¿La verdad siempre gana?

Se cumplen cuatro años del encierro, en calidad de asilado político, de Julian Assange en la Embajada de Ecuador en Londres. Hoy día, la figura del fundador de Wikileaks es conocida en todo el mundo. De Wikileaks, sin embargo, no hay tanta gente que sepa decir qué es. En este sentido, son muchos los temas interesantes para analizar que concita Assange y su proyecto, a nivel sociológico, político, periodístico e incluso jurídico. En cualquiera de los casos, conviene recordar algunos datos objetivos, los que pusieron ambos nombres en el foco de la máxima actualidad mundial.

El 5 de abril de 2010, Wikileaks —una organización de naturaleza periodística, dedicada a la filtración de documentos con información sensible de carácter institucional—, pubica un video —del año 2007— en el que se comprueba cómo soldados estadounidenses, en Bagdad, disparan desde un helicóptero a un grupo de personas que se encontraban en actitud pacífica. Entre los muertos se encontraría al reportero de la agencia Reuters Namir Noor-Elden, y a su ayudante.

El 25 de julio de 2010, The Guardian, The New York Time y Der Spiegel, reciben más de 90.000 documentos, suministrados por Wikileaks, sobre la intervención de los Estados Unidos en Afganistán. El 22 de octubre de 2010, Wikileaks publica más de 390.000 documentos clasificados del Pentágono sobre la intervención estadounidense en Irak, que revelan la práctica sistemática de torturas y asesinatos, y estadísticas que contabilizan el número de muertos civiles por encima del 60%.

El 28 de noviembre de 2010, la web de Assange publica más de 250.000 cables diplomáticos del Gobierno de los Estados Unidos. En colaboración con cinco medios de todo el mundo —The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, Le Monde y El País—. Más de la mitad de los documentos estaban sin clasificar, alrededor de 100.000 de ellos eran ‘confidenciales’, y unos 15.000 ‘secretos’. Entre las informaciones que concernían a España, destaca el cable que revela las presiones de los Estados Unidos, a través de su embajador en Madrid, para impedir la investigación del asesinato del periodista José Couso en abril de 2003 en Bagdad, por fuego de un tanque americano.

Tras el impacto mediático de todas estas noticias, el caso Wikileaks convulsiona por un giro inesperado: Julian Assange es detenido por la policía londinense, el 7 de diciembre de 2010, bajo la acusación de dos cargos de abuso sexual y uno de violación, por orden de detención de las autoridades de Suecia, donde presuntamente el fundador de Wikileaks habría cometido tales delitos. Una semana y media después, Assange queda en libertad bajo fianza y se le retira el pasaporte. El 24 de febrero de 2011 se aprueba su extradición a Suecia, que el Tribunal Supremo británico aprobará definitivamente en mayo de 2012. El 19 de junio, Julian Assange se refugia en la Embajada de Ecuador, hasta la actualidad. Wikileaks, mientras tanto, a pesar del bloqueo financiero vía Visa, Mastercard, Paypal, Western Union, Diner’s Club, Discover, American Express y Bank of America, sigue funcionando y publicando documentos de máxima relevancia en cuestiones de política internacional, los últimos —publicados el 16 de marzo de 2016—, más de 30.000 correos electrónicos de Hillary Clinton, enviados desde su cuenta personal, conteniendo información clasificada.

El caso Assange/Wikileaks, como decimos, ofrece múltiples análisis. Pero hay un tema que planea sobre todos, el de la libertad de expresión y el papel social del periodismo. Que la información es un arma de guerra en todos los niveles está fuera de toda duda, eso es algo sabido que no ha descubierto Julian Assange, por supuesto, pero que su caso sí ha traído al primer plano de la opinión pública durante los últimos años. Muy distinto es que los poderes fácticos lleguen a ver mermada su dominación por el efecto de publicaciones del tipo que Wikileaks pone a disposición, y esa es una cuestión interesante para reflexionar sobre el ejercicio del poder en la actualidad. Como sea, la existencia de Wikileaks ha sido fundamental para erosionar, al menos un poco, la legitimidad del statu quo. El papel de los Estados Unidos como gran gendarme mundial desvelado por los cables de Wikileaks o el volumen de información, pruebas, sobre las torturas y asesinatos sistemáticos de las fuerzas armadas estadounidenses y de grupos privados contratados como fuerza de intervención mercenaria en Irak han puesto al descubierto no solo la política de la primera potencia mundial, sino el papel de la prensa. El falaz debate ético en el ámbito profesional del periodismo sobre las filtraciones de Wikileaks obedece a un interés corporativo. El tratamiento de las informaciones que revela la organización de Assange supone una mordaza. Wikileaks, considerada por su fundador como una “biblioteca, un registro compulsado de los comportamientos de las grandes instituciones contemporáneas”, podrá seguir ofreciendo un número descomunal de primicias, material de exclusiva de primera plana, pero sin el alcance de los medios intermediarios, toda la información quedará cuestionada por el propio silencio que la envuelve. 

En el momento que se cumplen cuatro años del encierro de Assange en la Embajada de Ecuador en Londres, tienen lugar la Copa América y la Eurocopa de fútbol, dos eventos que concitan gran parte de la atención mundial. Si sumamos los minutos que los telediarios le dedicarán a ellos este mes, es muy probable que iguale al de minutos dedicados a informaciones ofrecidas por Wikileaks en los últimos dos años, quizá más. Por seguir con el símil futbolístico, que parece lo más comprensible: negar la importancia de Wikileaks en su aporte a la investigación periodística y en el tratamiento de los datos de una manera objetiva sería como negar el avance que supondría una tecnología que ayudara a los árbitros de fútbol a determinar, en tiempo real, si una acción fue penalti o si hubo o no fuera de juego. Los resultados de los partidos de fútbol, con ese avance, serían más justos, qué duda cabe. El periodismo y la sociedad cuentan con una herramienta similar desde que Wikileaks existe, al menos en lo que se refiere a la informaciones de política internacional. Sin embargo, el reglamento sigue sin reconocer su aplicación. De momento, la herramienta está ahí, menos presente que la sospechosa y villanesca cabellera blanca de su fundador, un material de noticia más fácil de consumir. Uno de los lemas asociados a Wikileaks es aquel que dice que la verdad siempre gana. ¿Está siendo así? ¿Será así?

19 de junio, 2016.

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