El universo Boris Vian y su adaptación cinematográfica

Boris Vian dedicó su vida a diversos cometidos. Fue músico de jazz, poeta, novelista, dramaturgo, periodista, traductor e ingeniero, entre otras posibilidades. En su quehacer como escritor, se valió de numerosos heterónimos, como fueran Vernon Sullivan, Boriso Viana, o de los anagramas Baron Visi, Navis Orbi, Bison Ravi o Brisavion.

Un primer acercamiento a la obra de Boris podría ser a través de frases como la que encontráramos justamente en el prólogo a uno de sus libros, La espuma de los días: “Toda la fuerza de las páginas de demostración que siguen procede del hecho de que la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo”. Como decía Oliverio Girondo en Carta abierta a La Púa del prólogo a Veinte Poemas para ser leídos en el tranvía: “Lo cotidiano ¿no es una manifestación admirable y modesta de lo absurdo? y cortar las amarras lógicas, ¿no implica la única y verdadera posibilidad de aventura?”. Estamos adentrándonos al universo Boris Vian. Un mundo que entrama en el contexto de mediados del pasado siglo. De nuevo la Segunda Guerra Mundial marca la ruta literaria. Supone un punto de inflexión, tanto por el estado de guerra y sus consecuencias, como por el consiguiente gran tema de este periodo, el holocausto. En estas circunstancias, el sujeto se ve enfrentado a su incapacidad para encontrarle un sentido a la vida además de la vivencia de la angustia. El movimiento filosófico y literario del existencialismo desarrolló una visión fuertemente negativa y pesimista: la línea general de las obras de Jean-Paul Sartre plantean la existencia humana como frustrante a la vez que inútil. El individuo pasa a ser simplemente un cúmulo de experiencias personales. En las obras de Albert Camus o en el libro El principito también encontraremos temas colindantes o similares. Por su parte, Simone de Beauvoir añadió a este punto la cuestión del feminismo y el papel de la mujer. Por último, en escena encontramos a Jean Genet y Alfred Jarry con el teatro del absurdo. Los dramaturgos se hacían eco del surrealismo y la sátira para denunciar el caos moral. Alfred fue el autor de la obra de teatro Ubu Rey e impulsor de la Patafísica.

Boris-Vian- herederos Willy Ronis-Gamma-Rapho-GettyBoris Vian / Foto: herederos Willy Ronis/Gamma-Rapho/Getty.

Durante la posguerra, el universo literario se encontraba marcado por los autores de la década anterior. Se continuaban tratando temas existencialistas y con pluralidad de puntos de vista. Entre ellos encontramos la denominada nueva generación beat y la consolidación de los subgéneros novelísticos como fueran la literatura fantástica y la ciencia ficción. Fue cobrando peso la novela de espionaje, que más tarde veríamos en la gran pantalla a modo de películas con personajes como James Bond o Ian Lancaster Fleming. A este punto los temas del desencanto vital siguen vigentes, y aparece una búsqueda de nuevos referentes, como en la obra de J. D. Salinger El guardián entre el centeno. En Francia por su parte, surgió una literatura experimental, el Nouveau Roman. Esta tendencia se alejaba del resto de Europa al ser una literatura experimental en donde lo primordial era el juego con los límites del lenguaje. Resaltables son las obras de Nathalie Sarraute o Alain Robbe-Grillet

Boris Vian contaba veinte años en la década de los cuarenta, momento propicio y de nacimiento de todo lo relatado hasta ahora. Boris tuvo una estrecha amistad con Simone de Beauvoir y Jean-Paul Sartre, y estuvo ampliamente influenciado por el surrealismo, más concretamente, por el escritor Alfred Jarry.

 Boris Vian SartreSartre, Vian, Michelle y Simone, alrededor de 1952.

La primera obra que saliese a la luz de Vian, Escupiré sobre vuestras tumbas (1946), que en primera instancia era una novela negra, resultó ser una agitada denuncia a la sociedad actual del racismo. La obra tuvo una impactante acogida en el momento de su publicación, era una novela escrita con una crudeza admirable. Trataba escenas eróticas o de alto contenido sexual y violento sin rodeos o tabúes, por muy desagradable que pudiera resultar. Fue todo un escándalo, llegando a estar prohibida en 1949 y reeditada de forma clandestina. Esta situación de escándalo social  llevó al autor y a su editor, Jean D’Hauin, a ser procesados por la justicia bajo la acusación de ultraje a la moral y las buenas costumbres, y condenado a pagar una multa de 100.000 francos. 

A pesar de que Boris se había hecho famoso a causa de toda la agitación producida por su primera novela, no lo tuvo fácil para sacar a la luz su siguiente obra: La espuma de los días (1947), una de las novelas más representativas del existencialismo francés y una historia de amor esmerado y pulido, muy delicada, la cual realizaba un amplio contraste con la que fuese su anterior novela. La trama se desarrolla entorno a dos parejas que cohabitan lo trágico y lo cómico, la enfermedad, la magia y la muerte, lo descabellado y lo desgraciadamente real. Todo esto inmerso en un cautivador ambiente de música de jazz. La historia evoluciona en este mundo cuanto menos extraño y fantástico, poético y desconcertante, en donde, por ejemplo, los espacios van cambiando su forma según se va sucediendo el relato, y en el que los protagonistas se van hundiendo en la melancolía que finalmente protagonizará sus vidas. Como ya dijimos al principio, el autor, al comienzo de la obra, nos apunta lo surrealista y absurdo de la misma: “la historia es enteramente verdadera, ya que me la he inventado yo de cabo a rabo”. Este universo mágico será, para muchos, el gran protagonista de la obra, más que los propios personajes. En ella el autor también reflejará la frustración de su amor por Michelle, su mujer, que lo engañó con Jean-Paul Sartre. Como venganza, Boris ridiculizó al pensador en muchos de sus escritos utilizando el nombre de Jean Saul Partre. A pesar de la recepción que tuviera su primer libro y del riesgo que entrañaba esta segunda propuesta, un editor asumió la responsabilidad de publicarla de forma clandestina. La obra pasó inadvertida entre los lectores, a pesar de conseguir ser nominada para el prestigioso premio de la Pléiade. Y es que el éxito le llegaría a Boris con el paso del tiempo, mucho después de que sus obras se viesen publicadas. Según la clasificación establecida en 1999 por los lectores del diario Le Monde, de las “100 mejores obras de la literatura francesa”, Boris ocupaba el décimo lugar. ¿Qué pensaría él de este hecho? no parece ser un escritor con pretensión de entrar a formar fila en el mundo del canon, más bien le podríamos imaginar disfrutando de su alejamiento de las convenciones, desapegado de la realidad social en cierto modo. Como vimos, sus temáticas no terminan de encajar con obras coetáneas a las suyas.

Mood-Indigo-Boris-Vian-Michel-GondryLa espuma de los días (2013), de Michel Gondry / Imagen: Brio Films/StudioCanal/Scope Pictures/France 2 Cinéma/Hérodiade.

 Sus obras también fueron llevadas a la gran pantalla, la primera adaptación cinematográfica de Escupiré sobre vuestra tumba salió a la luz cuando Boris contaba 39 años. Los medios de comunicación relatan que sufrió un infarto que le conduciría a la muerte mientras visionaba el preestreno. También se dice que la adaptación de Michel Gast no estaba a la altura de la novela, pero Vian al haber vendido los derechos de la obra, estaba fuera del proyecto, no tenía poder para cambiar la situación. En 1968, se llevó a cabo la adaptación cinematográfica de su segunda novela, La espuma de los días. Esta adaptación fue dirigida por Charles Belmont e interpretada por algunas de los que fueran grandes representantes del cine de la época: Jacques Perrin, Sami Frey, Marie France Pisier y Alexandra Stewart. Otro intento de adaptación fue el de Michel Gondry “el más hollywoodiense de los directores franceses”, anteriormente músico y autor de cortometrajes y clips publicitarios. Esta fue su décima película, donde la interpretación corrió a cargo de dos actores del cine francés más actual: Romain Duris y Audrey Tautou. El estreno en españa fue en 2013 y, si fueron a verla después de leer el libro, es probable que se hicieran preguntas por el estilo: ¿Tiene que ver algo esta versión cinematográfica con el libro homónimo? ¿Es un leve guiño al universo Vian o un intento de transformarlo? ¿Estamos ante la versión libre de un director?

Como muchos de su generación, Michel Gondry se vio influenciado del universo onírico propuesto en La espuma de los días. La novela pasó a ser objeto de culto para la generación del desencanto, la del post mayo 68. En esta versión de Gondry, la historia es fiel al libro y, sobre todo, la música nos evoca al arsenal de efectos artesanales y digitales que recrean elementos tan celebrados de la novela como el piano-cóctel. Tampoco faltan el ratón de bigotes, las excéntricas comidas, la canción de Chloé y las metáforas sobre el agua. Sin embargo, la película no tuvo un gran éxito en taquilla ni las críticas parecen ser excelentes. Se le ha achacado al director, fundamentalmente, el no adherirse y mantener el sentido de la novela. ¿Realmente el director no ha querido adherirse fielmente al libro? Podríamos pensar que no es tanto el director, sino el paso de un medio a otro lo que denominaríamos traducción intersemiótica. La dificultad de adaptar las novelas de Vian a un medio audiovisual, de conseguir plasmar la atmósfera pesimista, negra y cruel, con pinceladas de humor y poesía, aderezada con esa latente locura. En otras lecturas de la adaptación se ha querido resaltar la competición entre el autor de los libros y el cineasta que desea trasladarlos a la gran pantalla. Así, la fascinación de Gondry por el escritor le habría llevado a intentar competir en surrealismo y efectos. A mantener una carrera de ingeniosidad a la hora de crear o exponer los objetos y cachivaches. Estos inventos, sin embargo, colman literalmente muchas de las secuencias hasta el punto de que el relato pasa a estar en un segundo plano, bajo la sombra de los aparatos, confiriendo, por tanto, más peso a los signos externos, a lo que rodea a la novela, a esa espuma de la que habla el título, frente a los personajes y la trama. Lográndose así el predominio del mundo imaginado por el director, frente al universo lunático de Vian. Una última visión contemplaría la película como una suma de films: el de un Gondry compitiendo consigo mismo, el que exigirían y esperarían los espectadores y el deseado por los seguidores entendidos de Boris Vian. No nos olvidemos tampoco de que la película cuenta con un casting elegido para seducir a un público muy amplio. El resultado podría ser visto como un intento de contentar a demasiada gente.

Como vemos, hasta el momento parece ser un gran reto hacerse cargo de la obra de Vian. Quién sabe si en un futuro habrá más valientes que quieran intentar sacar adelante su versión. Por el momento, la recomendación propuesta será quedarnos con los libros, ya habrá tiempo para las versiones. Tenemos mucha tarea por delante.

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