La aventura del dolor extremo

Por segundo año consecutivo, el director mexicano Alejandro González Iñárritu se mete de lleno en la disputa de los Oscar. En 2015 triunfó con Birdman, una vuelta de tuerca a su filmografía, un giro tragicómico que expresaba las mismas pretensiones, totalmente legítimas, de sus anteriores creaciones. Solo un año después estrena The Revenant (El renacido), un violento cambio de sentido a todo lo que venía haciendo. 

the revenantThe Revenant ( 2015) / Imagen: New Regency/Anonymous Content/RatPac Entertainment/20th Century Fox.

Si en todos sus anteriores films Iñárritu revistió sus historias de profundas reflexiones morales y filosóficas. Si anteriormente el mexicano no quiso hablar de otra que el sentido de la vida en diferentes condiciones de cotidianidad, esta vez presenta una paradoja, una situación de excepcionalidad para deshacerse de toda pretensión de trascendencia. The Revenant es una película de aventuras pura y dura. Un western de trama simplísima, la odisea en busca de venganza de un padre al que le han asesinado a su hijo. Ambientada en la década de 1820 en las tierras más septentrionales del río Misuri, la frontera entre Estados Unidos y Canadá, narra la historia de Hugh Glass —Leonardo DiCaprio—, un trampero integrado en las comunidades pawnee, con un hijo mestizo fruto de su matrimonio con una nativa. Glass, acompañado por su chico, adolescente ya, trabaja para una compañía inglesa de pieles, como guía y cazador. En un clima de máxima tensión con los arikara, una de las tribus en lucha contra los colonizadores, el grupo de Glass huye por las montañas, tratando de escapar de unos nativos que les tienen realmente hostigados. En dicha situación resulta atacado por un oso, dejándole mortalmente herido. El asesinato de su hijo —único enlace vital que le quedaba, pues su mujer también había sido asesinada, por militares ingleses— a manos de uno de los tramperos de la propia expedición que pretende soltar el lastre que suponen el moribundo y su hijo —el villano se llama Fitzgerald, interpretado por Tom Hardy—, le sirve y le basta a Iñárritu para armar su odisea de superación y venganza. 

La soledad y el dolor que debe enfrentar Glass, un personaje lacónico, casi místico en su tragedia, transitará por unas pocas fases sencillamente construidas. La lenta, casi imposible, recuperación, después de haber estado más que al borde de la muerte. Los peligrosos ataques de los arikara. El hambre y las penurias de quien no se puede valer por sí mismo. El necesario golpe de suerte de dar con un desconocido amigo que actúa lo justo como ángel de la guarda. Y un sinfín de problemas de impactante y cruda resolución. Todo ejecutado en un guión con las palabras justas y necesarias, que le cede el protagonismo a las imágenes, unas imágenes de descomunal belleza. Iñárritu y todo su equipo logran una de las cumbres de la filmación digital, consiguiendo un grado de realismo magnífico. La propuesta visual del mexicano es preciosista a la par que arriesgada en su muestra de una violencia explícita, descarnada. Y es lógica, porque la historia trata de representar la vida en unas condiciones alejadas de la civilización —cualquiera que sea—, la vida en su expresión más instintiva, de supervivencia. Por este lado podría haberse dejado caer Iñárritu, seducido por la tentación de hacer una reflexión sobre la mente humana ante la inmensidad de la naturaleza, sobre la vida y la muerte, el amor y los recuerdos, o la lesa humanidad de la colonización norteamericana. Todo hubiera sido legítimo. Pero no lo decidió así, en The Revenant todos esos temas están presentes, como elementos constructores de los personajes y el contexto, no como temas centrales de la historia. El tema es la venganza, sin más. Y si acaso la fuerza del amor paternal. Y tal vez gracias a esa honestidad en el enfoque, los ‘temas profundos’ resultan mejor tratados, porque en la distancia con que son presentados, permiten que sea el espectador el que reflexione sobre ellos. ¿Cómo actuaría cada uno de nosotros en una situación tan crítica como la que ha de experimentar Glass?

Cabe mencionar que The Revenant no es solo un film de Iñárritu —marca registrada ya—, sino el film de DiCaprio, eterno ahijado olvidado de los Oscar. Su interpretación está a la altura y en el tono del conjunto de la obra, sobria, sin pretensiones, ajustada a la historia, conmovedora. No se puede decir lo mismo de Tom Hardy, un actor comúnmente saludado en sus habituales papeles de villano miserable y grosero, pero al que un servidor sigue sin cogerle el punto. El Fitzgerald que encarna en The Revenant es una maravilla de ‘malo’ no tan malo, si se mira bien, un villano al que, dentro de la condena que cabe sobre sus egoístas y criminales actos, se le puede llegar a entender —que no disculpar—. Hardy, a pesar de lo contenido que se nota en comparación con otros papeles, sigue revistiendo a sus personajes de ciertos rasgos simples del típico ‘malo desagradable’. 

Las más de dos horas y media de metraje de The Revenant son absolutamente necesarias. Hay ciertas historias que no se pueden contar en menos tiempo. Algunos espectáculos, como el de los buffalos en estampida, requieren que nos detengamos cuanto sea necesario para recordar a todos los seres queridos que se han perdido. Ante algunos paisajes hay que dejar que las lágrimas se nos congelen en los ojos abiertos.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies