Realmente todo es oscuro

Silencio. Un corazón bombea sangre, puede que fuego o ausencia. Poco a poco se escucha una jauría de risas, voces que declaran su constante y perpetua locura en el tiempo, máquinas registradoras, atronadores sonidos que te hacen sentirte pequeño, solo y asustado. Toda esa orquesta infame se concentra, se expande, su intensidad coge caminos peligrosos. Te aplasta, te desorienta, y cuando va a deshacerse de ti, al punto, explota el escalofrío, la magia. Una manta oscura te envuelve. 

The Dark Side of the Moon (1973) es la perfecta síntesis entre el infierno y la música apolínea, la música de los que no encuentran ese camino del que no se puede salir y, sin embargo, se topan con atajos que los acercan más a esa otra dimensión, desde la que todo es variable y no hay reglas fijas. 

La libertad, la ansiedad, el paso del tiempo, la muerte, el dinero, la insignificancia absurda del ser humano y la locura son fragmentos que configuran ese camino que acaba en el eclipse. Estar aquí es estar en el subconsciente de un loco, lo que bien muestra la estructura de este álbum, en constante desequilibrio, tambaleándose sobre las preocupaciones más íntimas y a la vez primarias y recurrentes, aunque terribles.

pinkfloyd_img_classic-rockPink Floyd / Imagen: Classic Rock.

Roger Waters debía sentirse así en el momento en que decidió que tuviera lugar la voz de este disco y la forma de la misma, en su inmensa mayoría cantada por David Gilmour. Me pregunto si eso mismo llevó al propio Gilmour a tocar ese solo de guitarra que te hace divisar, por un segundo, fotogramas de turbulencias en un viaje espacio temporal cuyo destino eres tú mismo mientras escuchas Time. Richard Wright debió sentirse arropado por esa sensación misma al poner sus manos sobre las teclas del piano y dar forma a la hermosísima The great gig in the sky, cargada de dolor, de furia, y, sin duda, Nick Mason supo transmitir ese clima, llevando y conduciendo el ritmo del poema sonoro, cargado de metáforas enmarcadas en la letanía conceptual que supone escucharlo.

La desintegración de Syd Barrett, el elegante desaliñado que poco a poco escureció sus ojos “como agujeros negros en el cielo” fue un elemento que se instaló en la banda de manera recurrente, era el canto a la desaparición de su compañero y amigo lo que les daba entidad y cohesión, además de un discurso totalmente diferente al del resto. Él era el líder absoluto de esa primera versión de Pink Floyd que se acabó con su marcha en 1968,  un año después de la aparición del primer álbum, The Piper at the Gates of Dawn un referente de la música psicodélica, y unos meses después de la grabación de A Saucerful of Secrets, donde apenas participó, aunque dejó el recuerdo constante de su angustia en Jugband blues, única pista en la que aparecía su voz, por primera vez desde el dolor. Esa primera versión del grupo era alegre, vivaz y vanguardista, en el más extenso sentido de la palabra. Pink Floyd siguió esa batuta de Barrett, él les marcó el camino y ellos lo trazaron. En cierta manera siempre fue el líder, aunque ya no estuviera. Él ya no pertenecía a esta realidad, su cabeza se movía entre los efectos de su adicción al LSD y la esquizofrenia resultante de todo aquello.

Siempre que pongo el Dark Side of the Moon en el tocadiscos me fijo en las letras de las canciones y su tono, amargo y apagado, pero lleno de un sentimiento de solemnidad grandiosa, narrando la historia de una persona llena de inseguridades y terrores. Siempre veo a Barrett, siempre, cada vez en más esquinas de cada letra, mirando con sus ojos profundos y llenos de la vida que en su momento se fue. Ese pensamiento se hace especialmente fuerte en Brain damage: “El lunático está en la hierba /  recordando juegos, guirnaldas de margaritas y risas”, “y si tu cabeza explota también / con oscuros presagios / nos veremos en el lado oculto de la luna”, “el lunático está en mi cabeza / tú levantas la hoja, tú haces el cambio / tú me vuelves a arreglar hasta que esté cuerdo”. 

Quizá esta canción sea sólo un homenaje más a su viejo amigo, lo que terminaría cristalizando en Wish You Where Here (1975), su posterior trabajo musical, en el que la principal fuerza espiritual es la nostalgia y el sentimiento de pérdida.

Siempre me ha parecido curioso que Waters solamente cantase la mencionada Brain damage y Eclipse, las dos últimas canciones, y quizá por eso las veo más personales al resto, más verdaderas, como un ejercicio por mostrar esa realidad interna, que no era más de nadie que suya, como el escritor que moldea una historia y le da un giro final mostrándose él mismo inmerso en la trama, como el Unamuno de Niebla.  Es aquí, en la parte final del disco en la que se nos configura el mensaje, se juntan todos los factores y obtenemos la llave. Ocurra lo que ocurra, sea lo resistente que sea la cuerda con la que te sujetes, la respuesta está en el lado oscuro de la Luna. Una voz radiográfica, eterna, nos añade “there is no dark side of the moon really, matter of fact it’s all dark”, siendo esto sellado por el mismo latido del mismo corazón que ponía en marcha la barca de Caronte una vez más, suponiendo, de esta manera, el círculo perfecto, la señal de que todo ciclo vuelve a su punto de origen. 

Esa persona que escucha este disco por primera vez queda, incluso hoy, con la incursión de la música electrónica en ese terreno de lo popular y conocido por todos, sorprendido por todo lo que trae consigo escuchar esta obra, además de por la ya más que considerable edad de la pieza musical. Me atrajeron las palabras de Gilmour en una entrevista, casi nostálgico y emocionado, hablando de lo que daría por ser alguien que enciende el viejo tocadiscos de su padre y escucha The Dark Side Of The Moon por vez primera en su vida, sabiendo que esa es una experiencia que jamás podrá vivir.

Yo, por mi parte, sé que alguien se levantará una mañana con dolor de espalda y cansado, sacará un CD con la carátula arrugada en la que aparecerá el famoso triángulo, y comenzará a escuchar “Long you live and high you fly / and smiles you’ll give and tears you’ll cry / and all you touch and all you see / is all your life will ever be” y entonces me volverán a salvar la vida.

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