Las obsesiones animadas de Hayao Miyazaki

“Existir aquí, ahora, significa perder la posibilidad de ser otras innumerables personalidades potenciales”. Una frase que constituye toda una declaración de principios, en boca de Hayao Miyazaki, uno de los más grandes maestros del cine japonés de animación, que a través de sus obras es capaz de transportarnos desde un difuso siglo XIX cuajado de ingenios volantes, hasta la guarida de un espíritu del bosque; desde una casa de baños cuyos clientes son dioses, hasta las entrañas de un castillo que se desplaza sobre patas de ave. No existen límites para la imaginación de este mago del anime.

Todas las personalidades potenciales que le hubiera gustado ser son las que protagonizan sus películas, once dirigidas personalmente por él y muchas otras en las que ha ejercido de productor a través de la mítica productora Studio Ghibli, además de las que pueblan las innumerables series de televisión en las que participó, con títulos tan conocidos para el gran público como Heidi o Marco, por poner dos ejemplos.

Miyazaki-El viaje de ChihiroEl viaje de Chihiro (2001) / Studio Ghibli/Tokuma Shoten/Dentsu/Walt Disney Pictures.

Mi primer contacto con Miyazaki fue a través de mis hijas y en concreto por medio de un DVD que alquilé en un videoclub para que pasaran la tarde. Sin antecedentes sobre el autor, pensé que era otro de los productos audiovisuales insulsos destinados al entretenimiento infantil. No obstante, al pasar casualmente por delante del televisor en donde estaban viendo la película me quedé enganchado a lo atractivamente extraño de la estética del film, que parecía la puerta a un universo con unas reglas completamente distintas al nuestro cotidiano. Antes de devolver el disco al videoclub me vi completo de principio a fin El viaje de Chihiro y comprendí que tenía que escarbar hasta el fondo en la filmografía de este director japonés, hasta el momento desconocido para mí.

Un rápido esbozo del personaje nos llevaría a su primer empleo como animador para la compañía Toei Dõga en 1963, que encuentra cuando acaba sus estudios de Economía Política (¡paradojas de la vida!). Allí conoce a dos personas que marcarán su evolución profesional, Isao Tahakata y Yasuo Õtsuka, con los que cambia repetidamente de trabajo y de productora participando en el rodaje de series como Panda y sus amigos (1972), Heidi (1974) y Marco de los Apeninos a los Andes (1976).    

Miyazaki-Mi vecino TotoroMi vecino Totoro (1988) / Studio Ghibli.

Los primeros largometrajes que dirige Miyazaki son El castillo de Cagliostro (1979), sobre el personaje de la serie de animación de televisión Lupin III, y la fantasía futurista distópica Nausicaä del Valle del Viento (1984). Pero el verdadero punto de inflexión en su carrera llega en 1985 con la creación junto a Tahakata de su propia empresa, Studio Ghibli, en la que desarrolla el resto de su carrera con éxitos como la citada El viaje de Chihiro, que le valió un Oscar en la edición de 2002, Mi vecino Totoro (1988), El castillo ambulante (2004) o su última obra hasta la fecha, la bellísima El viento se levanta de 2013. 

En su monumental estudio sobre el realizador japonés (El mundo invisible de Hayao Miyazaki, 2012), la doctora Laura Montero Plata afirma que “la obra de Hayao Miyazaki está entretejida a partir de una serie de temáticas transversales y elementos recurrentes, que configuran su mundo cinematográfico”. Es precisamente sobre esos “elementos recurrentes” u obsesiones del autor en torno a los que quiero articular el análisis de su obra.

Miyazaki-El castillo ambulanteEl castillo ambulante (2004) / Studio Ghibli.

“Las almas de los niños son los herederos de la memoria histórica de las generaciones anteriores”, afirma Miyazaki. La importancia que concede a la infancia en sus películas es crucial: la mitad de ellas están protagonizadas por niños o niñas. Otro rasgo común de su obra son los personajes femeninos “fuertes, valientes, niñas autosuficientes que no se lo piensan dos veces antes de luchar por lo que creen con todo su corazón”. Chihiro, Nausicaá, Sheeta de El castillo en el cielo o Sophie en El castillo ambulante, son ejemplo de estas mujeres independientes, que en palabras de su creador, “necesitarán un amigo, o un partidario, pero nunca un salvador”.

La naturaleza y la defensa del medio ambiente es otro de los temas que aparece repetidas veces en la filmografía del autor, que opina que “el período Showa —reinado del emperador Shōwa (Hirohito) que abarca desde el 25 de diciembre de 1926 al 7 de enero de 1989— fue triste porque la naturaleza, las montañas y los ríos, todo ello estaba siendo destruido en nombre del progreso económico. Sin embargo no aprendemos nada de lo acontecido en el pasado”. Ya en Nausicaä del Valle del Viento de 1984 proyecta esta preocupación ecológica a un distópico siglo XXX en el que la Tierra ha sido devastada por una guerra nuclear y lo que queda de humanidad sobrevive como puede en un bosque tóxico por el que campan insectos gigantes mutantes.

Miyazaki-NausicaáNausicaä del Valle del Viento (1984) / Hakuhodo/Nibariki/Tokuma Shoten/Topcraft. 

Aunque esta vez la acción está situada en el pasado del siglo XVI (era Muromachi), también en La princesa Mononoke (1997) la acción agresiva de los humanos sobre el medio natural se vuelve en contra de ellos a través del elemento simbólico de una maldición y los animales, especialmente los jabalíes, le declaran la guerra abierta al depredador.

En otra línea narrativa, en Ponyo en el acantilado (2008) Miyazaki introduce la idea de buscar el equilibrio entre el progreso y el entorno mediante el relato de un pez que al buscar convertirse en una niña altera el equilibrio natural. Un tsunami, preludio del que arrasó Japón en 2011, centra gran parte del metraje del film. Pero es en uno de los más grandes éxitos de Ghibli, Mi vecino Totoro de 1988, en el que se establece la necesidad de establecer una comunión con el medio natural. El argumento gira en torno a dos hermanas, Mei y Satsuki, que se instalan a vivir en el campo con su padre mientras su madre convalece en el hospital por una larga enfermedad. En el marco rural entrarán en contacto con seres sobrenaturales benignos que representan a la naturaleza: los duendecillos del polvo y sobre todo, el gran Totoro, el rey del bosque, y sus réplicas en miniatura.

Miyazaki-Ponyo en el acantiladoPonyo en el acantilado (2008) / Studio Ghibli.

En paralelo a la naturaleza, la tradición japonesa es otra de las obsesiones de Hayao Miyazaki, al que vuelvo a ceder la palabra: “las fronteras se están aboliendo. Paradójicamente, los hombres que no tienen un lugar de pertenencia son despreciados. Un lugar es un pasado, es una historia. Pienso que los pueblos que han olvidado su herencia van a desaparecer…”. Es por ello que la mitología y el folclore nipones están muy presentes en su obra, en las citadas La princesa Mononoke y Mi vecino Totoro, pero con especial intensidad en una de las cumbres de su cine, El viaje de Chihiro (2001). 

En este film, galardonado con el Oscar el mejor film de animación en 2002, una niña llamada Chihiro y sus padres llegan a lo que parece ser un complejo turístico abandonado que resulta una casa de baños para dioses. La dueña, la bruja Yubaba, convierte a los progenitores en cerdos y la niña tendrá que internarse en un mundo mágico para liberarlos. Los elementos del sintoísmo primitivo japonés aparecen desde el principio de la película, como los torii o arcos de acceso a los templos y los hokoras o pequeños santuarios.

Miyazaki-La princesa MononokeLa princesa Mononoke (1997) / Studio Ghibli/DENTSU Music And Entertainment/Nibariki/Nippon/ Television Network Corporation (NTV)/TNDG/Tokuma Shoten.

Pero es sobre todo la colorida fauna de seres que aparecen en El viaje de Chihiro la que nos remite a los mitos y leyendas del archipiélago. La tradición nos transmite que los dioses o kami vivían en Tokoyo, más allá del mar, y visitan la tierra de los hombres en el “barco del tesoro”. Y efectivamente, en el film los dioses llegan a la casa de baños de Yubaba en un barco iluminado y sus grotescos aspectos se corresponden con los de los personajes de la mitología nipona.

La familia de Hayao Miyazaki estaba relacionada con la industria aeronáutica lo que ha condicionado la pasión del realizador por los aeroplanos. Su padre dirigía Miyazaki Airplane, una empresa que fabricaba los timones del legendario caza Mitsubishi ASM6, más conocido como Zero. Diversos tipos de aeronaves más o menos fantásticas aparecen en algunos de sus films, como El castillo en el cielo y El castillo ambulante, pero hay dos títulos específicamente dedicados a los aviones: Porco Rosso y El viento se levanta.

Miyazaki-El castillo en el aireEl castillo en el cielo (1986) / Studio Ghibli.

Porco Rosso (1992) es la historia de Marco Magot un caza recompensas convertido en cerdo por una maldición, que pilota un hidroavión y combate a piratas aéreos. La acción está situada en Europa, en torno al mar Adriático, en un difuso periodo de entreguerras, a pesar de que hay alusiones directas al fascismo y a la guerra europea. Lo que en principio iba a ser la adaptación al cine de un manga de aventuras aéreas adquirió tonos más duros y críticos al coincidir el rodaje con la guerra de los Balcanes.

Por otra parte, El viento se levanta, de 2013, es el último largometraje de Miyazaki hasta la fecha (y según él, el último, aunque ya veremos…) y es la única producción de Studios Ghibli basada en un personaje histórico real. El protagonista es Jirō Horikoshi, el hombre que diseñó el avión japonés Zero, el caza más eficaz y representativo de la fuerza aérea japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. 

porco rosso miyazakiPorco Rosso (1992) / Studio Ghibli/DENTSU Music And Entertainment/Nibariki/Nippon/ Television Network Corporation (NTV)/TNDG/Tokuma Shoten.

La aviación nos lleva directamente a otro de los temas que obsesionan a Miyazaki: la guerra. Cuando en 2002 El viaje de Chihiro recibió el Oscar al mejor film de animación, su director no acudió a recoger el premio como forma de protesta: “no asistí al evento por una sencilla razón: me parecía deshonesto visitar un país que actualmente está bombardeando Irak”. Nacido en 1941, Hayao Miyazaki vivió su primera niñez bajo los bombardeos de la ciudad de Utsunomiya, a donde había sido evacuada su familia. En alguna ocasión, en sus intervenciones públicas ha recordado cómo huyeron de la ciudad en llamas cuando tenía cuatro años, algo que marcó para siempre su militancia pacifista. 

La pasión por la aviación del realizador a menudo entra en conflicto con su antibelicismo, puesto que, como relata El viento se levanta, los principales avances de la aeronáutica se aplicaron en los aviones de combate. Las dudas a este respecto que manifiesta Miyazaki en boca de Jirō, su protagonista, reciben la justificación moral de su amigo Honjo, también ingeniero aeronáutico: “nosotros no somos comerciantes de armas, sólo nos interesa construir buenas aeronaves”.

Miyazaki-El viento se levantaEl viento se levanta (2013) / Studio Ghibli.

La reflexión sobre lo absurdo de la guerra está presente en buena parte de sus obras, como Nausicaä del Valle del Viento, La princesa Mononoke o El castillo ambulante, en este caso llevando la guerra total de los bombardeos periódicos de ciudades de la Segunda Guerra Mundial a un siglo XIX imaginario.

La última obsesión de Hayao Miyazaki que quiero tratar aquí es su afición por la estética steampunk, algo especialmente relevante en los films El castillo en el cielo (1986) y El castillo ambulante (2004). El steampunk o retrofuturo hace alusión a una corriente literaria y artística que recrea una estética decimonónica victoriana caracterizada por adelantos tecnológicos basados en el carbón y el vapor: recargados barcos de acero, coches propulsados a vapor, pintorescas máquinas voladoras…

En ambas películas la acción transcurre en un siglo XIX alternativo, plagado de ingenios mecánicos —generalmente aeronaves y otros medios de transporte—, directamente inspirados en las novelas de escritores como Julio Verne y especialmente en las obras de “anticipación” del ilustrador Albert Robida, como La guerre au vingtième siécle (1887) y La vie électrique (1892). Uno de los mayores logros estéticos steampunk de Miyazaki es la guarida del maestro Howl que camina sobre patas en El castillo ambulante.

Hayao Miyazaki ha conseguido llevar la animación cinematográfica a unas cotas intelectuales y estéticas que superan con creces el carácter infantil y de entretenimiento banal que suele caracterizar al género. Rezamos para que no cumpla su palabra y que El viento se levanta no cierre su filmografía.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies