Personas

Es tradición cuando el año se acerca a sus días finales hacer un recuento de lo habido y lo perdido. Una de las costumbres más habituales en prensa es aquella de recordar los sucesos más relevantes del año, y las figuras personales que murieron. Tiene algo de obsceno, como todo lo relacionado con el festejo de la muerte. En septiembre de este año se cumplía el 60º aniversario de la muerte de James Dean, y Esther Dávila nos escribió un artículo en el que hacía referencia a esta un tanto vergonzosa forma de recordar: “No se celebran sus logros en vida, se festeja su muerte, su mala suerte, su tragedia real. Y nos deleitamos con ella, nos conmueve la supuesta belleza de una historia triste”. En efecto, hay algo desagradable en los álbumes de muertos de fin de año, algo de esa catarsis colectiva que se recrea en la fatalidad de otros. Una costumbre que hace añorar al mito, pero no a la persona. A esa, a fin de cuentas, la echaran exclusivamente de menos sus íntimos y allegados.

Para los medios de prensa los muertos son los muertos, con su noticia bajo el brazo. Nosotros vamos a tratar de revelarnos contra eso. Vamos a recordar a aquellas figuras de la cultura que nos dejaron este año, y nos recordaron que, por entre todo, está la vida, las personas. Porque su mérito fue congraciar el arte y la cultura con el día a día, influir en la vida de las multitudes, de los individuos que forman multitudes, colándose en lo más cotidiano y fundamental de su existencia: en la risa, en la emoción triste, en el asombro de una historia nueva, en el brochazo de un atardecer solo posible en la imaginación. 

Es por eso que en el Drugstore hubo días tristes este 2015, porque más allá de nuestras puertas, en el mundo real, hubo personas a las que nunca vimos pero a las que sentíamos conocer, y sobre todo, que sentíamos que nos conocían, que murieron. Personas a las que echaremos de menos, como Amparo Baró, que vino a confirmar un 29 de enero que no hay nada más triste que la muerte de un cómico. Echaremos de menos a Moncho Alpuente, por el mismo motivo que a Amparo, y que nos dejó sin una voz que hablaba a través de una conciencia crítica y valiente. Estará siempre en falta, instalado en un recuerdo agridulce por su muerte temprana, Pedro Reyes, padrino de la risa y del absurdo de un mundo que es para echarse a llorar la mayor parte de las veces. Este 2015 ha sido un año fatal en pérdidas de figuras culturales críticas y comprometidas. El 13 de abril tuvimos que escribir, con toda urgencia, una carta de despedida para no dejar marchar a Eduardo Galeano, “un periodista extraño, no necesitaba demasiadas palabras para decir una verdad”. Un 15 de agosto, en pleno dominio de un verano demoledoramente tórrido, se nos fue Rafael Chirbes, un escritor de aquellos que no miran para otro lado. “Vaya año, vaya año”, fue lo que pensamos, consternados el domingo de julio que nos despertamos con la noticia de la muerte de Javier Krahe, nosotros que siempre nos habíamos sentido en familia al escucharle o al verle en algún concierto, sentimos la inesperada noticia de su muerte como la constatación —la enésima— de que en este mundo de mierda siempre se acaban las cosas buenas antes para los mejores.

Han sido muchos más los nombres de figuras culturales que nos han dejado este 2015. Pero nosotros recordaremos siempre, como mínimo, a estas personas. Y celebraremos su vida, y lo que hicieron cambiar en las nuestras. Porque la cultura pervive.

27 de diciembre, 2015

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