‘The affair’, el deseo era mejor

En 1960 un film de Alfred Hitchcock conmocionó a crítica y público. Psicosis, con su terrorífica atmósfera y una secuencia de violencia inaudita encogió a los espectadores en sus butacas. Pero antes de que el bueno de Anthony Perkins se pusiera la peluca de su madre, antes de ese motel, antes de que ninguna rubia se metiese en la ducha, había pasado algo, algo como un robo y una huida, algo como media película sobre eso, con su rubia protagonista antes de parar a descansar en el consabido Bates Motel. El hombre que nos presentó uno de los nombres más importantes (por insustancial) del mundo del cine, McGuffin, nos enseñó también cómo contar una historia comenzando a contar otra completamente diferente. Porque a fin de cuentas, toda historia viene de alguna parte, y en todas partes hay historias que contar.

the affairThe affair / Imagen: Showtime.

En Montauk, el pequeño pueblo pesquero del extremo atlántico del estado de Nueva York, a ciento y pico kilómetros de la gran ciudad, viven unas tres mil personas. Es un sitio tranquilo, aparentemente, o al menos lo era hasta que el mundo del cine y la televisión comenzaron a convertirlo en escenario de sus ficciones. Hasta allí se fue el personaje de Jim Carrey en Eternal Sunshine of the Spotless Mind, una mañana que se sentía triste sin saber por qué. Un instinto le hizo coger el tren a Montauk en pleno invierno, y deambular por su playa nevada. Pero su instauración definitiva como atracción para mitómanos ha venido dada por The affair, la serie televisiva estrenada en 2014, que narra la tórrida aventura entre un hombre casado, Noah Solloway —Dominic ‘McNulty’ West—, escritor de poco éxito y familia acomodada, con una mujer también casada, Alison Bailey —Ruth Wilson—, una camarera de aciago pasado. Noah acude con sus cuatro hijos y su esposa a Montauk, para pasar los meses de verano en la casa de sus suegros, unos millonetis intelectuales e insufribles. En su primer día en el pueblo conoce a la encarnación de la femme fatale que su crisis de la mediana edad requiere, la pelirroja algo lánguida Alison. Entre ellos surge eso que da título a la serie, una aventura tórrida de verano que pone un punto y aparte en las vidas de ambos. El relato del adulterio entre estos dos seres es el eje central y único de la historia, contado desde una atalaya temporal intrigante: ambos narran los hechos de aquel verano a un detective de la policía que investiga la muerte de un vecino del pueblo, cuya identidad el espectador desconoce, pero que fue una persona cercana a los protagonistas. 

La relativa originalidad que propuso The affair para contar una historia mil veces vista fue la de la contraposición de puntos de vista. La serie y cada capítulo de la primera temporada se dividen en dos partes, generalmente ‘Uno: Noah’, y ‘Dos: Alison’. La estructura del relato comparado le confirió a la serie un elemento de estilo diferenciador, y elegante. La posibilidad de mostrar la construcción que cada personaje hace de sí mismo, en la manera en que rememora el pasado, permite indagar con profundidad en ellos. Sus motivaciones, sus miedos, sus deseos, sus traumas, algo así, incluso, como su verdadera forma de ser, se dibuja de esta manera caleidoscópica. A veces, la mentira o el silencio desvelan una verdad. La primera temporada de The affair jugó a ello con talento. No obstante, a mitad de la trama, cuando el tema que se presuponía motivo central de reflexión —el adulterio, el affair— deja de generar intriga a nivel de trama, y aparece otra durmiente, el misterio criminal por el que los personajes están siendo interrogados en el futuro-presente. Como hiciera Hitchcock, pero advirtiéndolo desde el principio, la historia no va de lo que parece, en exclusiva. En un momento todos los conflictos cambian. Lo peor que le puede pasar a Noah Solloway ya no es que su esposa descubra su infidelidad y que su matrimonio salte hecho pedazos, sino que se esté jugando ser condenado por asesinato. Y lo peor que le puede pasar a Alison Bailey ya no es que su familia y su marido de continuo ceño fruncido se enteren de la deslealtad de la joven esposa deprimida, sino que el futuro le depare un nuevo golpe fatal que la lleve a prisión. 

La segunda temporada de The affair, emitida en el otoño-invierno de 2015, desarrolló y se centró en la trama criminal, aportando dos nuevas voces a la narración, la de Helen Solloway y Cole Lockhart, las parejas engañadas. Ya el affair no es sino un recuerdo de otro cualquier tiempo pasado mejor. El presente, formado a imagen y semejanza de los viejos deseos de verano, no tiene el brillo del ideal imaginado. Y los problemas de la vida, desde lo más trágicos y excepcionales a los más mundanos, no se esfuman por la fuerza del amor. Ni siquiera con el poder del dinero. El giro en la trama de la serie se conduce a toda máquina por una vía del todo distinta a la que arrancó. ¿Era el affair un enorme McGuffin, un cebo para despistar la atención del espectador de la intriga criminal? ¿O es la intriga criminal el gran vehículo para mostrarnos el cambio de paisaje del amor que nació de una aventura secreta?

La extensión a una tercera temporada de la serie deja en suspenso saber si el virtuosismo de guión resulta una exhibición tramposa, o si es un magistral contrapunto de agria melodía. Lo que estaba claro es que el tema del engaño conyugal y la fascinación afectiva y sexual entre desconocidos daba únicamente para un verano, es decir, para una temporada. Poco negocio. Tal vez hubiera sido edificante disfrutar de una historia sencilla de amor prohibido, con un formato original, y llevarla al terreno exclusivo de los sentimientos, de los personajes. Se quiera como se quiera, lo que tenemos es una ruta diferente, que pudiera parecer más arriesgada, pero que es, en verdad, más convencional, el camino de las decisiones importantes tomadas en situaciones de excepción. El comportamiento de las personas ante lo improbable. The affair se metió decididamente por caminos escarpados, se subió a la colina del motel tenebroso, esperemos que no acabe con delirio bipolar, y que siga ofreciendo el drama de unos pobres diablos con ínfulas, de unos amantes desastrosos que solo deseaban, algo confusamente, matar su rutina o borrar su pasado.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies