¿Qué harías sin Google en un campo de concentración?

“Google y Apple son fantásticos pero no pueden encargarse de educar a nuestros chicos”, comenta el filósofo José Antonio Marina en una entrevista concedida hace ya tiempo al diario La Vanguardia. Este pensador considera que las nuevas tecnologías (prefiero hablar de tecnologías de la información y las comunicaciones-TIC, porque ya no son tan nuevas) configuran el cerebro, no sabemos si para bien o para mal. A pesar de que la gente joven, los nativos digitales, han desarrollado habilidades estrictamente relacionadas con el uso de los dispositivos informáticos, como la multitarea y la capacidad para aprender a manejar intuitivamente cualquier terminal o aplicación, en opinión del escritor este colectivo “usa superficialmente mucha información pero se le queda muy poco, se acuerda de muy poco y eso es un problema”.

Henri PirenneHenri Pirenne, en su cama en los barracones del campo de concentración de Holzminden.

Lo que afirma Marina es algo que nos preocupa a muchos de los que no estamos entontecidos con la última app de Facebook o el nuevo ingenio lanzado por los sucesores de Steve Jobs. Ese desprecio que muestran los tecnopedagogos 2.0 por el esfuerzo en el estudio y por el desarrollo de la capacidad de la memoria humana se me antoja como irresponsable. Espero que no nos tengamos que arrepentir en el futuro de todas las idioteces que postulan las lumbreras de la educación actuales sobre los nuevos paradigmas educativos. Yo creo con José Antonio Marina que los estudiantes tienen “que aprender de memoria cuanto más, mejor; y luego tienen que aprender qué hacer con ello”. Él lo justifica porque “construirte tu propia memoria es tu gran recurso, es tu gran tesoro. Es lo que te va a dar más o menos posibilidades y, por tanto, tienes que diseñártela tú. Es una de las funciones de la inteligencia ejecutiva: la memoria de trabajo, creársela y saberla activar”.

Y entonces me acuerdo del historiador belga Henri Pirenne que escribió, careciendo por completo de recursos de información y documentación, una historia de Europa en un campo de concentración alemán. No tuvo Google, por supuesto, ni tampoco una biblioteca mínimamente dotada a la que recurrir. Lo escribió prácticamente de memoria.

El libro en cuestión se llama Historia de Europa, desde las invasiones al siglo XVI (Fondo de Cultura Económica, 1942) y relata con profundidad la gestación en la Edad Media de las naciones europeas. En el prefacio de la obra su hijo Jacques relata los pormenores de la gestación. En marzo de 1916 Henri Pirenne es arrestado en su domicilio por un oficial alemán y trasladado a un campo de concentración de oficiales en Jena, Alemania. El motivo fue haberse negado junto con sus colegas a abrir la Universidad de Gante, en donde impartía clase, tras la ocupación alemana. Se cuenta que el militar alemán que le interrogó le recriminó el contestar en francés a las preguntas que se le formulaban, sabiendo como sabía que su alemán era excelente pues había realizado estudios de posgrado en Berlín y Leipzig, y que el historiador le contestó que había olvidado todo su conocimiento de dicho idioma desde el 3 de agosto de 1914, fecha de la invasión germana a Bélgica.

El confinamiento supuso un duro golpe para un Pirenne ya bastante abatido por la muerte de su hijo Pierre en el frente, en la batalla de Yser, pero a pesar de ello, no se dejó arrastrar por la desesperación. Lo relata en una nota preliminar:

“Es absolutamente indispensable que reaccione. ‘Hay personas —me escribe mi mujer— que se dejan abatir por la desgracia y otras a las que templa la desdicha. Es preciso querer pertenecer a estas últimas’. Voy a intentarlo por ella y por mí”.

Su hijo continúa explicando cómo Henri se consagró a mantener alta la moral de sus compañeros de campo, por una parte, impartiendo un curso de historia económica a prisioneros rusos capturados en Lieja en agosto de 1914; por otra, les contaba a sus compatriotas la historia de Bélgica. Los oyentes se aglomeraban en la barraca que hacía las veces de aula, unos tumbados sobre jergones, otros sentados en bancos y muchos de pie. Afirma Pirenne: “jamás he tenido discípulos más atentos ni he enseñado con más gusto”.

Sus alumnos rusos expresaron el deseo de que publicase sus lecciones, y tras conseguir no sin esfuerzo la autorización de las autoridades alemanas del campo, Henri Pirenne comenzó la redacción de una historia general de Europa, que es el volumen que nos ocupa. Muchas de las fechas aparecen entre paréntesis, indicando que el autor no tenía absoluta certeza de las mismas. Su historia de Europa se interrumpe bruscamente en 1550: había llegado el armisticio y los prisioneros fueron liberados. Posteriormente, Pirenne nunca se dedicó a terminar y completar su Historia de Europa, sin bien algunas de sus partes sirvieron para nutrir otros libros suyos. El libro lo editó su hijo Jacques muchos años después, cuando encontró el manuscrito y se ocupó de rellenar las fechas del texto que su padre había dejado entre paréntesis por no recordar el año exacto al que hacía referencia.

Este ejemplo nos demuestra el valor del rigor en el estudio y el aprendizaje, y sobre todo, el importante papel que juega la memoria en la construcción del conocimiento, algo denostado por los adalides de la nueva enseñanza basada en TIC. No estoy diciendo que la tecnología no sea útil, pero en ningún caso sustituye al esfuerzo intelectual de memorizar la sabiduría, un proceso que contribuye a ordenar y ejercitar el pensamiento intelectual.

¿Serán capaces los futuros profesionales ya formados en la era de Internet de realizar una hazaña equivalente a la de Henri Pirenne? Permitidme que lo ponga en duda. 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies