‘Pocos son los elegidos’, y entre ellos va Walker Evans

Walker Evans nació en 1903 y cumplió los 20 con un sueño claro: ser escritor. A esa misma edad llegó a Nueva York, desde la Massachusetts donde había crecido y donde había comenzado a estudiar literatura. Se instaló en la gran ciudad con su madre, recién divorciada. Prosiguió sus estudios y viajó a París, para estudiar letras en la Sorbona. Todo por un sueño. A su vuelta a Nueva York conoció al poeta Hart Crane, que estaba por entonces escribiendo su obra The Bridge. Pero dio también con una persona más importante: Lincoln Kirstein, una de las figuras culturales más particulares del Nueva York de principios y mediados del siglo XX, escritor, editor y mecenas, que llegó a fundar el New York City Ballet. Kirstein será el animador de una nueva faceta artística que Evans había descubierto hacía relativamente poco: la fotografía. Apoyado por sus consejos, produce una serie sobre el Puente de Brooklyn y sus alrededores, unas tomas que serán, a la postre, la perfecta ilustración para el libro de Crane. El círculo se cerraba, el sueño mutaba. Y el artista nacía.

Walker Evans Circus 8a20306u. walker evans nyc 1931Nueva York, 1931 / Foto: Walker Evans/MET.

La década de los 30 comenzará de esta manera para Walker Evans, descubierto su verdadero talento y confirmando su estilo. Publica sus trabajos en importantes revistas, Creative Arts o Hounds & Hom —fundada por Kirstein—. Y se codea con los grandes nombres de la fotografía del momento, Berenice Abbot, Margaret Burke-White o Ralph Steiner. Pero será la Abbot, como enlace con la obra del francés Eugène Atget, la que ofrezca al joven Evans el convencimiento de fotografiar la vida cotidiana con el sumo lirismo de la mirada sencilla sobre lo sencillo, como hacía el francés, y así, por un azar casi milagroso, elevar la dignidad de lo mundano a lo solemne. 

New Yoork 1932 Walker EvansNueva York, 1932 / Foto: Walker Evans/MET.

El ecuador de la década será un punto de inflexión en sus trabajos. Como alguno de los más grandes fotógrafos estadounidenses —Dorothea Lange, Jack Delano— es contratado por la Farm Security Adminstration para dar testimonio de las condiciones de vida del país. Y se embarca en un proyecto de fotografía social comprometida y con un claro objetivo político. Serán cerca de tres años de viajes, para la FSA y por desarrollo profesional propio, ofreciendo un trabajo que a menudo no encuentra sino incomprensión. La revista Fortune le encarga una serie sobre la vida en los estados del sur del país, que finalmente rechaza publicar. Y otro desencuentro parecido ocurrirá con la FSA, a cuyo director del proyecto fotográfico, Roy Stryker, Evans enviaba solo aquellas fotos que él decidía, exigiendo permanecer al margen de las exigencias políticas de un patrocinio sobre cuya honestidad el fotógrafo dudaba. Si Evans era el más talentoso de los fotógrafos de la FSA no importaba, en la primera oportunidad que Stryker tuvo le dejó fuera del proyecto. Las mejores imágenes extraídas del año y medio que recorrió el país se las quedó Evans para su archivo personal. Son los retratos de la pobreza y la dignidad de las familias rurales, la cara vieja que la joven América no quería ver. Junto con las fotografías de la arquitectura victoriana de los estados del sur, edificios abandonados y paisajes cotidianos, Evans pregona desde una perspectiva sumamente objetiva y haciendo guiños al poder de la palabra, la letra se cuela en el cuadro, influyendo en su mensaje, aportando a la historia que narra. En cierta manera, su sueño de convertirse en escritor, se hacía realidad.

Alabama, 1936 Walker EvansAlabama, 1936 / Foto: Walker Evans/MET.

Alabama 1936 Walker EvansAlabama, 1936 / Foto: Walker Evans/MET.

En 1938, al tiempo que termina su relación con la FSA, se inaugura la exposición American Photographs, una retrospectiva de sus trabajos sobre la realidad y la cultura americana que había conocido aquellos años. Las fotos no se imprimen en ninguna revista ni se cuelgan en galeria alguna, sino ni más ni menos que en el Museo de Arte Moderno de Nueva York. Y cuando se publican es en formato de libro, una obra que marcará el curso de la fotografía documental. En la actualidad no es el MOMA, sino el Metropolitan, quien ostenta la propiedad de los archivos de Walker Evans.

Truck and Sign, 1930 Walker EvansNueva York, 1930 / Foto: Walker Evans/MET.

Su visión de América (del Norte) se va dotando de un conjunto de elementos distintivos. Su América es industrial, suburbana, pobre, entristecida, y literaria, por supuesto. Pero el fotógrafo va más allá, y experimenta. Lo hace borrándose de la ecuación, desapareciendo del hecho fotográfico en el momento de su disparo. Se vuelve invisible, un cazador furtivo en el metro de Nueva York. Su colección de fotografías tomadas con cámara encubierta en el suburbano neoyorquino consiguen retratar esa rutina galopante, cansada y poderosa, de millones de seres yendo en un mismo sentido, portando sentimientos y circunstancias propias, pero comunes. El trabajo del metro de Nueva York no fue publicado por Evans hasta los años 60, para evitar demandas de los anónimos cazados. Lo tituló Many are calledMuchos son los llamados—, parafraseando el pasaje de Mateo 22:14 que así empieza y se cierra con el melancólico “y pocos los elegidos”. 

New YorkSubwayWalker EvansMetro de Nueva York, 1940 / Foto: Walker Evans/MET.

Walker Evans, sin duda, se había convertido en un narrador. A fin de cuentas, contaba historias, y a menudo, acompañaba con sus imágenes las palabras de otros. Con el escritor James Agee —con quien debía realizar el proyecto sureño para Fortune que quedó sin publicar— editará uno de los clásicos de colaboración entre fotografía y literatura, el libro Let Us Now Praise Famous Men, en el año 1941. La década de los 40 comenzaba, de esta manera, igual que la anterior, con una colaboración literaria. Y seguiría el paralelismo con un hecho significativo en los siguientes años, cuando entra a formar parte del equipo de Time, donde pasará dos años. En 1945, se traslada a Fortune, el magazine donde permanecerá veinte años, siendo su editor fotográfico, el constructor de una identidad visual propia para la publicación. 

Walker Evans 1973-74 MYCNueva York, 1973-1974 / Foto: Walker Evans/MET.

En 1965, siempre a mitad de las décadas, como si de una manía se tratase, Walker Evans pone un punto y final a una etapa de su vida y carrera. Termina su relación para Fortune y le dedica su tiempo a la enseñanza. Acepta un cátedra en Yale, y ofrece conferencias de incuestionable éxito. Será su vida hasta 1975, el año de su muerte —de nuevo en mitad de la década—, pero no sin antes regalar unas últimas fotografías de renovado espíritu sobre el registro de los elementos culturales de la vida cotidiana americana. En 1973, con la salud para aguantar pocas horas en cuartos oscuros, la Polaroid es una salvación para el ávido viejo cazador. Vemos la mirada furtiva y veloz de Evans, en color. Son los últimos fogonazos de quien ve las cosas tal como son, pero de una manera diferente.

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