Velázquez y el Manchester City

Felipe IV el “rey Planeta” ha creado en España un entorno perfecto para el crecimiento y desarrollo de la pintura, la literatura y las Artes en general. Su política de mecenazgo llevada casi de manera personal, la auditoría a la que somete a grandes de España y la incorporación de influencias extranjeras en la Corte proporciona un momento único para crear desde distintos ámbitos. Los autores son respetados y protegidos por el entorno, que se crea precisamente para eso. 

El más famoso de todos, el que consigue una explosión creativa sin precedentes en la corte española es Diego Velázquez, primero pintor de las pequeñas cosas, de las segundas líneas y después aupado ya por sus éxitos y por los corrillos de Sevilla primero y de Madrid después, pintor de referencia del Rey y de su amplia familia. 

Velázquez es el primer creador que desarrolla una carrera de autor, con personalidad propia y construyendo un universo y una manera de entender el arte personal y única. Casi pone a su disposición a la familia real. Incluso al país, en constante expansión y lucha ideológica, lo somete a su pincel. 

Velázquez inventa la pintura de autor; el sentido estético importa, pero importa más la personalidad del creador y el resultado de su punto de vista sobre el mundo. Consigue no solo reflejar una época; también consigue que esa época sea recordada a través de su obra. 

Hasta aquí todo real. Los libros de Historia y los manuales de Arte así lo dicen. El Museo del Prado lo certifica. 

velázquez_meninas_museo_pradoDiego Velázquez, autorretrato en Las meninas / Museo del Prado.

A partir de ahora todo especulación. 

Diego Velázquez siente la necesidad de pintar otras cosas, de conseguir construir otros mundos. El entorno que se ha creado para fermentar Arte no le sirve y piensa que incluso puede serle perjudicial. Empieza a pensar más como pintor que como artista. Más con el pincel que con el alma de creador de una pintura de autor. 

Viaja por varias cortes europeas para coger ideas pero también con el fin de sondear a otros patrones proclives a acoger al pintor, pero también al artista. Al que pinta pero también al que construye un universo propio. Recorre Italia, barroca y recargada, todavía sin atisbos de nuevo clasicismo, al que le falta poco para llegar. Cruza Flandes, tierra amiga y enemiga a la vez y conoce a los retratistas y a los paisajistas sosegados. Finalmente después de visitar París y ver los talleres y sobre todo interiorizar la disposición a ponerse a su disposición que le muestra el cardenal Richelieu, mano derecha y mano izquierda a la vez del rey Luis XIII, Diego Velázquez decide hacer las maletas y cambiar Madrid por París.

El Cardenal construye para él el mejor taller de la época y le permite gastar en materiales, ayudantes y aprendices con el fin de que Velázquez repita los éxitos que en la Corte de Felipe IV le dieron fama mundial. Quieren que pinte pero sobre todo quieren que haga una pintura de autor y para ello no escatiman ni en medios ni en expectativas. 

Diego aprende el idioma e impresiona a todos con sus nuevas ideas. Nuevos planteamientos que van a revolucionar la pintura en Francia igual que lo hizo en España. Velázquez comienza a pintar y se siente cómodo. 

Pasa el tiempo y la pintura está bien, convence, pero el Arte, el arte de Artista, el Arte de Autor no llega. 

Comienza Velázquez a cambiar cosas, ayudantes y planteamientos, porque aunque la pintura fluye, el Arte no. Trata de replicar los modelos creativos que en Madrid funcionaron pero no consigue hacerlos brillar. La música no suena y Diego Velázquez comienza a sufrir. Deja de comer y apenas habla con nadie. Está esquivo y no sale de su taller privado, donde prueba una y otra vez ideas antiguas, rescata correspondencia con sus maestros de la época sevillana y se desvive por reconstruir ese taller de autor mágico. 

Cansado de intentarlo y avisado del resurgimiento de cierta corriente clásica en Italia, deja Francia y retoma la antigua oferta del Principe de Saboya, admirador suyo y que pone en Velázquez la ilusión de todo un pueblo que ama el Arte. 

Velázquez debe dirigir ahora la nave del Arte en Italia. Los medios de nuevo son infinitos y la disposición de sus nuevos patrones máxima. Pero Diego de nuevo no se encuentra. Pinta bien, crea un taller basado en el trabajo y en la innovación e intenta meter variables locales, más manieristas y con influencias bizantinas, muy del gusto de los italianos. Pero no sale. Sale un 8 pero no un 9.8. El taller de autor parece una utopía y Velázquez está enfadado con todo el mundo. Sobre todo con la pintura, que no le permite llegar al Arte.

Aquí acaba lo que no sucedió y comienza una breve reflexión.

Football: Pep GuardiolaPep Guardiola en Central Park, Nueva York / Foto: Pixathlon.

Guardiola usa el fútbol para llegar al Arte. Lo consiguió una vez. Construyó un equipo de Autor, una obra mítica y un filtro conceptual para una época. Pero el Arte es de las pocas cosas que se resiste a la globalización y a la franquicia. No se puede replicar un planteamiento de Autor fuera de las condiciones, lejos del contexto y lo más importante de todo, lejos del momento. 

El momento tiene algo de cuántico porque hace que sucedan cosas que jamás volverán a suceder a pesar de que repliquemos el resto de variables. 

Guardiola podría construir en Manchester un Mini Estadi, clonar a Messi, Iniesta, Xavi y Puyol, llevar el sol de Barcelona en una maleta y montar un Real Madrid que tenía más de Ejercito Popular que de Real Madrid. Aún así sería muy dificil que su equipo de Autor se repitiera. Cuánticamente imposible porque el momento ya es otro. No es que Guardiola quiera replicar su modelo; es que busca el Arte desde el fútbol y el Arte acude cuando se juntan muchas cosas y se tiene el sentimiento de poder ordenarlas. 

Da la sensación Guardiola de tener un alma proustiana, alentada por estímulos que solo él conoce pero que le incitan a buscar el Arte por todos los medios. 

Quien fue capaz de construir el mejor equipo de autor de la historia del fútbol (seguido muy de cerca del que pintó Arrigo) es un artista, no un entrenador y es posible que a través del fútbol ya no encuentre ese momento cuántico y deba buscarlo desde otros lugares. Porque el Arte es búsqueda eterna para llegar al momento. Y no siempre se llega. 

* Pueden encontrar este texto también en Una pena no decirlo, web personal del autor. 

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