Dalton Trumbo: historias de talento, valor y principios

Después del documental Trumbo, dirigido por Peter Askin en 2007, titulado en España Trumbo y la lista negra, llega el biopic sobre el famoso guionista de Espartaco. El film, dirigido por Jay Roach, coincide con el documental en su título original —Trumbo, sencillamente— y en su acompañamiento para la cartelera española de un subtítulo, en este caso: La lista negra de Hollywood

Dalton Trumbo - Bettmann-CorbisDalton Trumbo / Foto: Bettmann/Corbis.

El caso de Dalton Trumbo es el más sonado de la caza de brujas anticomunista en Hollywood. En los años 40, Dalton Trumbo era el más prestigioso guionista de la industria del cine estadounidense; llegó a ser el mejor pagado del mundo. En 1939 había ganado el National Book Award por la novela Johnny cogió su fusil. En 1940 estuvo nominado al Oscar por el mejor guión adaptado. Y en 1943 ingresó en el Partido Comunista. En 1947, él y otros nueve importantes nombres de la industria cinematográfica —en su mayoría guionistas— fueron acusados de desacato al Congreso por acogerse a la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense y negarse a declarar sobre sus ideas y su militancia política en los juicios farsa de la Comisión de Actividades Anti-americanas. En 1950, Dalton Trumbo fue encarcelado en la prisión de Ashland, Kentucky, por negarse a declarar si era o no comunista y rehusar dar nombres de otros supuestos camaradas en Hollywood. A su salida de la cárcel, un año después, él y los Diez de Hollywood, como tantos otros artistas, se vieron privados de poder ejercer su oficio. Trumbo, sin embargo, se las ingenió no solo para seguir escribiendo y llevando sus guiones a la pantalla, clandestinamente, sino que además ganó dos Oscar con dos de ellos, firmados con otros nombres. En 1960, su nombre volvía a figurar en los títulos de crédito de dos films, gracias al valor de un par de los grandes nombres de Hollywood, Otto Preminger y Kirk Douglas. Para el director de origen austriaco firmaría el guión de Exodus. Para el actor y productor del hoyuelo en la barbilla, escribiría el guión de Espartaco, dirigido por Stanley Kubrick. Era la victoria incontestable del escritor sobre el oprobio anticomunista de los McCarthy, Edgar Hoover o Hedda Hopper.

TR_01117.dng PHOTO: Hilary Bronwyn Gail / Bleecker StreetBryan Cranston, como Dalton Trumbo / Foto: Hilary Bronwyn Gail/Bleecker Street.

La personalidad y el talento de Dalton Trumbo eran de una particularidad incontestable. Todo acercamiento a su figura es, por lo tanto, complejo. Cualquier dramatización quedará siempre tibia ante la brillantez original de la persona real. Trumbo era, o estaba muy cerca de ser, eso que llaman un genio. No solo un superdotado literario, sino un verdadero erudito y un trabajador incansable. Aparte, era comunista. Un hombre eminentemente político, y un artista consecuente con ello. El documental de Peter Askin, que descansa sobre los escritos y las grabaciones del propio Trumbo, se beneficia del carisma arrollador del personaje. El film de Jay Roach, protagonizado por Bryan Cranston —sí, Heisenberg… Mr. Walter White—, palidece, inevitablemente, ante la verdad del Trumbo auténtico y de su propia historia.

El biopic de Roach es un film necesario, vaya eso por delante. Todo lo que sea difundir masivamente la historia de Dalton Trumbo y las listas negras de Hollywood es de agradecer. Sin embargo, es un film plano y previsible, que cede en demasía al melodrama personal, al argumento de superación y del individuo contra el mundo. No le hace justicia al Trumbo real, aunque lo pretenda. El contexto está velado en gran medida, la explicación política se muestra ausente, como si fuera un lugar común del que, por sabido, no es necesario hablar. El problema es que es necesario hablar, no hay bastante divulgado sobre ello. El film se deja llevar por la anécdota y la recreación de las personalidades del momento, convirtiéndose por secuencias en un simple juego de parecidos —parecidos, por cierto, bastante poco conseguidos en la mayoría de los casos—. Es un film lleno de buenas intenciones, pero sin gracia, nada incisivo, carente de talento. A Trumbo le falta, precisamente, un poco de Dalton Trumbo, de su genio, de su sutileza y de su talento para el clímax grandioso. Todo pasa sin pena ni gloria. Y hubo mucha pena, y tanta o más gloria en la vida real de Trumbo y los comunistas y no comunistas perseguidos durante la caza de brujas. Habrá que seguir hablando de ello.

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