Reinvención se dice PJ Harvey

En el alféizar de la ventana hay pequeños montones de ceniza hasta que una ráfaga de viento los deshace y se los lleva. Miro por la ventana y el humo del cigarro hace que el gris de las nubes, por momentos, se vuelva azulado. Disfruto del sabor con una pausa amarga. No hay casi nadie por la calle, aunque he visto en distintos momentos a una mujer morena caminar en varias direcciones. En cuanto puedo la persigo con la mirada. La conozco de vista y no ha tenido siempre el mismo aspecto. Ha ido variando, como si expulsase de sí misma a las distintas personas que ha ido acogiendo. Algo me hace pensar en Polly Jean Harvey. Una artista que no es que haya ido transformándose aleatoriamente a lo largo de su carrera, sino que ha ido experimentando un proceso de maduración.

PJ Harvey Foto - Maria MochnaczPJ Harvey / Foto: Maria Mochnacz.

Desde los tempranos años noventa donde, tras la disolución de los Stone Roses, comenzaba a tomar fuerza en el Reino Unido el britpop con bandas como Blur, Oasis o The Verve, entre otros; y en Estados Unidos tomaba fuerza el grunge con Nirvana, Soundgarden o Pearl Jam. El nombre de PJ Harvey empezaba a sonar con fuerza y bajo el mismo se escondían tres músicos: Rob Ellis en la batería, Ian Oliver en el bajo y la propia Polly Jean.

Los trabajos Dry de 1992 y Rid of Me de 1993 muestran a las claras el carácter rudo del sonido pero delicado en cuanto a composición, y en donde la incipiente PJ Harvey comienza a dar cuenta de inquietud artística desafiando, entre otras cosas, la construcción de los géneros masculino y sobre todo femenino. La estética de ambos álbumes cuestiona el discurso imperante para poder desarrollar el propio. Es el primer giro y la primera patada a la convención.

Con 25 años, en 1995 lanza To Bring You My Love ya sin Rob Ellis e Ian Oliver. Desde ahora en solitario sigue en su empeño de crear nuevas melodías para ir buscando un estilo propio. Las letras indagan en los mitos bíblicos, la sexualidad y la violencia, llegando a crear atmósferas opresivas. Líricamente en la senda del inimitable Nick Cave, compañeros vitales por esas fechas. El trabajo contiene, entre otras canciones, la joya con ecos woolfeanos Down by the Water.

Tras el disco Dance Hall at Louse Point de 1996, en colaboración con el inseparable John Parish, vuelve a grabar y en 1998 sale la maltratada delicia que es Is This Desire?, en donde melódicamente introduce elementos electrónicos que dan muestras ya de que PJ Harvey no se casa con nadie y evita acomodarse. Algunas de las letras se pueden tomar como relatos quintaesenciados.

La necesidad creativa no tiene límites y en el año 2000, después de irse a vivir a Estados Unidos, trae el optimista Stories from the City, Stories from the Sea. Este trabajo cuenta con el tema This Mess We’re In cantada a dúo con el prolífico Thom Yorke. El álbum es galardonado con el Mercury Price.

En 2004 se enfada con el mundo y saca Uh Huh Her. Trabajo autónomo: escrito y grabado durante dos años entre su Dorset natal y Los Ángeles. Casi todo lo hace ella: componer, tocar todos los instrumentos para la grabación, etc.

Pero la línea del rock, por alternativo que sea, se le empieza a agotar y decide desmarcarse de sí misma una vez más. Así que relega los instrumentos tradicionales del rock: guitarra, batería y bajo a lo mínimo. La línea la va a marcar el piano. Regresar a Europa implica volver a las raíces como hace Ulises y ver que, en este caso, la tela se ha ido gastando; así que White Chalk del 2007 supone el nacimiento de una rosa con espinas entre los terrenos rocosos de sus anteriores trabajos. Los años pasan y ella es consciente de que se hace mayor, de que hay una nueva perspectiva y de que el arte exige sacrificios. Así lo demuestra al hablar sobre la maternidad, la infancia y el dolor que supone hacer presente que hay cosas que no podrán ser más.

En 2009 aparece una nueva colaboración en el sello con John Parish que sigue con la línea rockera y de distorsión, como es el caso de Pig Will Not.

Quizás hacerse mayor suponga reconocer que el mundo ya no deslumbra y ser consciente de que tiene sombras. Por eso sigue reinventándose con todas las letras y en 2011 suelta el misil con clara influencia folk que titula Let England Shake para reflexionar, por ejemplo, desde Joyce, Hughes o Dalí, acerca de qué es el mundo y cuál es el camino que lleva. Se pregunta en The Words That Maketh Murder qué pasa si lleva su problema a las Naciones Unidas (“What if take my problema to the United Natios?”). Hacer canciones no es sólo un formato de tres minutos con cierta armonía, sino que sirve también para cuestionar los momentos históricos. La crítica valora este gesto y se rinde ante ella; hasta ocurre lo menos importante para el artista, llegan los premios. Le conceden nuevamente el Mercury Price.

Pero las ruinas no se acaban y en la crisis del tiempo actual en su sentido más histórico, provocan que tras cinco años de silencio, en 2016, proponga un proyecto nuevo: The Hope Six Demolition Project. El arte no delega en nada su lado político y ella lo muestra a cada momento. Nos zarandea para ponernos a escuchar el mundo… ¡de una vez! La distorsión de los saxofones, de las guitarras, el sonido de la calle, unas letras más duras sirven para que nos proponga nuevos ministerios sin contemplaciones. El ministerio de la indignación. Kosovo, Afganistán, lo que no se ve de Washington D. C., entre otras cosas es lo que el descomunal talento de PJ Harvey señala con el dedo sin titubear. Porque hay cosas en el mundo que no le gustan y le avergüenzan. Hay cenizas, en este caso de las ruinas de la humanidad, pero que no vuelan con el viento como las de mi cigarro.

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