Monte Verità, la escapada trascendental de la intelectualidad a inicios del XX

Hace pocos días, mientras leía la reciente novela de José Morella sobre la agitada vida del psicoanalista heterodoxo Otto Gross, descubrí la existencia de un lugar, pintoresco y magnético, en el cual se produjeron los más avanzados experimentos sociales que uno se pueda imaginar en el mundo de los primeros años del siglo XX.

Mi interés aumentó al saber que ese sitio se encontraba —y se encuentra— en el lago Maggiore, lago por cuyas aguas navegué, hace menos de dos años, en un pequeño barco que se detiene unas horas en casi todos los pueblos que tiene en sus orillas. Se trata de una enorme masa de agua rodeada de un paisaje alpino entre Italia y Suiza, muy tranquila, salpicada de pequeñas localidades preciosas con todo tipo de viviendas que cuentan con su embarcadero particular muchas de ellas. Recuerdo que me impresionó el monasterio tallado al filo de las rocas y volcado al agua, Santa Caterina, y me cuadraba bien que aquella inmensidad de agua y montes promoviera la meditación de tipo trascendental y solitaria, pero no una comunidad como la que se constituyó en Ascona, una de las localidades más al norte, ya en Suiza, y que, con el nombre de Monte Verità, fue lugar pionero del vegeteranismo, el nudismo, el socialismo primitivo y utópico, además de sanatorio innovador en toda suerte de terapias.

monte_veritàAnuncio de la época / Foto: Monte Verità.

Los fundadores fueron dos jóvenes inconformistas, el millonario Henri Oedenkoven e Ida Hofmann, música y feminista, que se asentaron en una colina junto a la pequeña población de Ascona, que contaba entonces con poco más de mil habitantes.

Su idea de crear una forma de vida distinta enseguida tuvo éxito y por allí pasaron un sinfín de personalidades de la intelectualidad europea de principios del siglo XX: Hermann Hesse, Carl Gustav Jung, Erich Maria Remarque, Hugo Ball, Else Lasker- Schüler, Stefan George, Isadora Duncan, Carl Eugen Keel, Paul Klee, Carlo Mense, Arnold Ehret, Rudolf Steiner, Mary Wigman, Max Picard, Ernst Toller, Henry van de Velde, Fanny zu Reventlow, Rudolf von Laban, Frieda y Else von Richthofen, Otto Gross, Erich Mühsam, Karl Wilhelm Diefenbach, Walter Segal, Max Weber, Gustav Stresemann, Hans Arp, Rainer Maria Rilke, James Joyce, Thomas Mann, Bertolt Bretch y muchos otros.

Uno de los personajes más carismáticos fue Gusto Gräser, el primer «hombre natural», de largas barbas y cabellos, desnudo o con ropas amplias y rudas y, casi siempre, con sandalias. En él vieron muchos la personificación del nuevo hombre del tipo que preconizara Walt Whitman. Lo consideró Herman Hesse como un mito, inspirando algunos de los personajes de sus novelas.

monte_veritaLas coreografías nudistas del Monte.

Llama mucho la atención que una buena porción de los temas abordados por los del Monte Verità, tales como la emancipación de la mujer, la liberación sexual, o muchos otros, son de gran actualidad, planteamientos embrionarios de buena parte de las inquietudes sociales que se pusieron sobre la mesa en el siglo XX y que se mantienen en ella hasta la actualidad. Pero, sobre todo, lo más destacable es su puesta en práctica más allá de la teorización, la experimentación que acometieron con sus propias vidas en aquellas fechas.

Casi todas las fotografías que nos llegan de Monte Verità corresponden a experimentos coreográficos que presentan bailarines desnudos en medio de la naturaleza. Uno de los autores de estas coreografías fue Rudolf Von Laban, hijo de una familia aristocrática húngara, su padre fue mariscal y gobernador. Él ideó un sistema de notación de los pases de los bailarines y actuaciones sin música. Al llegar el nazismo diseñó la danza de los juegos olímpicos de Berlín de 1936 y, según Morella en su novela, quedó en arresto domiciliario por el disgusto de Goebbels, ministro de propaganda de Hitler, al ver el resultado. Laban pretendía colaborar con los nazis sin renunciar a su estilo vanguardista.

monte-verità-¿Gusto Gräser, el primer «hombre natural»?

Otto Gross, a quien Morella dedica su libro, encontró en Monte Verità el lugar idóneo para poner en práctica sus teorías de liberación de todos los impulsos a fin de vaciar de enfermos las clínicas de trastornos mentales. Pero, sin duda, su idea más revolucionaria y original fue la de considerar que el psicoanálisis debía ser el alma y el motor del anarquismo que debería cambiar, desde la política, la vida de los individuos y el mundo. Freud contestó escuetamente a aquella propuesta afirmando que ellos eran médicos y que seguirían siendo sólo médicos. Otto no desistió, aunque, al parecer, a lo más que llegó es a consumar sus teorías sobre el amor libre, cuyo fruto fueron varios hijos que no reconoció.

Estas personas que pasaron por Monte Verità, vistas hoy en conjunto, constituyen un auténtico yacimiento de la heterodoxia, que amplía nuestra percepción de las dimensiones de lo humano y de las posibilidades distintas de afrontar la vida. Los de Monte Verità han quedado fuera de la historia oficial y su existencia ha sido prácticamente borrada de la memoria, aunque, probablemente, formen parte de todas esas obras que produjeron los artistas e intelectuales que fueron atraídos temporalmente por el monte.

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