Hallar la mirada de Sebastião Salgado

Disponerse a escribir sobre Sebastião Salgado es un reto que no puede tomarse a la ligera. Es, sin duda, el fotógrafo más famoso del planeta, una figura simbólica en un cruce de controversias. Su innegable talento para cazar una imagen de reveladora belleza ha visto interpuesta en su contra, desde ciertas atalayas intelectuales, una severa objeción moral sobre el sentido de su obra, acusada de embellecer la tragedia humana y convertirla en producto de consumo cultural. No es el objeto de este escrito enfangarse en un sesudo debate sobre lo que dijera —o de lo que se desdijera— Susan Sontag y otros detractores del fotógrafo brasileño. Porque, la verdad… no hay nada más tedioso que las diatribas conceptuales sobre el arte y la vida de un grupo de diletantes profesionales. De lo que se trata es, sencillamente, de presentar a un artista al que no se puede definir de una sola vez. Para dedicarle un mínimo de las palabras justas a Sebastião Salgado hay que ir poco a poco, son muchos los capítulos de su obra y vida que merecen atención: cada uno de sus monumentales trabajos de años de dedicación, la experiencia personal del viajero, la apuesta por la fotografía como modo de vida, sus concepciones políticas y periodísticas, su compromiso medioambiental, la extraña maravilla de repoblación de hectáreas de bosque que llevó a cabo con su mujer —Lélia Wanick—, el documental dirigido por su hijo y Wim Wenders, la pérdida de las ganas de vivir y el renacer de una mirada lírica, contemplativa y pasional, única en el mundo tras una cámara de fotos.

Ecuador_1982_SalgadoEcuador, 1982 / Foto: Sebastião Salgado/Amazonas Images.

Como ven, se puede hablar profusamente sobre muchos temas manados de la obra de este brasileño nacido en un pueblecito de Minas Gerais en 1944, que no vio el mar hasta los 15 años, hijo de un mediano hacendado, único hermano de siete hermanas, que tuvo que exiliarse a París durante la Dictadura Militar y acabar allí sus estudios universitarios de Economía, que trabajaría como economista para la Organización Internacional del Café, y que, con casi 30 años, quedó fascinado por un milagro de la técnica por el que sacrificará la comodidad de su vida de profesional bien colocado: el milagro de la fotografía. El matrimonio de Sebastião y Lélia decidió conjuntamente apostar todos sus ahorros por el fotorreportero en ciernes, licenciando al economista Salgado. Durante lo que quedaba de década de los 70 Sebastião comenzó a bregarse en la fotografía publicitaria y el reportaje periodístico, pasó por varias agencias, Sygma y Gamma, hasta dar con sus trastos en la prestigiosa Magnum, allá por 1979. Fue en nómina de la agencia fundada por Capa, Bresson y compañía cuando tuvo la suerte de estar presente y cubrir el fallido atentado contra Ronald Reagan en 1981. Sus instantáneas del suceso dieron la vuelta al mundo, y le reportaron el poder de financiar su primer gran viaje fotográfico independiente con cierta continuidad, a África, en 1984 y 1985. Las fotografías de este viaje formarían el segundo de sus libros, Sahel. Para entonces Sebastião Salgado era ya una figura de renombre mundial, hasta el punto de que se había podido permitir dejar Magnum y fundar su propia agencia, Amazonas Images, gestora en exclusividad de sus propios trabajos. 

Brasile, 1981© Sebastião Salgado/Amazonas ImageBrasil, 1981 / Foto: Sebastião Salgado/Amazonas Images.

No obstante, el primer viaje fueron varios viajes, salteados en el tiempo entre 1977 y 1984, los años a sueldo de otras agencias, años de distancias familiares y búsqueda personal, y profesional. Las distintas etapas de este viaje de años fueron todas ellas por una tierra familiar y desconocida a un mismo tiempo, por América Latina, su América, sus Otras Américas, como de hecho se acabó titulando el libro resultante de esta odisea.

Brasil_1983_SalgadoBrasil, 1981 / Foto: Sebastião Salgado/Amazonas Images.

Otras Américas es el retrato y paisaje monumental de un continente y de sus gentes. El blanco y negro de  Salgado se imprimió por primera vez con ese brillo plateado que le caracteriza, que le da una atmósfera onírica a sus imágenes, que recrea un mundo a la vez bello y cruel, melancólico, imponente en la profundidad de sus valles y en la de los ojos de sus pobladores. Un mundo de campesinos que caminan con todo a cuestas, siglos de resistencia ante los que se interponen montañas, que quedarán también atrás, indefectiblemente, y sobre las que pasará liviana la sonrisa de un niño que se percata de la presencia del fotógrafo. 

Ecuador-1982-SalgadoEcuador, 1982 / Foto: Sebastião Salgado/Amazonas Images.

Otras Américas es un álbum de boda triste, un conjunto de momentos congelados llenos de novias indígenas con el traje blanco que trajeron los colonizadores para sus ceremonias matrimoniales. Un paisaje poblado de crucifijos y de biblias regaladas e impuestas. En Otras Américas, inicialmente publicado con apenas medio centenar de fotografías, como consecuencia de la carestía de la edición en buena calidad de un volumen con un número mayor de páginas, se relacionan unas imágenes con otras. Algunas de las que se incluyeron en su primera edición original encontraron su par con otras de las vistas en las exposiciones del proyecto. De esta manera Salgado permite viajar no solo en el espacio de los diferentes países del continente que visitó —Chile, Bolivia, Peru, Ecuador, Guatemala y México—, sino incluso en el tiempo y en la imaginación. Los dos niños con su sombrerito escolar que les asemeja a milicianos de la Guerra en España, fotografiados en Ecuador en 1982, parecen ser los dos hombres fotografiados dos años antes en México, extendiendo los brazos como cóndores en las alturas de la montaña, como si estuvieran a punto de echar a volar. Otras Américas son otras miradas, una misma mirada colectiva, la de los campesinos a cámara o al infinito, que termina por ser lo mismo. Trabajadores doloridos, expectantes, de piel curtida de sombras y luminosidad abrasadora, de manos agrietadas.

Mexico-1980-SalgadoMéxico, 1980 / Foto: Sebastião Salgado/Amazonas Images.

Otras Américas fue el primer gran trabajo de Sebastião Salgado, el que ilustró artísticamente una dignidad humana poderosa, enraizada en las clases populares. Es la primera gran historia de Salgado, una historia de siglos concentrada en un segundo, en menos de un segundo congelado en el tiempo, extraído de él en lo más esencial de su significado. El libro avanzó a un artista que iba a cumplir el papel de un Picasso o un Neruda, una figura de primera referencia mundial en su disciplina. Y que, como ellos, no iba a dejar indiferente a nadie, a la inmensa mayoría maravillada por su trabajo, con razón. Descubrir a Sebastião Salgado, hallar su mirada, suele ser el inicio de un fascinante viaje que jamás se olvida. Comenzar por esas Otras Américas es la mejor manera de hacerlo.

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