Bonnie & Clyde usan Pay Pal

Ted Bundy ya era guapo y atractivo antes de entrar en la cárcel y ser condenado por la violación y asesinato de decenas de mujeres en los años 70. De hecho a muchas víctimas les llevo a la muerte la belleza perfecta de su asesino.

Pero Ted Bundy nunca tuvo tanto éxito con las mujeres como cuando se hicieron públicos sus crímenes. Recibía cientos de cartas de chicas que querían estar con él, compartir tiempo, casarse, tener hijos con el monstruo. Algunas estaban locas y otras no lo parecían. Muchas consiguieron verle tras un cristal y lloraron de emoción. 

Ted Bundy se caso con Carole Ann Bonne durante el juicio y tuvieron una hija. 

Bonnie-and-ClydeBonnie Parker y Clide Barrow, 1933.

Sondra London lleva más de 30 años dejando a un asesino en serie y cogiendo a otro. Sondra London por ejemplo ha tenido relaciones sentimentales con los ya convictos Gerard Schaefer (34 asesinatos), Danny Rollins (8 personas destripadas) o Keith Jesperson (12 adolescentes asesinadas). 

Sondra London da mucho miedo. Casi más que sus parejas. 

Richard Ramirez mató a 14 personas y la prensa lo idolatró a su manera. Lo convirtió en un tótem de lo brutal y lo caótico. Darren Loy era una escritora que mantenía conversaciones con él, se carteaban y hablaban por teléfono con ánimo de escribir un libro. Loy se casó con Ramirez y estuvo junto a él el día que fue ejecutado. 

Sondra London y Darren Loy sufrían el llamado Síndrome de Bonnie & Clyde o hibristofilia; la atracción mental o sexual hacia la figura de alguien que ha cometido grandes crímenes. Cuanto más depravado, irracional o sistemático, más atracción. 

Durante toda la historia los grandes criminales, los grandes asesinos de masas, los más brutales dictadores o los más depravados monstruos han tenido grupis, hombres y, especialmente, mujeres que les han idolatrado y deseado. 

Las causas son varias; la excitación que supone el riesgo de estar con alguien que pueda hacerte lo mismo que a sus víctimas, la sensación de poder que adquieres al tener un compañero tan poderoso, la sumisión al monstruo, la fama que desprenden y de la que la nueva pareja forma parte. Pero también hay otras causas más inquietantes aún, como el sentimiento de egocentrismo máximo que posee alguien capaz de creerse en condiciones de cambiar al monstruo, de hacerle bueno. 

Asusta pensar que esas motivaciones tan dramáticas a veces son las mismas que se gestan durante los procesos de compra.

Compro algo horrible, producido por el trabajo esclavo, espectacularmente caro, desproporcionado para mi economía, nocivo para el medio ambiente, perjudicial para mi salud y la de los demás, insolidario, contrario a mis valores, abiertamente mentiroso, innecesario, dañino, programado para fallar, diseñado para enriquecer a mafias, inútil. 

Todos somos un poco Sondra London cuando deseamos marcas que son Ted Bundy o Richard Ramirez, salvando las distancias, los mordiscos y las cuchilladas.  Todos sentimos excitación con el riesgo al fumar cierta marca, excitación y poder al tener determinado coche, fama al consultar el periódico en cierto dispositivo. Todos en el fondo también queremos mejorar al monstruo, cambiarlo para que deje de ser malo y empiece a ser bueno. Porque sabemos que es malo y nosotros somos mejores. 

Nuestra posición de comprador es egocéntrica y débil. Creemos en cambiar el origen de lo que deseamos y compramos pero no somos capaces y nos sometemos a él. Tenemos un hijo con Ted Bundy porque no podemos soportar su belleza y su violencia. Porque la deseamos aunque nos arruinemos o tengamos más de lo que podamos consumir nunca. 

Hibristofilia es mandarle cartas al diablo ofreciendo tu cuerpo y tu alma. Es oscuro objeto de deseo. 

Y sobre todo, es objeto. Y los objetos, sencillamente, se pueden comprar.

* Pueden encontrar este texto también en Una pena no decirlo, web personal del autor. 

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