La voz y la palabra de Paul Robeson

La historia de Paul Robeson es una de esas que hay que recordar y pensar en el por qué de su olvido. Durante un tiempo, no corto, del pasado siglo, allá por los años 20 y sobre todo durante la década de los 30, fue uno de esos que ahora llaman ‘los hombres más influyentes del mundo’. Él, hijo de un esclavo que se había fugado cuando tenía 15 años, llegó a ser, sin duda, la gran referencia política e intelectual de millones de personas negras en los Estados Unidos, y en gran parte del resto de mundo. Esa fue la realidad. Paul Robeson era una celebridad. Hoy día no pueden imaginar a nadie que iguale el alcance que él tuvo. Ni Barack Obama, ni Spike Lee, ¡ni siquiera Beyonce! Nadie puede compararse a la capacidad de influencia entre las masas negras, a un nivel político, que alcanzó Robeson en su tiempo. Solo Martin Luther King, algunos años después, conseguiría alcanzar un liderazgo mayor entre los negros norteamericanos. ¿Cómo es posible que el nombre de Robeson, no obstante, se haya difuminado de tal manera del imaginario colectivo? Podría parecer inexplicable, cuando se relatan sus logros. O tal vez no, si se comprende su historia.

robeson auckland 42Paul Robeson, durante un piquete obrero en Auckland, 1942.

Paul Robeson fue una de esas personas que hacen de todo y destacan en cada empresa que abordan. Un superdotado. Fue estudiante de éxito, estrella del deporte, abogado, cantante, actor, político. Su historia no es solo la suya, sino la de su gente; comienza no con él, sino antes, es la historia de su padre, el esclavo que se fugó a los 15 años y logró estudiar en Filadelfia y convertirse en pastor metodista. Ese hombre se quedó viudo con cuatro hijos, el menor de los cuales era un pequeño Paul de 4 años, que parecía haber sacado su capacidad de sobreponerse a las dificultades. Paul Robeson consiguió una beca para estudiar en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, convirtiéndose así en el tercer estudiante negro de dicha institución —estamos hablando de la segunda década del siglo XX en los EEUU—, y pasando por primera vez a los anales de una historia que acabaría tratando de ser borrada tiempo después. En la universidad destacó académicamente, pero también en muchos otros aspectos. En especial logró su primera celebridad gracias a sus dotes deportivas. Paul era un joven grande, alto y fuerte. Se convirtió en la figura del equipo de béisbol y del de fútbol americano. Se decantó por el fútbol, y volvió a constituirse como uno de los primeros hombres negros en conseguir ciertos logros en su país, en este caso en debutar en la liga profesional de fútbol. El carisma de Paul comenzó a conquistar multitudes de corazones ya en su juventud universitaria.

De Nueva Jersey se mudó con su futura esposa —Eslanda Cardozo Goode, antropóloga— a Nueva York, a Harlem, cerca de la universidad. En la Gran Manzana se graduó definitivamente como abogado, y comenzó a ejercer. La experiencia, a pesar de su preparación, no fue grata, ni pudo dilatarse. Un país segregado racialmente, en el que un negro era condenado si se descubría que había tenido relaciones con una mujer blanca, no era el mejor lugar para la carrera profesional de un afroamericano. Cuando una secretaria blanca se negó a mecanografiar las notas dictadas por él, Paul Robeson abandonó la abogacía. Y probó suerte, animado por su esposa y amigos, con otro de sus grandes talentos y aficiones: la música y la interpretación. En 1925 debutó en el cine, protagonizando el film Body and Soul, de Oscar Michaux —otro personaje cuya historia merece conocerse, director negro de cine independiente en los albores del Séptimo Arte—. Robeson participó en una docena de producciones hasta 1942, llegando a alcanzar una enorme fama. Sus papeles teatrales le dieron un prestigio interpretativo del que pocos disfrutan. En el papel de Otelo —no podía ser de otra manera— se consagró como uno de los grandes actores de su época. Pero fue su voz grave de barítono y la solemne interpretación de espirituales negros y canciones populares lo que le convirtió —en cierta manera, literalmente— en voz de los negros de su país. Eso y sus primeros posicionamiento políticos públicos, más y más asentados después de cada viaje al extranjero y comprobar con sus propios ojos que la explotación de los negros en Estados Unidos no era un drama restringido a su país, que había negros explotados por todo el mundo, y blancos explotados que eran “sus hermanos”.

paul robesonPaul Robeson, ante el Comité de Actividades Antiamericanas, 1956.

Los viajes por el mundo marcaron definitivamente la personalidad de Paul Robeson. Uno de ellos fue especialmente importante, la visita a la España en guerra. Robeson estuvo en el frente republicano, cantando y hablándoles a los soldados del Ejército Popular. Estuvo con sus compatriotas del batallón Lincoln de las Brigadas Internacionales. En una entrevista después de la experiencia española hizo una de sus declaraciones más concisas y recordadas: “Un artista debe tomar partido. Debe elegir si lucha por la libertad o por la esclavitud. Yo hice mi elección. No tenía alternativa”. Y así fue, Paul Robeson tomó una elección, y se mantuvo fiel a ella hasta el final. E hizo en función de esa decisión las cosas más peligrosas que un ciudadano estadounidense podía llevar a cabo en aquel entonces, entre ellas, viajar a la Unión Soviética y declararse amigo de aquel país. Robeson no ocultó jamás su apoyo a dicha causa. Fue entonces cuando su carrera comenzó a declinar, cuando el gobierno de su país, ante el potencial de su discurso, decidió callarle. Fue llevado a los tribunales, y pasó entre ellos por el de Actividades Antiamericanas. A la famosa pregunta sobre sus inclinaciones políticas, respondió: “Algunos de los estadounidenses más brillantes y distinguidos están a punto de ir a la cárcel por el hecho de no responder a esa pregunta, y voy a unirme a ellos, si es necesario”. Cuando desde el tribunal le espetaron que por qué no se iba para siempre a la Unión Soviética, si tanto le gustaba, respondió con la seguridad y la valentía que le costó el olvidó: “Porque mi padre fue esclavo y mi pueblo murió construyendo este país. Yo me quedaré aquí y seré parte de él, y ni usted y ninguna gente de mentalidad fascista me sacará de mi país. ¿Está claro?”. Sí, estaba claro.

Las consecuencias fueron dramáticas para Paul Robeson. Le retiraron sus licencias profesionales y el pasaporte, para que tampoco pudiera viajar y actuar en el extranjero, y así fue durante un buen tiempo. No se trataba solo de asfixiarle económicamente, sino de silenciarle. De los libros de anales universitarios borraron sus logros, hasta los deportivos. Había que borrarle de la Historia. Y en parte lo consiguieron. En los pocos conciertos más que pudo ofrecer por aquella época, varios fueron atacados por el KKK. A pesar de todo, cuando pudo volver a salir al extranjero, su ascendencia seguía acaparando atenciones. Y al gobierno de los Estados Unidos no le valió todo lo hecho en su contra. La familia de Robeson mantuvo siempre la teoría —nada descabellada, sobre todo después de la desclasificación de ciertos documentos de la CIA— de que había sido envenenado en una fiesta en 1961, en Moscú, por espías estadounidenses, provocándole graves problemas psiquiátricos —alucinaciones, depresión crónica—. De hecho, fue internado obligatoriamente en un centro donde llegó a recibir más de cincuenta sesiones de electroshock. 

robeson urssPaul Robeson, en la URSS, 1960.

Paul Robeson murió en 1976, a los 77 años. Su nombre debería figurar hoy a la altura de los Mandela, Malcolm X, Angela Davis o Luther King, figuras de inmenso reconocimiento mundial en pos de los derechos civiles y por una sociedad diferente, mejor. La lucha contra el revisionismo histórico y la reparación de la memoria de algunas de las figuras esenciales del siglo XX es otra de las causas democráticas y civiles básicas que se deberían abanderar.

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