Retrato de un matrimonio

En Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1953), del director italiano Roberto Rossellini, el reposo vacacional de la pareja formada por Alexander y Katherine Joyce –George Sanders e Ingrid Bergman– saca a la superficie los problemas larvados de un matrimonio en crisis. La escena más carismática de la cinta italiana se desarrolla en las ruinas de Pompeya. El director del yacimiento les invita a visitar un hallazgo que está a punto de producirse en las excavaciones. La pareja se sitúa frente a un grupo de arqueólogos que están dando forma al molde de dos amantes que murieron abrasados (y abrazados) dos mil años antes con motivo de la erupción del Vesubio. La conmoción a la que se enfrenta la mirada de Katherine al verse reflejada en el amor que un día sintió esa pareja calcinada, se relaciona con ese juego de espejos al que somete Angelina Jolie a su pareja protagonista en la que es su última película hasta la fecha. 

Aunque las pretensiones de la cinta quedan alejadas de aquella reflexión roselliniana sobre la propia ontología de la imagen cinematográfica y el sentido del arte, la directora intenta firmar una muestra de cine artístico evocando referentes europeos que van desde Antonioni a Bergman, pasando por el cine francés de la Nouvelle Vague. Una suerte de mirada estadounidense a lo europeo, un acercamiento a los postulados estético-artísticos de aquel cine de autor del viejo continente que en los años sesenta dejara profunda huella en un tipo de cine norteamericano que descubrió una manera distinta de contar problemas que atañían a las relaciones personales, aspectos introspectivos de la psique humana que no aparecían en el cine hollywoodiense más comercial. 

By the seaFrente al mar (By the sea), 2015 / Imagen: Jolie Pas/Plan B Entertainment/Universal Pictures.

Frente al mar (By the sea, 2015) comienza con la imagen idílica de un pueblo costero francés (en realidad se rodó en Malta). Por una carretera con el mar al fondo avanza un glamouroso coche en el que va montada una pareja que, atendiendo a su atuendo, pareciera salida directamente de las páginas de la revista Vogue. Son Roland y Vanessa (interpretados por Brad Pitt y Angelina Jolie, matrimonio en la vida real) una pareja disfuncional que se dispone a pasar unas largas vacaciones. Él es escritor y busca la inspiración para su próximo libro, mientras que Vanessa se recluye solitaria en la habitación del lujoso hotel. Pronto nos damos cuenta de que algo no va bien entre ellos. Vanessa llora y sufre sola en ese encierro voluntario al que se somete y su marido se pasa todo el día bebiendo en el bar local. Cuando coinciden en la habitación todo es incomunicación, desinterés, lejanía y sufrimiento.

Es entonces cuando la directora plantea el juego de miradas al introducir en la acción a una joven pareja de recién casados, Lea (Mélanie Laurent) y François (Melvil Poupaud), que se hospedan en la habitación de al lado. Son naturales, desacomplejados, confiados y lujuriosos. Esto hará rememorar a Vanessa pasiones olvidadas, más aún cuando descubre en la pared de su habitación un agujero que le permite asistir a todo lo que suceda en el cuarto junto al que duerme. Su marido también descubrirá el boquete por el que, finalmente, juntos confrontarán su mirada con la de sus nuevos vecinos y accederán al reflejo de lo que un día fueron y ya no pueden ser, de lo que han perdido y no pueden o no saben recuperar.

El agujero convierte en voyeurs a los protagonistas pero también a los propios espectadores. Al mostrarnos esa vida idealizada de la joven pareja Angelina parece preguntarnos si eso es lo que creemos que pasa realmente cuando se apagan los flashes. Al mismo tiempo, desde esa perspectiva que da la edad y la experiencia, Jolie y Pitt se ríen de la joven e ilusa pareja. Estableciendo así una admirable distancia irónica y juguetona respecto a esa imagen de pasión, glamour y perfección que nos llega a través de la prensa y la más cruda realidad encarnada por la pareja en crisis.

Con un tono casi elegíaco Jolie-Pitt pone sobre el tablero ideas muy interesantes acerca de la psicología femenina. El dolor, la represión sexual y la forma en la que el voyeurismo y la estimulación sensual mental se conectan con el deseo corporal se filtran por las imágenes de la obra. De la misma manera, se hace inevitable el paralelismo con lo narrado y la vida real de las dos estrellas hollywoodienses. Es más, Angelina parece no huir de él y nos apunta temática y visualmente semejanzas psicológicas y narrativas entre lo ficcionado y lo ya conocido. Dirige la cámara sobre sí misma llenando gran parte del metraje de su cuerpo, de su mirada, en una especie de radiografía de su ser. A resaltar en este sentido la especial llamada de atención que hace sobre sus pechos. Por todos es sabida su decisión de someterse a una doble mastectomía y a una reconstrucción de mamas. Pues bien, como autoafirmación de un episodio superado, la directora no duda en hacer girar visualmente la escena clave de sexo con su marido sobre sus pechos. Además, en un momento anterior de la cinta, ya nos había apuntado su trauma al relacionar la imagen de unas mujeres tomando el sol mientras hacían topless con el contraplano de su deprimida mirada. 

Sin embargo, el elevado esteticismo de la imagen, a cargo de Christian Berger, director de fotografía habitual de Haneke (sin duda una elección para nada casual), la frívola perfección que las poses de Jolie adquieren, su estudiado y cuidado atuendo aún cuando esté llorando devastada por su sufrimiento, así como determinados clichés adscritos a los personajes, entorpecen las buenas ideas temáticas y de puesta en escena que apunta la obra. No podemos, entonces, sino lamentar que el intento resulte más frívolo y vacuo de lo deseado, que la Jolie no permita apartarse ni un centímetro del destino dramático que se ha impuesto para contar la historia y acabe reduciendo los jugosos e inquietantes apuntes temáticos y estilísticos a la más obvia de las literalidades.

Desde que decidiera ponerse tras la cámara, la rebautizada Angelina Jolie-Pitt lleva luchando por emprender un camino artístico que la lleve a ser valorada por lo que es, por lo que expresa, por su valor como actriz, directora, guionista… cineasta, al fin y al cabo. Sería injusto que su mero nombre y vida personal pudieran eclipsar su trabajo y predisponer ciertas opiniones, ya que tras esta, su cuarta película (si tenemos en cuenta el documental que rodó en 2007), la estrella hollywoodiense parece asentar los cimientos de su carrera como directora.

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