Picasso (V): ‘Guernica’, la máxima expresión artística de nuestro tiempo

El mayor cambio en la vida de Pablo Picasso comenzó a gestarse en 1936, el año que cumplía los 55 y que su vida personal era un tanto confusa. Llevaba tiempo separado de Olga, su esposa, con quien, no obstante, seguía casado; la relación con Marie-Thérèse Walter, su amante durante bastantes años, con la que había tenido una hija, se resquebrajaba, y lo hacía por la aparición de una nueva mujer en su vida, la impulsiva artista Dora Maar, con quien había comenzado una intensa relación afectiva. Resumiendo, Picasso, a sus cincuenta y tantos, estaba hecho un lío, como un chiquillo adolescente. Era un artista consagrado que llevaba años cómodamente instalado en París. Hasta ese 1936 en que el fascismo llamó a las puertas de España y desató su primera gran guerra contra la libertad y la democracia. Algo se movió en la conciencia de Picasso, era inevitable. Su patria, aunque lejana de su realidad pequeñoburguesa, se había convertido en el centro de las simpatías y la solidaridad de todo el mundo progresista. España, abandonada por todas las naciones de Europa, se defendía desde lo más digno de su pueblo contra el levantamiento militar de Franco y sus aliados internacionales, la Italia de Mussolini y la Alemania de Hitler. España gritaba pidiendo auxilio, y el mundo callaba y se daba la vuelta. Tan solo la Unión Soviética y México prestaron ayuda a la República Española. 

Picasso - Guernica - Dora MaarPrimeros trazos del Guernica, 11 de mayo de 1937 / Foto: Dora Maar/Museo Reina Sofía.

En enero de 1937, en su casa de la Rue la Boëtie, Picasso recibió la visita de un pequeño grupo de compañeros de las artes españolas, encabezado por Josep Renau, en calidad de director general de Bellas Artes de la República, con la presencia del arquitecto Luis Lacasa, y los escritores Juan Larrea, Max Aub y José Bergamín. Picasso había aceptado con entusiasmo hacía solo unos días la oferta del gobierno republicano de convertirse en director del Museo del Prado. La República reclamaba el prestigio internacional del artista ante el silencio institucional del resto del mundo. Y ese día de enero, le propondría otra colaboración: la creación de una gran obra, en formato mural, para el pabellón español de la próxima Exposición Universal de París, que tendría lugar en julio. La historia de la aceptación de Picasso es conocida: la de sus dudas iniciales ante el reto artístico, pues nunca había pintado una obra de tan grandes dimensiones, y las dificultades de indefinición, de falta de inspiración sobre la temática más oportuna. Pasaron meses sin que Picasso fuera capaz de centrarse. Imaginó una gran composición de pintor y modelo en su atelier, que representara la libertad creativa, pero la idea no terminaba de convencerle. Mientras tanto, completó dos planchas con dieciocho aguafuertes titulados Sueño y mentira de Franco, su primera obra política, destinada a venderse en la Expo de París y recaudar fondos para la República. Pero faltaba la gran idea, el gran tema que correspondiera la responsabilidad histórica del encargo, la expresión del momento histórico. Y la realidad se ocupó de darle a Picasso todo aquello. El 26 de abril de 1937, una fuerza aérea liderada por la Legión Cóndor nazi, bombardeó la ciudad vasca de Guernica, en el primer acto de exclusivo ataque sobre población civil de la Historia Contemporánea. El nombre de Guernica, forma junto al de Auschwitz y a Hiroshima la trinidad simbólica de la barbarie del siglo XX. Lugares eternamente asociados a la guerra y al dolor de sus víctimas más trágicas.

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picasso_guernica_dora_maarReportaje fotográfico de la creación del Guernica / Fotos: Dora Maar/Museo Reina Sofía.

Europa quedó conmocionada. En París, la manifestación del 1º de mayo, cinco días después, se convirtió en una monumental muestra de solidaridad con la España republicana. Esa tarde, después de la manifestación, Picasso acudió frenético al enorme ático del número 7 de la Rue des Grands-Augustins, el mismo sitio donde Balzac había imaginado la historia del pintor Frenhofer y su ‘obra maestra desconocida’. El ático lo había encontrado y alquilado Dora Maar, para que Picasso tuviera el espacio que necesitaba para su ‘obra maestra mundialmente conocida’. El 1 de mayo de 1937 Picasso dibujó los primeros bocetos del Guernica. Durante las siguientes cuatro semanas se sumió en uno de los procesos de creación más rabiosos y productivos de la historia del arte. Por suerte —agradecida a la responsabilidad tanto del autor como de su compañera— el proceso de creación del Guernica fue fruto de un completo seguimiento fotográfico y de conservación de todo el material producido desde el minuto uno de su gestación. Picasso realizó 45 esbozos de los diferentes motivos del Guernica, y Dora Maar fotografió desde el 11 de mayo —día de los primeros trazos sobre la tela de tres metros y medio por casi ocho— hasta el 4 de junio —día de su finalización—, las diferentes fases de desarrollo del Guernica, registrando todas sus pruebas y correcciones, hasta la imponente síntesis final. En un mes Picasso había creado la obra más importante del arte de su tiempo. Un mes, unos pocos días, pero de esos que concentran la experiencia de muchos años, como suelen decir los revolucionarios.

guernicaGuernica, Pablo Picasso.

El 12 de julio de 1937 el cuadro fue colocado en el pabellón español de la Exposición Universal. Comenzaba entonces la vida del mito. La impresión en sus primeros visitantes fue contradictoria, una suerte de hipnosis y repulsión operaba a su alrededor. Contemplarlo resultaba como acercarse a un precipicio. Era el culmen expresivo de su autor, de un artista ya maduro que había pasado por diferentes fases en su carrera, estando siempre en la vanguardia y referencia de su tiempo. Todos los valores técnicos del cuadro se han analizado desde distintas ópticas una infinidad de veces desde el día uno de su exposición al público, el simbolismo de cada una de sus figuras: hay quienes ven la habitual representación en Picasso de las épocas del arte, por ejemplo en la ‘piedad’ de la madre con el hijo en brazos, o en el toro, entendido como un autorretrato de inspiración ‘velazquiana’, también hay quien reconoce a las tres mujeres que dividían la vida de Picasso en aquel momento en las tres figuras de la derecha del cuadro, hay quien dice que el caballo es el pueblo herido, otros que el pueblo es el toro, que el ojo alumbrado por una bombilla es la providencia o el arma de destrucción masiva. 

Lo que quedó claro desde el primer momento fue que aquel era el paisaje y retrato de la época que nos había tocado vivir. Y el Guernica se revistió de ese halo de misterio y leyenda que adquieren pronto todos los símbolos. Durante los dos años que aún duró la guerra en España el cuadro acumuló numerosos viajes por el continente, en su campaña de solidaridad con la República. La expectación fue máxima. Al Guernica se iba a verlo en un acto de valentía, casi de reflexión íntima ante uno mismo, ante los peores fantasmas de lo que podría ocurrir a cada individuo. Ponerse delante de él, de su inmenso y terrible mensaje, era exponerse en cuerpo y alma ante la verdad del mundo. Al finalizar la guerra, el Guernica, como millones de españoles, quedó indefinidamente condenado al exilio. Un exilio particular, porque nunca había pisado suelo español. Picasso decidió que se expusiera en el MoMa de Nueva York, y allí pasó los cuarenta años de la larga noche española. En 1981, la llegada del Guernica a España, tras años de complejas negociaciones entre el gobierno y los Estados Unidos, significó un punto y aparte en la historia de la obra. Era 10 de septiembre cuando aterrizó en Barajas. Su traslado hasta el Casón del Buen Retiro —dependencia del Museo del Prado— estuvo escoltado por quinientos agentes de policía y Guardia Civil. La expectación era máxima en las calles de Madrid. El mítico gigante pisaba la tierra prometida. Se expondría al público protegido por un cristal blindado.

Elliott Erwitt Guernica 1995 Magnum PhotosGuernica, Museo Reina Sofía, 1995 / Foto: Elliott Erwit/Magnum Photos.

Durante diez años en el Casón del Buen Retiro y desde el 92 en el Reina Sofia, el Guernica permitió a los españoles contemplar la obra que les había sido negada durante casi medio siglo, la máxima expresión del arte de la época, que había nacido  del sufrimiento de su pueblo. Acercarse a la sala que expone en la actualidad el Guernica es una experiencia estremecedora para cualquiera. Estar frente al caballo herido, a la madre con su bebe muerto, al guerrero caído con su flor y su espada partida, eriza la piel y la memoria, es asomarse a ese acantilado vertiginoso contra el que rompen las olas del horror y la verdad. 

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