Robert Capa, leyenda de un hombre inventado

Gerda Taro y Endre Friedman, los “padres” de Robert Capa / Fred Stein/Getty Images.

Imagínense aparecer siempre en el peor momento de las cosas. Estar maldito a ser un eterno testigo de la tragedia. Imaginen que, por un azar desconocido, quedaran condenados a presenciar el instante inmediatamente previo a un crimen, la última mirada entre el asesino y su víctima, o el tiempo del después, con la sangre cubriendo el silencio, o el mismo presente en que sucede la desgracia, sacudidos una y otra vez por tantas explosiones, silbidos, alaridos. Sería terrible. Tal vez solo alguien que no exista, alguien ficticio, pueda soportar una vida de esa manera. Este artículo va sobre la única persona —no un hombre, no una mujer— que padeció este extraño síndrome durante el siglo veinte: Robert Capa, fotógrafo de guerra (y a veces de paz).

Preguntar “¿quién fue Robert Capa?” no es mera retórica de un narrador condicionado por el indirecto libre, porque el primer misterio del hombre que conocemos como Robert Capa es el de su propia identidad. Robert Capa es un personaje de ficción hecho realidad. El hombre al que recordamos con su rostro tuvo otro nombre, fue un húngaro llamado Endre Ernő Friedmann, nacido en Budapest en 1913, fotógrafo también, y que también tuvo por compañera —sentimental y de profesión— a una fotógrafa que cambió su nombre original por un pseudónimo, de Gerta Pohorylle a Gerda Taro. Pero no fue solo el pseudónimo de Endre. Robert Capa fue el personaje que Endre Friedman y Gerta Taro inventaron a comienzos de los años 30, cuando vivían en París: un supuesto fotógrafo norteamericano cuyas instantáneas resultaban irrechazables. 

Manifestación del Frente Popular, París, 1936 / Robert Capa/Magnum Photos.

Robert Capa fue la invención de este joven “matrimonio” de fotógrafos, el húngaro Endre y la alemana Gerta. Uno había huido de la Hungría fascista y otra de la Alemania de Hitler. Durante los primeros años de la década de los 30 retrataron la vida política y social de Francia, firmando ambos con el pseudónimo de Robert Capa. No deja de ser triste que el mero hecho del nombre inventado sirviese para cotizar mejor un trabajo fotográfico, pero así era, dos judíos de simpatías antifascistas no podían alcanzar el mismo caché que un misterioso estadounidense. Endre y Gerda se la jugaron al mercado periodístico de aquel entonces con mucha picardía y toda la legitimidad. La cercana cámara de aquel Capa se hizo famosa. En París fotografió la euforia callejera por la victoria del Frente Popular, el presente de una ilusión. Sin embargo, la ubicuidad de “los” Capa no iba a tardar en llegar a los escenarios sombríos que ya nunca abandonaría.

SPAIN. Barcelona. August 1936. Soldados republicanos que salen para el frente de Aragón : Robert Capa
Soldados republicanos parten al frente, Barcelona, agosto de 1936 / Robert Capa/Magnum Photos. 

La Guerra Civil española supuso el punto de inflexión para el hombre que hoy recordamos y para el personaje Robert Capa. Endre y Gerda viajaron a España, él con su cámara Leica de 35 milímetros, ella con una Reflex Korelle, entre otras. Y dispararon sus fotos lo más cerca del combate que era posible. El lema de Capa ya estaba presente: “Si la foto no es lo bastante buena, es porque no estás lo bastante cerca”. Tan cerca que la joven Gerda, el 26 de julio de 1937, cuando solo le faltaban seis días para cumplir 27 años, murió atropellada por un tanque en el frente de Brunete. Endre se quedó solo, viudo. Robert Capa fallecía en la mitad de su ser. Con ese hombre vivo que le quedaba y esa mujer muerta, siguió cargando su cámara por los peores escenarios bélicos del siglo veinte. Quizás entonces nació el verdadero Robert Capa, el personaje se materializó y nació un hombre con el extraño don de estar siempre en el lugar más cercano a la tragedia.

SPAIN. Cordoba front. September, 1936. Death of a loyalist militiaman.
Muerte de un miliciano, Córdoba, septiembre de 1936 / Robert Capa/Magnum Photos.

Todo lo que acompaña la carrera de Robert Capa desde España hasta Indochina, dieciocho años después, cuando falleció, está marcado por el misterio y un talento espeluznante e incontrovertible para retratar el drama bélico. De España el misterio es el de sus últimos días como ser completo ficticio, como tándem profesional y sentimental. La famosa fotografía del miliciano muerto en pleno combate ha venido siendo objeto de polémica desde hace años, cuestionada en la autenticidad del hecho que retrata. Las especulaciones sobre que pudo ser un montaje, una dramatización, han ido cobrando peso, hasta considerarse probadas. Pero hay otra incógnita más que recientemente se ha planteado: ¿quién disparó la fotografía, Friedman o Taro? Expertos mantienen que el formato de la copia —no se conserva el original— puede corresponder a la Reflex que durante la época en que fue tomada solía usar Gerda Taro, y no a la Leica de su compañero, como siempre se ha creído. 

FRANCE. Normandy. June 6th, 1944. Las tropas estadounidenses asalto Omaha Beach durante los desembarcos del Día D : Robert Capa
Desembarco aliado en Normandía, 6 de junio de 1944 / Robert Capa/Magnum Photos.

Otra de las leyendas, quizá la mayor de las que acompañan la figura de Robert Capa, fue la del fotógrafo desembarcando en Normandía con las tropas, disparando su cámara entre el infierno del bombardeo y las ráfagas de ametralladora de los nazis. Solo se conservaron once de sus fotografías del desembarco, todas ellas fuera de foco. Igualmente, se convirtieron en símbolo del sacrificio de aquella operación militar, el Día D murieron diez mil soldados aliados, la gran mayoría en Omaha, la playa donde se encontraba Capa. Durante años se ha explicado que solo existieran once fotos de Capa de Omaha por un error en los laboratorios de la revista Life, en Londres, donde la película de los rollos enviados por Capa, que presuntamente contenía unas cien fotografías, se habría estropeado por un problema en la secadora. Sin embargo, hoy día, expertos ponen en entredicho la versión oficial tanto de Life como la de las memorias de Capa, porque consideran que en aquellas películas no podía estropearse la emulsión solo por un fallo de secado. Es otro de los misterios que emergen en la leyenda de Capa, años después de su muerte.

GERMANY. Berlin. August, 1945. People on street lined with ruined buildings. : Robert Capa
Berlín, agosto de 1945 / Robert Capa/Magnum Photos.

Durante toda la Guerra Mundial Robert Capa dejó testimonio del horror multiplicado que había comenzado a retratar en España. Si en la fotos de la Guerra Civil había hueco para la ilusión de un pueblo movilizado contra la barbarie, en las de la contienda mundial todo lo domina el desaliento y la destrucción. La fotografía del soldado norteamericano recién disparado en un balcón, la rabia contra los colaboracionistas en la Francia que acababa de ser liberada, Berlín acribillado, destruido. Ni siquiera en los festejos ante la llegada de las tropas aliadas y el final de la guerra parece haber esperanza, solo una alegría tenue y un apesadumbrado manto de consuelo.

USSR. Ukraine. Kiev.
Kiev, 1947 / Robert Capa/Magnum Photos.

Después de la guerra, por poco tiempo pero al fin, Capa encontró la paz también en su interior. En 1947 fundó la agencia Magnum junto con otros grandes nombres de la fotografía mundial, y se convierte en la más prestigiosa empresa fotográfica del siglo. Robert/Endre viaja para retratar felicidad y futuro. Inmortaliza a numerosas personalidades del arte y la cultura. Vuelve a su Hungría natal. Pasa por Polonia, por Checoslovaquia y hace un viaje con el escritor John Steinbeck a la Unión Soviética que significará una de las colaboraciones más legendarias entre la literatura y la fotografía.

INDOCHINA. May 25, 1954. Esta es una de las últimas imágenes tomadas por Robert Capa con su cámara Nikon antes de que él pisó una mina y murió a 14.55. : Robert Capa
Una de las últimas fotos tomadas antes de su muerte, en Vietnam, el 25 de mayo de 1954 / Robert Capa/Magnum Photos. 

Pero la guerra no se hizo esperar, en 1954, casi por casualidad, Robert Capa volvió al frente, supliendo al fotógrafo de Life que hasta entonces había cubierto la guerra de Indochina —Vietman— contra los franceses. El 25 de mayo de 1954 avanzaba con un pelotón del ejército francés por una zona de bosque, decidió adelantarse para fotografiar el avance. Eran las tres menos cinco de la tarde cuando pisó una mina que le hirió gravemente. Murió camino del hospital. Había llegado la última vez que se ubicaba en la cuerda floja, en el momento del drama, en el peor lugar del mundo. El hombre inventado murió, murió la mitad de su ser que quedaba en pie. Y se acabó para siempre la vida del fotógrafo más cercano, del testigo más sufrido. Nació la leyenda de su cámara fundamental.

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