El peligro de los imbéciles con un ángel de la guarda

La primera vez que la imagen de Jorge Fernández Díaz compareció ante audiencia, millones de españoles sacudieron preocupados sus televisores. Un extraño fenómeno alarmó a la población, la tele parecía haberse roto, todo se veía en blanco y negro. En cuanto el ministro del Interior desapareció de la emisión el color fue poco a poco volviendo a la imagen. Desde entonces en adelante, cada ocasión que el ínclito político aparece, plasmas, móviles y todo tipo de reproductores se ven afectados por el mismo extraño fenómeno. La descripción más común suele hacer mención a que es “como ver el NODO”. 

El máximo responsable de las fuerzas de seguridad del Estado tiene la infame facultad de, no solo simbolizar, sino materializar un retroceso histórico que conduce directamente a los tiempos de la dictadura franquista. Él, en sí mismo, representa ya la cara más reaccionaria del poder político en España. Ha conseguido tal condecoración tácita por méritos propios. Sus actos y declaraciones han sido, desde el primer momento, una selección de estulticia fascistoide.

Fernández Díaz se ha destacado por conductas tan racionales como conceder distinciones de Estado a dos vírgenes. Sí, a dos, por si había duda de lo convencido de sus creencias. En febrero de 2014 concedió el más alto reconocimiento del Cuerpo Nacional de Policía, la Medalla de Oro al Mérito Policial, a la Virgen —así en general—. No sabemos en qué acto de servicio demostró su valor y servicios a la patria la galardonada. Organizaciones laicistas denunciaron el desvarío. Por si acaso, para que no quedase ninguna duda de lo seguro que estaba Fernández Díaz de lo correcto de su decisión, decidió conceder a la Santísima Virgen de los Dolores de Archidona (Málaga) la Cruz de Plata de la Guardia Civil en 2015. 

La demostración de que el ministro no está en sus cabales alcanzó su paroxismo con las declaraciones contenidas en una entrevista que le concedió al diario La Vanguardia, en diciembre de 2015, cuando, después de reafirmar su fe católica y su conservadurismo reaccionario una y otra vez, reconoció tener “un ángel de la guarda” al que llama Marcelo, que le “ayuda en pequeñas cosas, como aparcar el coche”. Lo que puede resultar simple motivo de chanza en su contra es en realidad la muestra del grado de peligrosidad en el que se mueve el sistema, porque el ministro Fernández Díaz realmente está convencido de las cosas que dice. Este hombre, que se reconoce de misa diaria, que dice creer “en Dios, en la Providencia y en la vida eterna”, y que desearía vivir en “la España del siglo XIII, en plena Reconquista”, como expresó en la citada entrevista, es el máximo ejemplo de la continuidad del bloque de poder instaurado en España bajo el fuego y la sangre de la dictadura franquista.

No resulta sorpresivo que reconozca que “muy de tarde en tarde” da la orden al chófer de su coche oficial de que le conduzca a las afueras de Madrid, al Valle de los Caídos, “para meditar”. A él le gusta pasar “un rato de oración” sobre el mayor monumento al genocidio que el fascismo cometió en España. Será, tal vez, en esos momentos de meditación cuando madura la, por otro lado tan acostumbrada, idea de volver a utilizar a ETA para condicionar cualquier tipo de debate político. Será en el Valle de los Caídos donde rememore en el silencio de la contemplación del fascista veterano sus tiempos de Gobernador Civil de Barcelona o de delegado de Trabajo en Via Laietana, cuando destacaba por la dureza de gestión en los conflictos laborales. Quizá recuerde el trato al “enemigo” menor de edad y estudiante que se manifestaba en Valencia en el invierno de 2012 y al que la policía antidisturbios apaleó “dando ejemplo de mesura, prudencia y fortaleza”. O piense en sustituir las cuchillas de la valla de Melilla que solo causan “heridas superficiales” por otras de mayor efectividad, a fin de cuentas, todo sea por proteger la Patria de pobres e insurrectos.

Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior, es uno de los personajes más siniestros y sintomáticos de la última política española. Todo él pertenece a la dictadura, se crió en una una y envejece en otra. Qué peligro que un imbécil con un ángel de la guarda haya sido el máximo responsable de la seguridad del país. En la famosa entrevista de La Vanguardia reconocía que no le gustaba verse en la tele. Le podemos asegurar que a nosotros nos gusta bastante menos. Desaparezca, señor ministro.

21 de febrero, 2016.

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