¿Por qué nos gusta tanto ‘Predicador’?

Hace ya más de veinte años que Vertigo empezó a publicar Predicador, la genial serie guionizada por Garth Ennis y dibujada por Steve Dillon (y, en este caso, las dos firmas son igualmente importantes, sin que una destaque, o deba destacar, sobre la otra) y seguimos amando esta locura adrenalínica con todo tipo de referencias visuales, religiosas, filosóficas y, especialmente, de cultura popular. Porque Predicador no es solamente uno de los mejores cómics de la Historia. No, es algo más.

Es, antes que cualquier otra cosa, una historia magníficamente planteada y bellamente ilustrada, un tour de force que dura más de setenta números manteniendo una asombrosa calidad media, y que se basa más en personajes y situaciones que en giros apresurados del guión o sorpresas de las que has olvidado a las diez páginas. 

Veamos la base. Una amalgama de tradiciones católicas, leyendas literarias, referencias y guiños a westerns o películas de aventuras. Y mucha, mucha mala leche. La misma que lleva a Garth Ennis a prácticamente olvidar en algunos de los mejores momentos de la serie los puntos fundacionales de la misma (la posibilidad que tiene Jesse Custer de moldear la voluntad de cualquier persona y el trono celestial vacante que busca “nuevo” Monarca) para centrarse en las relaciones entre los personajes. En eso, y sobre todo en dar rienda suelta a las obsesiones, manías e iconoclastia propias del muchacho irlandés que ha crecido lleno de rabia.

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Jesse, Cass y Tulip, el trío de Predicador / Imagen: Vertigo/DC Comics.

Pero hablábamos de los personajes. Realmente el mayor hallazgo de Predicador. Porque este cómic es, antes que cualquier otra cosa (antes que un cuento sobrenatural, que un relato sobre el Apocalipsis, que un nuevo Génesis, que un cachito de fábula que viene a cambiar el concepto de todo el universo) la historia de una amistad y de un amor. Una amistad y un amor que pueden con todo. Hasta, claro, con la traición más absoluta.

Amor entre Jesse Custer y Tulip, amistad entre Jesse y Cassidy, ese vampiro bohemio y juerguista que supone una de las mejores creaciones literarias de las últimas décadas. Un trio, como vemos, uno de los de toda la vida, con dos chicos que son amigos inquebrantables y que están enamorados de la misma chica, y que harán cosas horribles para poder estar con ella, cosas que avergüenza incluso escribir, cosas que son de verdad, que son paradójicamente de verdad en esta historia de fantasía, porque el mundo es un lugar jodido, y los gestos bellos han quedado siempre reservados para las novelas malas. Y al fondo hay ángeles, y diablos, y ángeles y diablos follando, y un descendiente de la sangre de Jesús, y un malvado con cabeza en forma de polla, y catetos cajún, y catetos tejanos, y caballos y….

Y personajes. ¿Lo han visto? Predicador es especialmente sus personajes. Porque Jesse Custer es noble pero pecador, es carismático y pícaro, es un poco gañán y puede llegar a ser cruel (piensen en la playa, piensen por favor en la playa) pero resulta sobre todas las cosas carismático. Con su cabello negro perfectamente definido, con sus ojos profundos, con su falta de respeto por todo aquello que no sea lo que ama, lo que cree. Ese es Jesse Custer, el Predicador del título. El amigo que todos quisiéramos tener. El hombre que todos quisimos ser.

Su otra mitad es Tulip, la rubia delicada a quien proteger. Solo que Tulip es rubia, pero se sabe sacar las castañas del fuego ella solita, y además pateará los cojones de cualquiera que insinúe lo contrario. Dispara mejor que todos nosotros y sabe más tacos, así que poca broma. A la vez, un icono frágil, capaz de quebrarse por dentro en ausencia de Jesse igual que Jesse está quebrado por dentro, a su manera, en ausencia de los suyos. Que se deja caer en brazos ajenos, que se olvida de vivir. Que, en suma, termina siendo más dura que el duro, oponiéndose a cualquier estereotipo. 

Un puñetazo directo frente a los tópicos, claro. ¿Que los vampiros modernos son seres góticos, que hablan en endecasílabos y recorren las oscuras calles de Nueva Orleans con un poquito de amaneramiento? Pues Garth Ennis nos lega a Cassidy, sin duda su mejor personaje, el más complejo. También el más ambiguo, uno al que puedes odiar y amar (al que odiarás y amarás) durante toda la narración. Porque la realidad no es blanca o negra, sino que está llena de grises y allí es donde vive Cassidy. El tipo más humano de todo Predicador, pese a ser un vampiro. Seamos serios, si tuviésemos toda la eternidad para aburrirnos…¿nos disfrazaríamos de Lord Byron puesto de lsd o nos iríamos de fiesta todas las noches? Eso es lo que hace Cassidy, que es uno de los asesinos más enternecedores de los últimos años. Alguien que engaña para conseguir lo que quiere, que resulta totalmente nocivo para quienes comparten su no-vida con él, pero que es ese tipo de canalla que siempre buscarías para irte de farra una madrugada. O dos. Exactamente igual que ese azúcar marrón que supone su mayor pesadilla, el más grande de los estigmas. Alguien que, ojo, incluso cuando se redime lo hace a su manera, humillando al tipejo de Allá Arriba, aquel al que espera una última traca final de órdago (y no la contamos por no despellejar el argumento, pero vamos… absténganse quienes no tengan visión abierta frente a la religiosidad). 

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El adorable trío / Imagen: Vertigo/DC Comics.

Este adorable trío (en muchos sentidos…Predicador también es un cómic extremadamente sexual… no, extremadamente sensual) mantiene el peso de una historia donde los secundarios son estrellas invitadas. Herr Starr, un auténtico malo de película, alguien capaz de todo para conseguir sus objetivos, un nazi pasado de rosca que va perdiendo partes de su anatomía a lo largo de todo el argumento, que es vejado, humillado, sodomizado, canibalizado… que termina siendo simpático de tan caricaturesco para el lector pero siempre guarda ese punto de nefandad suficiente como para que no nos identifiquemos del todo con él. Porque es un cabrón, eso quede claro. O el Mesias. Atención católicos practicantes… dejen de leer a partir de aquí. ¿Recuerdan el Código da Vinci y todas esas cosas de la Sangre Real y tal? ¿La semilla de Cristo, que aun andaría por la Tierra, preservada por sectas de todo tipo? Pues en Predicador se pone el acento sobre la realidad biológica del asunto. Porque si llevamos veinte siglos custodiando esa carga genética lo más lógico es haberlo hecho a base de cruces entre diferentes portadores de la misma, ¿no? Resultado: el sucesor del Mesías es un idiota incapaz de mantener la baba dentro de su boca, un tipo con una mentalidad de cinco años que acaba de la peor manera posible. Porque sí, porque así debe acabar, vaya. Qué delicioso sacrilegio. O ese Caraculo que es una patada en ambos sitios a toda la subcultura musical de la MTV, una carga de profundidad a la falta de criterio del consumidor medio estadounidense y su carencia de principios (o la asunción de principios falsos). Otro imbécil adorable, en definitiva, casi un gemelo del sucesor de Cristo. Claro que igual es la intención de Ennis, mostrarnos dos divinidades, la religiosa y la pagana, encarnadas en inútiles mentales, cada uno con su tara… O esos potentes momentos, al parecer de quien esto escribe los más inspirados de la serie, que transcurren en el profundo sur estadounidense, trufados de tópicos como la vieja cajún que espera sentada en su mansión, los paletos ultraderechistas, las hordas racistas, los caníbales de campo (delirante situación, oigan) o los espacios abiertos y la luminosidad del Texas desértico. Todo eso. Nada más que eso. Por eso amamos Predicador. Añádanle un fantasma vengador cuyas pistolas pueden cepillarse al mismísimo Yahvé, dos ángeles perdidos en la Tierra que se vuelven un poco demasiado humanos, un sumo pontífice preocupado en comerse todo lo que esté a su alcance, dominátrix, bombas atómicas, farlopa y caballo (animales y droga). Por todo eso, por ese desfase total y absoluto, nos encanta Predicador.

Bueno, por eso y porque es cool, coño. Mola, es un cómic adulto, con una imagen icónica y un puntito de mala hostia que a nadie pasa desapercibido. Predicador es cool. No lo olviden. Y si mañana o pasado se cruzan por ahí con Cassidy, invítenlo a algo. A alcohol, nada de sangre. Eso es para vampiros cursis y adolescentes…

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