El triunfo de la ‘ruizdaz’

El bipartidismo no desaparece, se multiplica. Por dos, para ser más exactos. Dicen que será el final de una época de la democracia española, y de eso no hay duda. Que vaya a cambiar algo sustancialmente, en positivo, habrá que verlo, pero las casas de apuestas en las que juega el IBEX 35 ni siquiera contemplan la posibilidad.

Entre los cuatro partidos que se repartirán la enorme mayoría de escaños del parlamento, parece que solo hay una cosa clara, que el Partido Popular será el más votado. La disputa por el segundo, tercer y cuarto puesto está reñida. La campaña se prometió un espectáculo, y no se puede negar que lo ha sido. Se han producido más adelantamientos que en una carrera de Formula 1 —tampoco es difícil—. En las primeras vueltas Ciudadanos parecía consolidarse en el segundo puesto, el PSOE iba a petardazos y Podemos hablaba de remontada. Tras el debate a cuatro, sin Rajoy, todos recortaron distancias con el PP, y el PSOE salió con neumáticos de seco en día de lluvia, porque Pedro Sánchez —como es habitual en él— no dejó de patinar, y cayeron al cuarto puesto. Ciudadanos, en su ímpetu de centralidad se quedó en medio de las mujeres maltratadas y los maltratadores, y comenzó a perder posiciones. Tras el cara a cara entre Sánchez y Rajoy, al hombre que no sabe por qué llueve le reventó un neumático, le costó llegar a Pontevedra, cerca del final, cerca de casa, pero lo hizo, y contra todo pronóstico recuperó “de golpe” los votos perdidos en las vueltas anteriores. Nos prometieron espectáculo y espectáculo tuvimos. Un crío de 17 años le calzó una hostia al Presidente en plena calle, a las pocas horas sabíamos todo sobre el muchacho —incluido su historial médico, aficiones, expediente académico, etcétera—; al día siguiente, cuando se descubrió que el agresor era hijo de una prima del propio Presidente, el poder judicial recordó a los medios que no se pueden dar datos que vulneren el derecho a la identidad de un menor. El chico era familia de Rajoy… es imposible tomarse en serio nada de esto. Si fuera el guión de una obra de ficción de desecharía por inverosímil, cutre y burdo. Y así ha sido hasta hoy, con tanta emoción que no importa lo que pase.

Los panoramas posibles tras los resultados del 20D son variables. Es evidente que todo va a depender del éxito de las alianzas que se planteen. El PP parece que solo podrá poner ojitos a C’s, pero es posible que ni con esas le sirva para formar gobierno, y menos aún un gobierno estable. Si Podemos pega el sorpasso al PSOE y queda en segunda posición, no sería descabellado ver una emulación de la fórmula griega del gobierno Syriza-Anel, que aquí formarían Podemos-Ciudadanos. Si el PSOE evita la debacle absoluta y consigue mantenerse aunque sea por poco por delante de los emergentes, ta vez el ejemplo a seguir sea el portugués, con un tripartito que evite la investidura de los populares. La cuarta posibilidad es que en tres meses se estén celebrando nuevas elecciones. Sea como sea, las casas de apuestas de las que hablamos no saldrán perdiendo. 

La política ha entrado en una nueva etapa en España, en cuanto a lo que tiene de show mediático y de farsa. Gana el que miente mejor. Si además baila, canta o cocina con talento, eso que lleva de ventaja. Todo el mundo sabe que el problema del desempleo y de la precariedad de las condiciones laborales y de derechos civiles, por ejemplo, ha ido a peor desde que empezó la crisis, y que el mito de la recuperación es eso, un mito, no una realidad. No hay menos parados, las horas trabajadas —de hecho— siguen bajando, pero se reparten en millones de contratos por horas, miles de jornadas incompletas. Además, los emigrados, tanto extranjeros como nativos, no paran de crecer. Pero no importa, quien diga de manera más convincente que va a generar dos —o doscientos— millones de empleos se lleva el premio de la papeleta. Es un ‘Tú sí que vales’ de la hipocresía, y un triunfo de la “ruizdaz”, por supuesto. Si el viernes se estrenó la última entrega de Star Wars, el domingo reponen El Gatopardo

Cuando Antonio Machado escribió aquello de “Ya hay un español que quiere vivir y a vivir empieza, entre una España que muere y otra España que bosteza”, no imaginaba, a buen seguro, que aquella España que bostezaba no terminaría de despertar, y que, casi un siglo después, la España que parecía morir sigue viva y coleando. 

Qué emocionante sería realmente la política, y la vida misma, si todo lo fuera el pueblo.

20 de diciembre, 2015

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