El arquitecto de Hitler y las ruinas del futuro

Albert Speer cuenta, en sus memorias, que los edificios que ideaba para el Tercer Reich los imaginaba como ruinas futuras y que Hitler entendió perfectamente esa manera de poner lo arquitectónico directamente en lo histórico desde antes de su nacimiento.

“Para ilustrar —relata Speer— de una manera práctica mis pensamientos, preparé un dibujo de aspecto romántico que representaba el estado en que se encontraría la tribuna del «Zeppelinfeld» después de varias generaciones durante las cuales hubiera sido descuidada, estando llena de hiedra, con los pilares derruidos, hundidos aquí y allá los muros de la obra; pero claramente reconocible todavía en su aspecto general. Este dibujo fue considerado una «blasfemia» por quienes rodeaban a Hitler. A muchos de ellos les parecía increíble la sola idea de que yo hubiera introducido ya en mis cálculos un periodo de decadencia en el Reich recién fundado: el Reich milenario. Sin embargo, Hitler encontró lógica y clara mi consideración: ordenó que, en lo sucesivo, las obras más importantes de su Reich fueran construidas de acuerdo con esta «ley de las ruinas»”.

Bundesarchiv_Bild_1936_Munich_Ernst_Gall_Adolf_Hitler_Albert_Speer_Ernst Gall, Adolf Hitler y Albert Speer, Munich, 1936 / Foto: Bundesarchiv Bild. 

Sin duda Speer supo ponerse en la mente de Hitler. Los demás altos mandos del nacionalsocialismo acogieron esa metodología con ira porque ponía a la vista un futuro fracaso del gran proyecto que iniciaban con la intención de que durara más de mil años. No entendían el instrumento legitimador que Hitler y Speer pretendían utilizar, esa mirada al futuro era una mirada macrohistórica que envolvía a la vez las dos fuerzas que han movido el mundo, el moderno y el premoderno, la utopía y el mito.

“Las construcciones modernas —escribe Speer— no eran muy apropiadas para constituir el puente de tradición hacia futuras generaciones que Hitler deseaba: resultaba inimaginable que unos escombros oxidados transmitieran el espíritu heroico que Hitler admiraba en los monumentos del pasado. Mi teoría tenía por objeto resolver este dilema: el empleo de materiales especiales, así como la consideración de ciertas condiciones estructurales específicas, debía permitir la construcción de edificios que cuando llegaran a la decadencia, al cabo de cientos o miles de años, pudieran asemejarse un poco a sus modelos romanos”.

Hitler odiaba el racionalismo y los nuevos materiales que dejarían una ruina de escombros de hierros retorcidos y cemento pulverizado. Sabía que las ruinas clásicas se descomponían manteniendo la ley perceptiva de la buena forma y que los fragmentos de piedra proporcionan las líneas que sugieren el resto de las formas. Las ruinas clásicas, que prácticamente plagiaron, transmitían toda la huella indeleble del triunfo de la voluntad. 

germania-hitler-speerMaqueta del nuevo Berlín ideado por Hitler y Speer.

Hitler ordenó abrir una puerta en su residencia que permitiera entrar directamente, a través de un jardín, a las dependencias de la antigua academia de Bellas Artes donde estaban colocadas todas las maquetas del nuevo Berlín sobre mesas con ruedas que le facilitaban situarse entre ellas, con la vista a ras de suelo, e imaginar su urbe futura como una ciudad imperial. Speer admite que en pocas ocasiones se le veía tan excitado como allí.

Hitler había puesto, años atrás, en su tarjeta de identidad de profesión dibujante de arquitecturas y, realmente, durante un tiempo vivió de hacer postales de edificios. Conocía perfectamente el urbanismo de varias ciudades europeas importantes y al tomar París, cuando los gerifaltes nazis se pasearon por los Campos Elíseos con abrigo largo de cuero y la Torre Eiffel de fondo, admitió la gran hermosura de esa ciudad añadiendo que él construiría una Berlín aun más bella.

El urbanismo alemán en aquellos años se desenvolvió en términos arqueológicos. El presente se vivió como una experiencia que se decantaba directamente de lo histórico. El estilo de Speer inducido por Hitler era fúnebre, como una arquitectura efectivamente nacida de la ruina y dirigida a la ruina. Constituía realmente una falsificación, una escenografía general cuya megalomanía no escatimaba en nada y desbordaba cualquier límite a una economía de la emoción. Allá donde ellos querían llegar no se iba con las razones sino con las pasiones y así lo bello ocuparía el sitio de lo verdadero.

Hitler, Julius Schaub, Albert Speer, Dr Fritz Todt, Dr Otto Dietrich, Joseph Goebbels - Ullstein Bild - GettyHitler, junto a Julius Schaub, Albert Speer, Fritz Todt, Otto Dietrich y Joseph Goebbels / Foto: Ullstein Bild/Getty.

No muy lejos de estos planteamientos estéticos anduvieron sus antagonistas soviéticos. Especialmente significativo es el duelo que estos mantuvieron con Speer en los pabellones de la Exposición Universal de París de 1937. El alemán, mediante espías, se hizo con los planos del pabellón soviético y construyó, ante el dinamismo de las esculturas proletarias que avanzaban a conquistar el futuro, una torre más alta, inexpugnable y estática, coronada por el amenazante águila ligeramente inclinada hacia delante. Muy ilustrativa resulta la comparación de ambos con el de España que, racionalista, desprovisto de la descomunal pathos de estos, mostraba en su interior el Guernica de Picasso como anticipo de la gran catástrofe humana que se avecinaba.

Speer usufructuó el clasicismo del Panteón de Roma y el helenismo del altar de Pérgamo pero su mediterraneísmo resulta, a la postre, retórico mientras que la idea de ruina de una civilización trae a la mente algo más oriental, ciudades fantasmalmente olvidadas como Sikandra o Angkor y no Roma. No resulta del todo disparatada esta conexión si recordamos que las sociedades que dieron lugar al nazismo, como fueron la Sociedad Vril o la Thule, combinaban aristocratismo, racismo y esoterismo oriental. Lo más extraño del nazismo es que, siendo un proyecto moderno dirigido al futuro, remitificara el origen y lo lanzara al porvenir enlazándolo con el destino para apoderarse del mundo, y eso lo visualizase en una hermosa ruina futura.

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