‘Secret State’ o la parábola del ‘político honrado’

La miniserie de televisión inglesa Secret State parte de un supuesto imposible: que un político honrado alcanzase la presidencia del gobierno de una de las grandes potencias capitalistas mundiales, en este caso Inglaterra. Partiendo de dicha premisa ejecuta una parábola, la de la historia de Thomas Dawkins —interpretado por un excelso Gabriel Byrne—, en la que el thriller de espías y conspiraciones queda incautado por una suerte de ciencia-ficción. 

Secret-StateSecret State (2012) / Imagen: Channel 4 Television Corporation.

El tiempo elegido para ubicar la acción es un presente —ya pasado— hipotético, después de mayo de 2010. Un tiempo en el que, en lugar de suceder a Gordon Brown en el 10 de Downing Street David Cameron, lo hace un joven primer ministro asesorado por un viceprimer ministro veterano. Juntos habrán de hacer frente a una tragedia nacional, la explosión de una refinería petrolera en una pequeña localidad del norte del país, que deja 19 muertos —incluidos niños— y cerca de un centenar de heridos. En plena gestión de la catástrofe, que coincide con período electoral, el joven primer ministro fallece en un accidente de avión. El veterano viceprimer ministro, Thomas Dawkins, asume el gobierno en funciones, y en tal situación de shock nacional, logra vencer en las nuevas elecciones. Presumiblemente, ha conseguido salir elegido como primer ministro gracias a una estrategia arriesgada en política: decirle la verdad a la gente.

La miniserie está lejanamente inspirada en una famosa novela de Chris Mullin de comienzos de los años 80, titulada A Very Brittish Coup, que ya contó con una verdadera adaptación televisiva en 1988 —premiada con varios Bafta y un Emmy—. En la novela se trataba de un obrero laborista de Sheffield que conseguía ganarle las elecciones a Margareth Thatcher, y empezaba a implementar una serie de medidas de ajuste social progresista. En el caso de Secret State, la parábola del político honesto o ingenuo no fuerza de tal manera la verosimilitud, sino la posibilidad de que la honradez brille humanamente en lo más alto de la representación política de un Estado por la vía de la conciencia arrepentida. El viejo político Thomas Dawkins, de pasado militar, es la clásica figura construida sobre unos fuertes códigos de honor. La tragedia de la refinería y la vivencia dantesca de descubrir por sí mismo los restos amputados de un bebe en el lugar del accidente le mueve a guiarse con un solo objetivo: el de hacer lo correcto, cueste lo que cueste.

El accidente de la refinería y la extraña muerte del primer ministro ponen en movimiento una compleja trama que se va desvelando con maestría. El equilibrio entre los diferentes actores que componen el bloque de poder británico —empresas y banca— y su aparato estatal —ejército, servicio de inteligencia, partidos políticos— se ve roto por la intromisión de una pieza extraña en lo más alto y sensible de la maquinaria: un premier decidido a gobernar en favor de los intereses del pueblo y no de ese bloque de poder. El retrato sobre el papel de cada uno de estos sectores, del poder político de banca y multinacionales —hasta el punto de generar la coartada necesaria para declarar una nueva guerra— es claro y sin medias tintas. Claridad edificante, también, para mostrar la capacidad de control y represión de los aparatos de información parapolicial del Estado.

Todo lo que ocurre en Secret State es ciencia-ficción, un imposible. Nunca un hombre con unos principios como los del personaje de Gabriel Byrne podría llegar a tales instancias de poder en ninguna de las potencias actuales. Y, por descontado, nunca un hombre con el valor de ejecutar medidas que atacaran los intereses de los monopolios multinacionales y de los grandes bancos podría sostenerse en el ejercicio de su gobierno más de unos pocos días. Cuando en la Historia se han dado casos parecidos, pronto se ha visto que la fuerza de las armas más reaccionarias lo han depuesto, generalmente al coste de su propia vida. En un momento de la serie, el dueño de la ficticia multinacional PetroFex le dice al ‘político honrado’: “Las grandes petroleras podrían comprar este país y luego venderlo, con usted dentro”. Por desgracia, no iba de farol. Y algo así no es ciencia-ficción, sino real como la vida misma.

Los cuatro capítulos de la miniserie inglesa son una muy recomendable reflexión sobre las posibilidades reales de cambio en el sistema vigente. Una reflexión sobre qué es exactamente el ejercicio del poder y del gobierno en el mundo actual.

Un último apunte: cuando lleguen al final, presten atención al sonido de su último plano, ahí está la clave para entender si otro capitalismo es posible o no.

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