Picasso (IV): el extraño caso del “retorno al orden”

El 2 de agosto de 1914, en la estación de Avignon, las cosas comenzaron a ir mal para Pablo Picasso. Seguramente lo pudo intuir, porque las estaciones con tambores de guerra de fondo no son augurio de buenos tiempos. Allí se despidió de dos de sus mejores colegas, André Derain y George Braque —su socio en la fundación del cubismo—, que habían sido movilizados. La Gran Guerra había estallado oficialmente cuatro días antes en Sarajevo. Otro de sus mejores amigos, Apollinaire, incluso iría voluntariamente al frente. Abandonado de amistades y colegas por la coyuntura, Picasso, español en Francia, llegaría a verse cuestionado en su tierra de retaguardia. Solo hacía un año que había muerto su padre. Y su único apoyo era Eva Gouel, nueva musa y compañera, que estaba a su lado desde hacía un par de años. Con ella permanece hasta final de año en Avignon. Pero la guerra, que parece contaminarlo todo, acabó también con ese apoyo, y Eva murió en diciembre de 1915, de tuberculosis. Picasso, escribe entonces a Gertrude Stein: “Querida Gertrude, mi pobre Eva ha muerto en los primeros días de diciembre”. Su vida, dice literalmente, “se ha convertido en un infierno”.

Picasso_Pablo_Ruiz_Picasso_Retrato_de_Olga_en_un_sill_1917(Dcha. Retrato de Olga en un sillón, 1917 / Pablo Picasso/Musée Picasso, París)

En ese contexto, a partir de 1916, se produce uno de los fenómenos más llamativos del arte del siglo XX, algo que ha sido llamado “el retorno al orden”. Una serie de grandes figuras de la vanguardia dieron un giro a sus creaciones y a sus propias concepciones vitales. Se produjo una reaparición de la figuración inspirada en las representaciones clásicas monumentales, una suerte de neoclasicismo. Ya en 1915 un tipo como Max Jacob se convertía al catolicismo. Y en el centro de esta polémica inesperada, cómo no, se terminó encontrando el emblema máximo de la modernidad, el dinamitero del arte clásico: Pablo Picasso. 

PicassoOlgaPhoto(Izq. Olga pensativa, 1923 / Pablo Picasso/National Gallery of Art, Washington) 

Para mediados de 1916, por mediación de Jean Cocteau, Picasso entró en la órbita de los Ballets Rusos, y cerró un acuerdo de colaboración con el director de la compañía, Sergéi Diágilev, para ocuparse de los decorados y del vestuario de Parade, un nuevo montaje con música de Erik Satie. El espectáculo será memorable, y abrió una época de intensa colaboración de Picasso con los Ballets, que le suponen la entrada en un nuevo mundo, sustancialmente abstraído de la cruda realidad de la guerra, el de los ambientes de la burguesía acomodada europea, y el encuentro con una bailarina llamada Olga Khokhlova, que se convertiría en primera esposa y madre de su primer hijo, Pablo. Tras los tiempos del dolor de la primera mitad de la guerra, Picasso se refugiaría en la comodidad de una sociedad acomodada. Su arte refleja esa influencia, aunque en el fondo siga latiendo esa convulsión del hombre que había puesto todo patas arriba.

familia-a-orillas-de-mar-1922_picassoFamilia a orillas del mar, 1922 / Pablo Picasso/Musée Picasso, París.

El más recordado de los retratos “neoclásicos” de Picasso es el de su reciente esposa Olga en un sillón, adaptado de una fotografía. La obra resulta aparentemente inacabada, con el fondo apenas compuesto de algunas lineas de esbozo y pruebas de color. No obstante, el cuadro se puede considerar finalizado. El original fotográfico tiene en este caso una gran importancia, la estructura que exigía el fondo no se encontraba equilibrada en la foto, y este problema de índole compositiva pudo conducir al artista a finiquitar la obra sin terminarla, dotándola de un atractivo estético que conectaba con el de las esculturas clásicas amputadas por el devenir de los siglos. El hallazgo lo repetiría en varias ocasiones más, en Los enamorados, La mujer con velo azul, varios otros retratos de Olga, otro de su hijo Pablo vestido de arlequín o en Arlequín sentado. La figuración clásica entra invitada de esta manera en la modernidad. 

La siestaLa siesta, 1919 / Pablo Picasso/MOMA, Nueva York. 

Lo cierto es que el Picasso de 1916-1917 hasta mediados de los años veinte, cuando se mete con el surrealismo, el de los primeros años de matrimonio con Olga, es un Picasso refugiado en los fundamentos de su experimentación artística. Su “vuelta al orden” no lo fue tal, o al menos no tanto como puede parecer, lo que hubo fue la indagación por nuevos caminos sobre varios estilos y lenguajes plásticos. La fotografía tomó un papel destacado en la concepción de las obras de esta época, en lo que se refiere a los juegos de lineas y los contrastes. El viaje de la imaginería clásica de grandes monumentos se mezcla con el recuerdo de Ingres. Todo junto deja una variada colección de tendencias y resultados en su pintura, desde el puntillismo de De vuelta al bautizo, a la serie de cuadros de bañistas o a los campesinos de La siesta, pasando por los dibujos a lápiz de Stravinsky o del matrimonio Sisley. 

mujer velo azul picasso(Izq. Mujer con velo azul / Pablo Picasso/Los Angeles County Museum of Art).

Se considera que la salida del “orden” de Picasso se produjo en 1925, cuando entró en contacto con los surrealistas. Fue en ese año cuando pintó La danza, pero para ser ciertos, este cuadro no deja de tomar el relevo de Músicos con máscaras, de 1921, cuando formalmente aún se encontraba en el redil de la figuración neoclásica. Lo que pone de manifiesto que nada suele ser sencillamente esquemático en la carrera de los grandes artistas y menos en la de uno como Picasso, que nunca dejó de buscar nueva formas de expresión. Lo que sí es cierto es que a partir de ese año la relación con Olga comenzó a resquebrajarse, y se inició un tiempo de profunda tensión en el matrimonio, con un Picasso que mantendrá durante años una nueva relación sentimental. Pero esa es otra historia, una más del artista arriesgado y algo canalla, del más independiente de los genios. 

 

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