Levellers (Verdaderos Niveladores)

El movimiento Digger a menudo es confundido con el Leveller, y de hecho los Diggers con frecuencia se autodenominaban True Levellers (Verdaderos Niveladores), dando a entender que su meta igualitaria llegaba más allá que la del grupo de John Lilburne. Lo cierto es que entre los Levellers existía un importante componente moderado, cuyas ideas no desentonaban dentro de los principios revolucionarios del gobierno de la Commonwealth de Cromwell. Estos Levellers constitucionales seguían defendiendo la propiedad privada y sus deseos de extender la democracia quedaban acotados dentro de los límites de la sociedad capitalista. Por otro lado, su lucha era eminentemente política y centrada sobre todo en el reconocimiento de los derechos civiles y de una mayor participación popular en el gobierno de la nación. Por el contrario, la corriente rebelde Digger tenía un componente ideológico social, económico y pragmático; defendían la abolición de la propiedad privada de la tierra y su explotación en común por todos los hombres. A su vez, eran pacifistas y profundamente religiosos, basando sus reivindicaciones en una interpretación personal de la Biblia que les llevaba a renegar del culto oficial. A su modo de ver, la Iglesia defendía y apoyaba la avaricia de los terratenientes que a su vez privaban a las clases desfavorecidas del derecho al disfrute de la propiedad establecido en las Sagradas Escrituras.

Diggers_documentos

El principal cabecilla digger, así como su guía espiritual y abanderado de la causa de la justicia social, fue Gerrard Winstanley, un curioso personaje y prolífico escritor, cuya vida se mantiene parcialmente entre las sombras. La opinión más extendida es que su padre era mercero y que Gerrard Winstanley llegó a Londres como aprendiz de costurero en 1630, y que se estableció por su cuenta hacia 1637. Pero parece ser que la crisis de los años cuarenta le dejó arruinado y sin negocio y tuvo que dedicarse al cuidado de las vacas en la campiña inglesa como trabajador asalariado. En esta época escribió innumerables panfletos religiosos hasta que tuvo una visión en un estado de trance en la que se le ordenó difundir que la tierra tenía que convertirse un tesoro común para sustento de toda la humanidad.

Sus ideas no tardaron en ganar simpatizantes dado que fueron sembradas en el terreno más fértil, la pobreza y miseria de una época de crisis. Los años de 1620 a 1650 fueron malos, pero sin duda la década de los cuarenta fue la peor de todas: a la ruina generada por la Guerra Civil se sumaron una serie de pésimas cosechas que elevaron el precio de los alimentos muy por encima del nivel de los salarios. Todo ello fue acompañado por una presión fiscal excesiva. El descontento social era muy profundo y amenazaba seriamente a las clases acaudaladas, beneficiando a los agitadores de las distintas sectas.

El domingo 1 de abril de 1649 un grupo de hombres pobres se concentraron en la colina de San Jorge, en Cobham, Surrey, y empezaron a cavar la tierra baldía como un símbolo de la propiedad popular sobre las tierras comunales. El número de diggers pronto ascendió a veinte o treinta, invitándose a todo el que quisiera subir a unirse a ellos, y garantizando comida, bebida y ropa. Los manifiestos de Gerrard Winstanley lanzaron una declaración de principios al gobierno, o mejor dicho, en palabras del visionario (True Levellers Standard Advanced), “a los poderes de Inglaterra, y a todos los poderes del mundo”. Winstanley establece una hermosa utopía de cambio social que se deja translucir en su grandilocuente lenguaje, superando los anhelos de mera reforma política de los Levellers. En este mismo documento, haciendo gala de su particular sentimiento religioso y naturalista afirma que “ni una sola palabra se pronunció en el principio [de los tiempos], acerca de que una rama de la humanidad debía mandar sobre la otra”, y que “todo aquel que nace en la tierra, tiene derecho a ser alimentado por la Tierra su Madre que le creó, de acuerdo con la Razón que rige en la Creación”.

Los panfletos de Winstanley prendieron la llama de la colectivización puesto que entre 1649 y 1650 aparecieron en el mapa de Inglaterra nuevas colonias, en concreto, en Wellingborough en Northamptonshire, Cox Hall en Kent, Iver en Buckinghamshire, Barnet en Hertfordshire, Enfield en Middlesex, Dunstable en Bedfordshire, Bosworth en Leicestershire y en lugares desconocidos de Gloucestershire y Nottinghamshire. En general, las iniciativas tuvieron lugar en zonas donde la falta de trabajo y la depresión de la economía local habían dejado pocas alternativas a las clases más humildes.

La doctrina económica de Gerrard Winstanley se fundamentaba en la urgente necesidad de llevar a cabo una reforma agraria en el suelo inglés. Pensaba que entre la mitad y dos tercios de la tierra no estaba correctamente explotada; un tercio de Inglaterra era tierra baldía que los señores de las mansiones no dejaban cultivar a los más necesitados. Sin embargo, fertilizando esas tierras, podrían convertirse en unos años en productivas, propiciando una bajada significativa del precio del grano. Se disponía de una superficie suficiente para alimentar a una población diez veces mayor de la existente en Inglaterra en la época, aboliendo el crimen y la mendicidad y convirtiendo al país en la “primera nación” del mundo. Por esta razón Winstanley consideraba que la supresión de la monarquía debería haber ido acompañada de la eliminación de la costumbre en virtud de la cual los grandes terratenientes exigían derechos de propiedad sobre las tierras comunales, impidiendo su explotación por el pueblo.

La propuesta digger era innovadora porque suponía alimentar a la población del país mediante un cultivo más intensivo, poniendo la tierra marginal bajo el arado, y acabando con las limitaciones impuestas por el crecimiento demográfico y la escasez de tierra cultivable. Además era una maniobra organizada frente a las ocupaciones de tierras comunales individuales e ilegales— y progresista, dado que contemplaba conceptos como el uso de fertilizantes, cultivo a gran escala, desarrollo planificado, producción de alimento para el ganado en invierno, etc. Hubiera permitido minimizar el coste social (desempleo rural, emigración y pobreza) de la revolución agrícola que culmina en el siglo XVIII y que ya estaba en marcha mediante los cercados que los grandes terratenientes realizaban de las tierras comunales para aumentar sus propiedades y llevar a cabo una agricultura extensiva, dejando sin medios de subsistencia a una parte importante de la población.

El paraíso colectivo concebido por Gerrard Winstanley conoce dos versiones. En una primera, en la que opone una sociedad anarquista a las maldades de su propio tiempo, en la que los magistrados y juristas son innecesarios puesto que no existen las transacciones comerciales, el clero habría de ser abolido dado que a cada hombre se le reconoce el derecho de predicar, y finalmente el Estado desaparecería puesto que los castigos y penas sólo puede aplicarlos Dios. Sin embargo, al ser disuelta por las autoridades la colonia de la colina de San Jorge, la experiencia modifica en cierto grado los principios sociales de Winstanley. A partir de entonces reconoce la necesidad de establecer una constitución para su nación utópica de forma que las leyes la protejan de las ofensas que surgen de la “ignorancia irracional”. Asimismo establece la necesidad de crear un ejército popular, no sujeto a ningún parlamento que no represente verdaderamente al pueblo, cuya función debe ser frenar y destruir a todo aquel que pretenda restablecer la subordinación a la monarquía. Este segundo modelo también incluía magistrados elegidos anualmente y responsables ante el pueblo.

Diggers_La religiosidad de los Diggers se basó en un profundo anticlericalismo. El culto oficial apoyaba y defendía a los explotadores y por lo tanto tenía que desaparecer. Cada ciudadano, independientemente de su clase social, tenía libertad para predicar, como venía ocurriendo desde 1649 con la proliferación de nuevas sectas y sus dogmas pintorescos. No tomaban la Biblia literalmente como un documento con rigor histórico (de hecho Winstanley denunció más de una vez incongruencias en sus páginas), sino como un saber oculto y simbólico que debía ser desentrañado. Cristo era considerado como el mayor nivelador y la idea de Dios adquiría connotaciones panteístas (“El Padre es el poder universal que se ha extendido por todo el globo”). También afirmaban que aquellos que rezan a un Dios en los cielos adoran a su propia imaginación que es el diablo, puesto que la Salvación ha de ser un poder dentro de cada uno que libere a cada persona de las ataduras internas.

Los colonos de la colina de San Jorge fueron dispersados por las fuerzas gubernamentales pocas semanas después de su fundación. Los diggers Winstanley y Everard fueron arrestados, juzgados y condenados a pagar grandes sumas. Una de las últimas colonias que resistió la presión del gobierno fue la de Cobham, que desapareció en 1651. Las experiencias fracasadas llevaron a Winstanley en 1652 a escribir el panfleto The Law of Freedom (La ley de la libertad), donde exponía su “modelo reformado” de sociedad, al que se ha aludido anteriormente. Pero si la práctica Digger había fracasado ¿qué sentido tenía el publicar esas ideas en ese momento? Puede que la intención de Gerrard Winstanley fuese que Oliver Cromwell lo leyese y aplicase en Inglaterra. Sin embargo, la opinión de Cromwell no era muy favorable a Levellers y Diggers, a los que consideraba “una generación de hombres despreciables”, que “diferían poco de las bestias”.

El conservadurismo de Cromwell frenó la tendencia igualitaria hacia la que se precipitaba Inglaterra (caótica y peligrosa para muchos), lo que le convirtió en jefe supremo del país (protector de la república), transformando su gobierno en una tiranía. Probablemente este factor, así como la progresiva reorganización de la facción realista, propiciaron una restauración de la monarquía sin excesivos traumas en 1660.

El balance de este periodo tiene múltiples lecturas. Por un lado, los movimientos extremistas dentro de las revoluciones tienden a hundir el propio proceso; suelen pretender saltar rápidamente varias etapas buscando utopías irrealizables en el momento dado, que acaban por dividir y socavar la corriente revolucionaria general, por lo general más moderada y más realista. Pero por otra parte, sin una presión radical quizá Inglaterra no hubiera alcanzado tan pronto logros que perduraron como la consolidación del legalismo, el parlamentarismo y la libertad religiosa, la creación de un ejército popular o la separación entre Iglesia y Estado. En cualquier caso, la herejía digger no deja de ser una bella y romántica aventura histórica.

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