‘Creep’: la diferencia entre ser ‘muy especial’ y ‘jodidamente especial’

La diferencia entre ser ‘muy especial’ y ser ‘jodidamente especial’ algunos comenzamos a comprenderla en los años 90, después de escuchar una de tantas canciones tristes del pop inglés de aquella época. Es la diferencia entre quererte ‘como amigo’ o ‘como algo más’, es decir, entre que te amen y que no te amen. Cosas que se aprenden con los años. La lección se la debemos a una canción que casi acaba con un grupo por su grandeza, una canción que es —y será— capaz de llenar las noches de desamor de millones de seres en todo el mundo: Creep, de Radiohead.

RadioheadThom Yorke, Oackland, 2015 / Imagen: Suprefan.

Hay obras de arte tan grandes, tan significativas, que merecen espacios para ellas solas. Si hablas del Guernica, por ejemplo, solo puedes hablar del Guernica. Si te metes con El Padrino, no puedes salir de su saga. Si lees el capítulo 7 de Rayuela o un poema de Raymond Carver, ya no puedes leer nada más en el día. Con Creep, pasa algo parecido. Se trató del primer sencillo, el debut, de Radiohead, la banda a la postre más influyente del rock en el paso del siglo pasado a éste. Como todas las grandes creaciones, tiene una historia detrás, un relato de confusos simbolismos, una leyenda querrán creer algunos. Cuentan que generó distorsiones desde el momento de su alumbramiento en la banda. La composición de Thom Yorke databa de finales de los 80, cuando el joven cantante de un grupo de la clase media de Oxford, que por entonces se hacían llamar On a friday, sufrió una rotura de corazón de las que dejan cicatriz. La canción, de demoledora tristeza, tenía una melodía preciosa, en eso estaban todos de acuerdo, y apuntaba como single de lanzamiento del grupo. Pero su intensidad dramática, casi trágica, con brillos épicos, soliviantaba los ánimos de algunos componentes del grupo, entre ellos del guitarrista, Jonny Greenwood, que se propuso —cuenta la leyenda— sabotearla, en la medida de sus posibilidades. Para ello no se le ocurrió otra cosa que incluir la primera vez que fueron a grabarla unos rabiosos y disonantes cuatro acordes muertos antes del estribillo, cuatro guitarrazos a modo de interferencias, que, para mayor gloria del tema, le otorgaron el sello distintivo y potenciaron su desgarradora melancolía. “Ese es el sonido de Jonny intentando joder la canción… —comentó Ed O’Brien, la segunda guitarra del grupo— A él realmente no le gustó la primera vez que la tocamos, así que intentó arruinarla. Y eso hizo la canción”.

Lo cierto es que las ondas radiofónicas británicas del momento no parecían estar preparadas para tal carga de desasosiego amoroso. Tanto fue así que la BBC Radio 1 la retiró de sus emisiones tras pincharla apenas un par de veces, considerándola demasiado depresiva. Y pasó sin pena ni gloria. Bueno, no, con pena sí. Tampoco contribuyó el hecho de que en el 93, con la salida de su primer album, Pablo Honey, Radiohead se quedará en un limbo extraño entre el britpop y el grunge, las dos grandes tendencias del momento. Se quedaron en el océano de en medio. No eran britpoperos puros, como Oasis, Blur o Pulp, se asemejaban más a los grupos yanquis, como Nirvana, con toda su carga pseudofilosófica en las letras y su visión apesadumbrada de la vida. Pero eran ingleses. En definitiva, no encajaban en ninguna parte. Mal asunto. O no, o la suerte de recibir el éxito de los verdaderamente únicos y especiales. Pero no saltemos en el tiempo, el 97 y Ok Computer aún quedaban lejos, y este artículo va sobre Creep. Ya lo dijimos: no puede ir de nada más.

El caso es que la canción, por una serie de avatares tediosos de contar, llegó a la garita de una radio underground de la costa oeste de los Estados Unidos. En cuestión de semanas, el doloroso tema de los de Oxford corrió como la pólvora entre los corazones rotos de los jóvenes de la soleada California. Y entonces sí, el negocio llamó a la puerta. El éxito que no habían cosechado en su tierra se materializaría en los Estados Unidos. El sencillo se relanzó en una edición especial para la ‘tierra prometida’, pero con una ligera —y sin embargo importante— modificación, donde Yorke decía “you’re fucking special” debía contenerse, y decir “you’re so very special”. Puede parecer una cuestión baladí, pero no lo es. Más allá de la absurda mojigatería yanqui, la canción, conocida en su original, se lamentaba domesticada en su versión censurada. Dejaba de ser una canción desgarradora, para ser una ‘canción bonita’. La banda se mostró disgustada con el cambio, pero por lo que se ve no tanto como para no consentir con la imposición. Con el pasar de los años, todo hay que reconocerlo, la cuestión fue perdiendo su dramatismo inicial. Y ocurrió porque Creep se convirtió en un himno, y los himnos, ya se sabe, terminan por tener varias versiones, acordes a las diferentes sensibilidades y fracciones que los reclaman como propios. 

Para los seguidores de primera hora, no obstante, siempre hubo esa diferencia. Hasta el punto de que cuando la canción comenzó a convertirse en carne de versión, la calidad de la misma dependía de qué lado se dejara caer, del ‘fucking’ o del ‘so very’. Podía ser un buen homenaje o una burda copia. Fue ese el segundo elemento que convirtió a Creep en lo que es hoy día, y la hace enfrentarse a otro de los riesgos por los que han tenido que pasar antiguos grandes hits. Creep es la Knockin’ on Heaven’s Door de los nuevos tiempos. Todo el mundo, profesionales y amateurs, se animan a rasgar sus acordes. Con Creep viene ocurriendo excepcionalmente entre profesionales. Los cover de gente de renombre que se atreven con el temazo de los Radiohead son numerosos, y hay para todos los gustos, independientemente de si caen del lado del mal o son ‘fucking special’. Quizás sea de recibo, antes de meternos con los cover como tal, hacer mención a Creep antes de Radiohead, o lo que es lo mismo, a The Hollies y su The air that I breathe, el tema de los años 70 en el que se inspira y por el que Albert Hammond y Mike Hazlewood aparecen en sus créditos. Dicho esto, vayamos con los buenos, los insulsos y los condenables cover de Creep. La mayoría de los intentos de lidiar el temazo han caído en el fracaso, mucha bestia para la mayor parte de los diestros. Entre quienes se pueden considerar absueltos del intento, pero perfectamente olvidables están los de Muse, Damien Rice, Korn o Chrissie Hynde. Entre los que aportan algo pero sin superar al original se encuentran el Creep de Moby o el metalero de los Norther Kings. De Prince, mejor no hablar. Y del inefable Robbie Williams y su versión cabaretera crooner solo se puede decir que deberían subirle a ese ring al que retó a los Gallagher y que le dieran lo suyo. Lo cierto es que solo algunas incursiones acústicas han conectado con la fuerza secreta de la canción, dos de ellas son las de la voz delicada y áspera de Macy Gray medio ensayando en el estudio, y la de Daniel Mustard, un hombre sin hogar cuya interpretación terrosa, de voz rota que  sale de las entrañas, se hizo viral. Al final se demostraba que el arte, cuando es auténtico, explota donde hay vida, donde hay drama real. Eso sí que fue, que es, ‘jodidamente especial’.

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