El último sermón de Damon Lindelof

Fui benevolente con la primera temporada de The Leftovers, demasiado. Ahora lo sé. Traté de ser precavido, sabía lo que podía ocurrir, viniendo de quien venía. Pero me dejé engatusar. Y Damon Lindelof me la volvió a jugar. Discúlpenme, pero es imposible no tomárselo como algo personal, imagino que a más de uno de ustedes también les habrá pasado. La verdad es que nosotros, los engatusados de Lindelof, sí que pecamos de remanentes y cargamos con culpa.

The Leftovers 2The Leftovers, temporada 2 (2015) / Imagen: HBO.

La segunda temporada de The Leftovers, emitida a finales de 2015, se estrenó con un primer capítulo prodigioso. Todo hay que decirlo. La acción se trasladó del Mapleton neoyorquino de la primera temporada, a la Texas del Parque Nacional Milagro, con centro en Jarden, la mayor localidad del país donde el 14 de octubre no desapareció nadie, ninguno de sus 9261 habitantes. El ritmo y la mirada, no solo del primer capítulo de la segunda temporada, sino de los cuatro o cinco primeros capítulos parecía indicar que Lindelof y Perrotta —guionista y autor del libro original— iban a seguir la senda de la profundización en los personajes. El protagonista, ya ex-jefe de policía Kevin Garvey, arrastraba la peor de las cargas, la de la culpa, sumada a graves problemas psicológicos y al miedo por la conciencia de éstos. Pero antes, como regalo, nos presentaron a los nuevos personajes, una ideal familia de Jarden ‘de toda la vida’, con un padre al frente apuntando a ambiguo villano en funciones de cacique y jefe moral parapolicial del pueblo. Un tío raro, vaya. Podía funcionar, me dije, ingenuo de mi…

Capítulo a capítulo, Lindelof madura a fuego lento la ilusión del melodrama. En el quinto capítulo, cuando le toca el turno protagonista al inefable reverendo Matt Jamison, Lindelof comienza a cederle terreno al apostolado. Si en la primera temporada el enfoque sobre los dogmas de fe era en gran medida crítico desde una perspectiva social, en esta segunda temporada los guiños cristianos son habituales, hasta convertirse en reglamento en la parte final de la temporada. Y la mirada en las profundidades de los personajes, después de un esperanzador inicio de nueva trama, no es honesta, porque no bucea en lo que arrastran, sino que se sirve de inverosímiles zancadillas argumentales para ponerles al límite. Pero al límite no es el fondo. La atención queda solamente reclamada por saber cómo sale el pobre sonámbulo psicótico Kevin del extrañísimo lío en el que se ha metido. Y la forma de salir es resucitando, con brujos de por medio, un insoportable capítulo entero en el ‘mundo de los sueños’, y terremotos cada dos por tres. Si al menos la interpretación permitiese algún momento de tensa gravedad entre tanto absurdo cogido con pinzas, sería un consuelo; pero Justin Theroux está al límite de lo cómico, y no hay nada peor en un papel dramático.

Más allá de Kevin Garvey y su némesis John Murphy, ninguno de los personajes protagonistas tiene drama propio que los guionistas crean que merezca desarrollarse, solo pinceladas de cosas que les pasan, pero que no les cambian. La hija Jill ya no pinta nada. La madre Lory tampoco pinta mucho. El impresionable hijo Tommy sigue su recorrido de una secta a otra. Y lo peor de todo: Nora, ese maravilloso personaje, queda reducido a una mera acompañante del chiflado de su novio. Entre los secundarios, el personaje de Meg ofrece, al menos, un buen giro al final de la trama de la segunda temporada. Un giro, por otra parte, totalmente pirotécnico.

Lo peor de todo, no obstante, no son las trampas de unos guionistas enloquecidos, creando una comuna hippie apocalíptica, un feliz pueblo sin ley sacudido por terremotos diarios, y abandonando a sus personajes a una pesadilla permanente. Lo peor son las moralejas. Todo lo que hay alrededor de la fantasiosa historia de lucha de Kevin contra sus demonios, en la causa del reverendo Matt y sus milagros esperados, y finalmente en la salvación a través de la familia, es un sermón en toda regla. Como ya hiciera en el final de Perdidos, Damon Lindelof nos mete en el bolsillo su panfleto con la receta para la salvación eterna. 

The Leftovers, informó HBO y confirmó su creador, tendrá una tercera y última temporada. ¿Volverá a engatusarnos Damon Lindelof? A mí, me temo que ya solo me encontrará escuchando su sermón con la animadversión de quien ha salido de la secta. Nos veremos después de la tercera, falso profeta, veremos entonces si te ganas el perdón o la condena eterna.

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