Retrato de Jonathan Richman en cinco discos

¿Pudo haber alguna vez alguien que haya escrito canciones sobre el vendedor de los helados, los pantalones vaqueros, la playa, las montañas rusas o sobre los alienígenas que tripulan los OVNI? ¿Pudo haber alguien tan naif en la historia del rock? Sí, lo hubo, y se llama Jonathan Richman.

Si hablamos de Jonathan nos referimos a un espíritu libre rebosante de sentido del humor y de alegría de vivir que se emociona con las cosas más pequeñas y triviales, como les pasa a los niños, si bien llegó un momento en que se hartó de que la crítica le tachase continuamente de infantil e inocentón. Este señor, que ahora peina canas y exhibe arrugas en el rostro —no en vano nació en la década de los cincuenta del pasado siglo—, estableció un estilo absolutamente personal, aunque con raíces profundas en la música doo wop de la época dorada del rocanrol, en un momento dominado primero por la agresividad punk y posteriormente por la sofisticación de la new wave. Una rara avis, se granjeó el respeto del público más modernillo con su propuesta abiertamente retro.

jonathan richman Jonathan Richman, años 60.

Curiosamente, Jonathan Richman fue punk antes de que naciese el punk, pues a principios de los 70 crea una banda en su Boston natal, The Modern Lovers, con la que se dedica a emular a sus adorados The Velvet Underground, grupo bastante incomprendido y rompedor en sus propios días, lanzando temas tan siniestros como acelerados y distorsionados. Son los tiempos en los que graban temas como Pablo Picasso o Roadrunner, que aún son admirados por propios y extraños. Se trata de las canciones que integran su opera prima, Jonathan Richman and the Modern Lovers, en 1976.

Pero el cambio de tercio llega en el siguiente LP que le convierte en el Jonathan que ha pasado a la historia: el de la música minimalista sesentera del eterno verano adolescente. Aunque su carrera es dilatada, tanto con The Modern Lovers como en solitario (creo que su más reciente disco lo lanzó en 2010), en este texto me gustaría centrarme en cinco títulos de su discografía que para mí configuran la esencia de la música richmaniana. Se trata de las grabaciones de estudio entre 1977 y 1986 que son las fundamentales para adentrarse en su universo, sin que eso implique que no haya hecho cosas interesantes antes y después de este intervalo de su carrera, como alguna de sus experiencias en solitario (Jonathan Richman, 1989), su incursión en la música de raíces americana (Jonathan Goes Country, 1990) o discos potentes algo más recientes (Surrender to Jonathan, 1996).

El primero de mis favoritos, en orden cronológico —que no de preferencia—, es Rock’N’Roll with the Modern Lovers, del año 1977, toda una primera declaración de principios de lo que vendría a ser el sonido Jonathan Richman. El estilo mayormente acústico y minimalista lo construyen Greg Keranen al bajo, Leroy Radcliffe a la segunda guitarra y Denotra Sharpe a la batería. Y por supuesto, todo miembro de The Modern Lovers participa en los coros festivos de los temas del disco. 

Tras el tema guitarrero de corte japonés que abría la primera cara (cuando los discos tenían dos), una muestra junto con Egyptian Reggae, South American Folk Song y Coomyah de la afición de Richman por hacer versiones sui géneris de música étnica, llegaba Ice Cream Man, su maravillosa oda al vendedor de helados, que en la versión en directo superaba los ocho minutos a base de repeticiones de la estrofa principal. A pesar de su afición por el rock, que manifestaba en el homenaje al coche Dodge Veg-O-Matic o en Roller Coaster by the Sea, también dejaba sitio entre los surcos para un Jonathan más introspectivo y calmado, como el de Fly into the Mistery.

Rock´N´Roll with the Modern Lovers consigue entrar en las listas de éxitos del Reino Unido, en donde, por cierto, la fauna de las crestas de colores reconoce a Richman como un precursor del punk, entendemos que por su obra precedente.

jonathan_richmanLa siguiente pincelada que he elegido para retratar a nuestro hombre es el disco Back in Your Life que sale al mercado en 1979. Aunque es atribuido a The Modern Lovers en la portada, los miembros originales ya se habían separado y es una banda de acompañamiento la que respalda a Jonathan. Se trata de una obra que consolida el sonido desnudo minimalista y festivo de Richman y que mantiene el espíritu juguetón de rock setentero de Rock’N’Roll with the Modern Lovers.

Jonathan vuelve a incurrir en sus particulares ritmos seudotropicales con Abdul and Cleopatra, pero sobre todo abunda en el doo wop en temas como Lydia, Buzz, Buzz, Buzz o Party in the Woods Tonight. En otros cortes volvemos a encontrar esa faceta sensible de nuestro músico y su querencia por melodías preciosistas, como las de Affection y Emaline

Y llegamos al año 1983 y a su disco Jonathan Sings! que contiene la canción probablemente más carismática y sugerente de toda su carrera, That Summer Feeling, una bellísima oda a los veranos de la adolescencia. Se trata de un disco en el que presenta un sonido más compacto y que cuenta con el acertado fichaje de dos coristas femeninas, Ellie Marshall y Beth Harrington, que aportan un contrapunto muy dulce a la voz de Jonathan.

Aparte de la maravillosa canción sobre la nostalgia estival que abre esta obra, presenta también títulos festivos y saltarines reseñables como This Kind of Music, Those Conga Drums y su particular homenaje a la capital francesa Give Paris One More Chance. Hay incluso algún corte en una línea más seria que las anteriores como The Neighbors, todo un clásico que él mismo revisó en versiones alternativas en alguno de sus discos posteriores, y en el que establece un atractivo diálogo vocal con Ellie y Beth.   

Pero sin duda mi álbum preferido de Jo Jo, que es como le conocen sus allegados, es Rockin’ and Romance, que concentra y eleva a la enésima potencia la vitalidad de la eterna juventud que presentaba en sus anteriores obras. Sus obsesiones de niño grande están más presentes que nunca (The Beach, My Jeans, The UFO Man), así como referencias a sus ídolos, el jugador de béisbol Walter Johnson o Vicent Van Gogh, dado que Jonathan es un gran aficionado a la pintura. 

Rockin’ and Romance es quizá su disco más redondo, de sonido sólido pero que no pierde la espontaneidad de su estilo personal marcadamente acústico. Merece la pena destacar el dúo que canta con Ellie Marshall en Down in Bermuda, relatando sus experiencias juveniles en dicho archipiélago. Una delicia.

Finalmente, quiero completar mi selección con It’s Time For Jonathan Richman de 1986, el disco que considero que cierra su época dorada, sin que ello implique que no haya vuelto después a lanzar cosas de interés. Se trata de una obra que hace gala de un sonido más lleno, más poderoso que los anteriores, pero sin abandonar su línea clásica basada en la nostalgia sesentera. Aparte de los coros femeninos en algunos cortes que ya aportaban su colorismo en los dos álbumes anteriores, en éste se acompaña de un saxo que contribuye igualmente a hacer más denso el tejido sonoro.

Canciones saltarinas y divertidas como It’s You o Corner Store —una loa al comercio de proximidad—, las guitarreras Let’s Take a Trip y Yo Jo Jo, y las más calmadas This Love of Mine, The Desert o Just About Seventeen, configuran un conjunto de temas fresco y atractivo, que engancha e invita a repetir la escucha. Mención aparte merece Ancient Long Ago, la verdadera joya del disco, que es probablemente la canción de amor más sensible y delicada que ha compuesto nunca Richman.

En este punto dejo mi aproximación al bueno de Jonathan Richman, gran creador de canciones que, en sus propias palabras: “no las escribo sino que me las invento”.

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