Más madera para papel mojado, o la Cumbre del Clima de París

No deja de ser llamativo que la 21º Cumbre Mundial de la ONU sobre Cambio Climático, celebrada en París, entre el 30 de noviembre y el 11 de diciembre de 2015, coincida en su inauguración con el llamado Ciber Monday, y tenga como víspera el largo fin de semana del llamado Black Friday. Llamativo, porque si hay una causa fundamental del calentamiento global esa es el sostenimiento de la desaforada sociedad de consumo. Una producción regulada por las normas del mercado —es decir, por los intereses económicos de las corporaciones multinacionales— que genera cíclicamente crisis de sobreacumulación, a las que los monopolios solo encuentran salida, en una huída hacia delante, como dirían los Hermanos Marx: “quemando más madera, ¡más madera!”. 

La Cumbre de París, como las veinte anteriores —reunidas casi anualmente desde 1992—, será papel mojado. El aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero, fundamentalmente dióxido de carbono, que han generado un cambio climático de grave subida de temperaturas, se debe enteramente al modelo industrial, de transportes y de determinados usos del suelo dentro de la lógica del capitalismo monopolista. Es de lógica, por lo tanto, que mientras se mantenga dicho sistema seguirá reproduciéndose dicha consecuencia. Y lo hará porque es inevitable. No hay un capitalismo verde posible, de la misma manera que no hay dentro de su vigencia posibilidad para la paz.

Estos días, en París, la práctica totalidad de los Estados del mundo han enviado representantes para estar presentes si hubiera lugar para la firma de un acuerdo que trate de limitar el calentamiento medio global a dos grados en 2100 respecto a los niveles preindustriales. La firma o no firma de un acuerdo servirá de poco, se puede presuponer. Cabe recordar que el conocido Protocolo de Kioto, resultado de la cumbre de 1997, vinculó únicamente a 28 países, ninguno de ellos las potencias más contaminantes del planeta: Estados Unidos —que decidió no ratificarlo— y China —que no se encontraba entre el grupo de “países desarrollados” llamados a sumarse—. La propuesta sobre la mesa en París 2015 es que cada país proponga de manera voluntaria su propio plan de reducción de emisiones de CO2, y que no se impongan sanciones al incumplimiento de los planes presentados, que entrarían en vigor, para más laxitud, a partir de 2020.

La mayor parte de los expertos consideran que para finales de siglo la temperatura media global habrá superado con creces esos dos grados, y que muy posiblemente supere los cuatro. Los efectos sobre el medioambiente y los pueblos del mundo son catastróficos. Resulta más oscuro aún imaginar el devenir que este sistema de producción, cada vez más agotado y antisocial, puede depararnos. La lucha global entre potencias imperiales por los mercados y los recursos energéticos planetarios nos asfixian, literalmente. El panorama de concentración de capitales y de agudización de las confrontaciones que el sistema genera induce a esperar una actividad más agresiva contra todas las riquezas del mundo, humanas y medioambientales.

O se acaba con este sistema, o este sistema acaba con el mundo. El mejor acuerdo por el clima y la habitabilidad del planeta no se firmará en París por Jefes de Estado; sino que tendrá que ser un pacto internacional de los pueblos del mundo para acabar con un sistema que grita desesperado: “¡más madera!”.

6 de diciembre, 2015

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