Al futuro lo mató la innovación

Hace cien años se hablaba más de futuro que de presente. Con el paso del tiempo el presente conquistó el futuro y el hombre dejó de imaginarlo.

Entonces pasamos a la era de ahora, la era en la que el futuro desaparece porque ya está aquí y en la que la especulación futura deja paso a conceptos esqueléticos como innovación o desarrollo. 

El siglo XX mató al futuro y alumbró al progreso, más tangible, menos estomacal. 

Cuando como sociedad empezamos a innovar de manera consciente, a llamar al futuro alcanzado innovación, dejamos de imaginar escenarios posibles. Confiamos tanto en la tecnología que olvidamos la sorpresa. 

paris1900Exposición Universal de París, 1900.

Siempre hubo un futuro conquistado. Desde el silex a la penicilina. Desde la imprenta al átomo. Pero nunca fue acogotada esa conquista por las urgencias de la innovación. Los Curie no innovaron; imaginaron el futuro y lo conquistaron. Innovar para ellos hubiera sido ponerse los calcetines de otro color. 

En la Exposición Universal de París de 1900 el ser humano llegó a su cúspide creativa porque imaginaba el futuro e  innovaba desde el presente. No estaba presentando solamente inventos o cachivaches. Estaba hablando de futuro, del futuro imaginado por Verne o por Riou. Estaba pensando en un mundo lejano pero interpretado desde el presente. Por eso en las ilustraciones de coches voladores por París los pasajeros de los vehículos van fumando en pipa y con sombrero de copa. Lo imaginaban así, desde el presente. Ellos viviendo el futuro como les gustaría que fuera. Con el ser humano en el centro del futuro. 

La innovación mató el futuro. Lo vistió de acero y batas blancas. De cables y de zinc. Lo arrinconó y le dio a elegir ente el destierro (la distopía y la Serie B) y la Legíón (la política, los partidos, la democracia partida por la mitad).  

Los inventores de ahora son innovadores y no pensadores. En el Libro de los Condenados (1919) Charles Fort trata de dar explicación científica a todas aquellas cosas que no la tenían en su momento. Más de veinticinco mil sucesos que le parecían raros y que bien explicados podrían ayudar imaginar. A imaginar un futuro que fuese un premio, no un resultado. 

El futuro dejó de pensarse porque alguien creyó que ya estaba aquí. Y lo que estaba aquí era el presente, otra vez. 

La física cuántica no habla de innovar, habla de entender el pasado para imaginar el futuro. El arte entiende el futuro mejor que la ciencia, por eso el futuro construido con delicadeza se expresa a través del arte y no de la tecnología. La filosofía no innova, los modelos de pensamiento son solo escaleras para ver el futuro. 

La innovación no es el camino al futuro. Son universos distintos. Innovar es construir realidades y pensar en el futuro, futurizar si lo dijera un innovador, es diseñar universos eternos. 

Nadie habla de futuro. Ni marcas, ni personas, ni países, ni parejas de novios. Quizás porque como grupo nos da miedo pensar en un futuro desde el estado actual; cenizo, débil, desigual. Hay que tener cuidado cuando se piensa en el futuro porque si se piensa mal, si se está mal cuando se piensa, será terrible y atómico, como el futuro que imaginaban en los años 50 o en los 70. Pero si se está bien, si el mundo se ve flamenco, el futuro será agradable y volador, como en 1900 o como en los años 60. 

* Pueden encontrar este texto también en Una pena no decirlo, web personal del autor. 

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