Déjense hipnotizar e imaginen, o los títulos y carteles de cine de Saul Bass

Señoras y señores, prepárense para empezar un viaje a otro mundo. Agárrense a sus asientos y dejen volar su imaginación, por un tiempo determinado estarán en otra parte. El propio viaje parte del otro lado de la frontera. Les guía en sus primeros pasos por el universo temporal al otro lado de la pantalla el señor Saul Bass, el mejor hipnotizador, el artista de los nombres escritos, el más importante creador de títulos de crédito y carteles cinematográficos que jamás haya existido. Es por él, a buen seguro, que llegaron hasta el cine. Fue uno de sus carteles el que les sirvió de invitación. El resto solo fueron ustedes, dejándose llevar.

Saul Bass trabajó durante cuarenta años, desde 1955 a 1995, haciendo los títulos de crédito y los carteles de más de cincuenta películas. Creó títulos y carteles tan emblemáticos como los de Anatomía de un asesinato, Vértigo, La tentación vive arriba, Ocean’s Eleven, Psicosis, Espartaco, Con la muerte en los talones, West Side Story o Casino. Sus colaboraciones con algunos de los cineastas más grandes de la historia, Otto Preminger, Billy Wilder, Alfred Hitchcock, Stanley Kubrick o Martin Scorsese, son muestra de la importancia que adquirió el trabajo de Saul Bass en la historia del cine. 

Hombre brazo de oro Bass PremingerEl hombre del brazo de oro (1955), de Otto Preminger, cartel de Saul Bass.

El nombre de las estrellas y punto; esa era la idea que guiaba la construcción de los créditos iniciales de los films del primer Hollywood dorado, el de los años 40 y comienzos de los 50. Hasta que el director Otto Preminger le encargó en 1954 a la agencia de diseño gráfico Saul Bass & Associates los títulos del bastante prescindible film Carmen Jones. Y Bass dejó algo que ya resultaba distinto, una fuerza expresiva y un desarrollo narrativo. Un año más tarde, Preminger llamó de nuevo a Bass, y le encargó que diseñara la imagen integral de títulos y cartelería para la bastante recomendable El hombre del brazo de oro. Y Bass dejó algo completamente nuevo. El mismo año le llamo Billy Wilder, para que ideara la imagen de La tentación vive arriba, al tiempo que Alfred Hitchcock, maravillado por los títulos del último film de Preminger, descolgaba también el teléfono del diseñador de Brooklyn. En 1958 se estrenaba Vértigo, una obra maestra integral que se presentaba bajo el imaginario de Bass. Los créditos de inicio, con la famosa espiral fundiéndose sobre los planos detalle del rostro de Kim Novak, significaron un punto y aparte en la concepción de los créditos, y de la propia estructura narrativa del film. Funcionaban no como un trámite, ya ni siquiera como una declaración estilística de intenciones, sino como una primera secuencia de guión, el inicio de una historia que ya está aportando información. 

Vertigo Bass HitchcockVértigo (1958), de Alfred Hitchcock, cartel de Saul Bass.

Bass-Human-FactorEl factor humano (1978), de Richard Attenborough, cartel de Saul Bass.

El estilo de Bass, un compendio de influencia Bauhaus, construcctivismo ruso y de la abstracción norteamericana en la línea de Mark Rothko, marcó poderosamente el tono de muchos de los films en los que colaboró. Para algunos directores, como Preminger y Hitchcock, se convirtió en una seña de identidad. La fuerza de la simplificación geométrica y de los colores sólidos de Bass creó imágenes de un impacto que trascendía el mero entretenimiento cinematográfico. Carteles como los de Exodo, Vértigo o Espartaco llamaban no a un pasatiempo, sino a un evento social importante. La película comenzaba, gracias a él, antes de que el espectador entrase en la sala, generando desde el mismo momento en que su cartel llegaba a ojos del caminante, una inquietud de espera, la sugestión en quien es provocado a imaginar algo grande. Se trataba no de un anuncio o una mera invitación, sino de una promesa, una cita ineludible. Cuando el subyugado caminante ya había comprado su entrada, cuando se había sentado en la butaca y se apagaban las luces, no había marcha atrás, la explosión de imágenes de Bass hacía soplar las velas del film llevándoselo consigo. El primer impacto del cartel, una sola imagen de gran poder estético, le daba paso a la narración, a un tono y ritmo fílmicos, elementos que presentaban la ‘forma de ser’ de la historia que se tiene, no ya ante los ojos, sino por todas partes alrededor.

West Side Story BassWest Side Story (1961) de Robert Wise, cartel de Saul Bass.

spartacus-saul-bassEspartaco (1960), de Stanley Kubrick, cartel de Saul Bass.

La importancia de Saul Bass en la historia del cine viene de comprender la proyección social del arte. Bass entendía que una película podía comenzar antes de lo habitual, que no tenía por qué desperdiciar ni uno solo de los fotogramas que la componían, y que el espectador podía adentrarse en ella antes incluso de pasar a la sala. El talento de Bass fue tan excepcional que muchos de los films en los que trabajó son recordados exclusivamente por su aportación. Si alguien recuerda hoy La vuelta al mundo en 80 días, de Michael Anderson, es por la secuencia de créditos de Bass. El mundo está loco, loco, loco, de Stanley Kramer, de ser una aceptable comedia, se convirtió en joya cinematográfica solo por la inigualable delicia de inicio con la que Saul Bass abrió el film. 

Cartel-Schindler-BassLa lista de Schindler (1993), de Steven Spielberg, cartel de Saul Bass.

En 1968, Bass dirigió un cortometraje documental, muy experimental, titulado Why man creates (¿Por qué el hombre crea?), por el que ganó un Oscar. La pieza, de 29 minutos, es una maravilla que combina animación con técnicas de fotomontaje sobre imagen real, y que ejemplifica bien el talento y la vanguardia en la que siempre estuvo su autor. El último de los trabajos que realizó para la gran pantalla fue el de los títulos de Casino, de Martin Scorsese. Demostró una vez más la capacidad de introducir el ritmo de la historia y representar en imágenes el mensaje del film en solo unos minutos. Los nombres del equipo se cuelan sobre luces de neón, detalles de luminosos que hacen de algo real una abstracción. Scorsese le puso a los créditos de Bass el coro final de La pasión según San Mateo, de Bach, una música que correspondiera tal grandeza. Era de justicia.

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