El último haka de Jonah Lomu

Jonah Lomu, dejando por el camino a gran parte del XV de la Rosa.

Allá por 1995 se pusieron de moda dos camisetas deportivas entre la chavalería española: la del Borussia Dortmund campeón de la Bundesliga, que sedujo a los más pequeños con su fuerte contraste de negro y amarillo chillón; y el elegante y sobrio polo negro de una selección de rugby, los All Blacks de Nueva Zelanda, que pobló las discotecas de medio país con un ejército de jóvenes en uniforme de luto. En el Borussia dos jugadores exquisitos habían popularizado el amarillo fosforescente, el delantero Stéphane Chapuisat y el pivote Matthias Sammer. La novedosa irrupción de la equipación de un deporte tan minoritario como el rugby por estos lares se debió a otro modelo deportivo excepcional, también exquisito, pero a la vez brutal, un portento de la naturaleza, al ala Jonah Lomu.

En los estertores de la primavera del 95 ocurrió algo imprevisto, la causa de la fiebre por las camisetas de los All Blacks en España —y el mundo entero, que continúa hasta la actualidad—. Se disputó la Copa Mundial de Rugby más importante de la historia: por su significado histórico —especialmente en Sudáfrica—, y por su naturaleza de punto de inflexión en cuanto a la concepción global del propio deporte. El símbolo de tal evento fue un joven de apenas 20 años, la personificación del ímpetu y la fuerza de una raza, la máxima expresión de la juventud del hombre: Jonah Lomu. Los All Blacks eran, han sido siempre, la selección más afamada del rugby mundial —lo que no significa necesariamente la mejor—. En la Copa del 95 partieron como favoritos, y según avanzó el mes de competición ratificaron dicha condición. A ello contribuyó el juego imponente de su jugador más bisoño, el más joven debutante con la selección, un chavalote que cumplió los 20 en pleno campeonato, de casi dos metros de altura y más de cien kilos, con rasgos maorís de no haber roto un plato, pero que corría los cien metros en menos de once segundos y que hacía temblar la hierba como una manada de innumerables fieras salvajes cada vez que cogía el balón y arrancaba a correr. Jonah Lomu se metió al mundo en el bolsillo y consiguió que gran parte del mundo viera, por primera vez, un partido de rugby.



La Copa Mundial del 95 pasó a la historia. Y Lomu con ella, haciendo algo imposible: eclipsar un hecho histórico. Porque, como se sabe, la sorpresa saltó en la final. La Copa se celebrara en la Sudáfrica que salía de la pesadilla del Apartheid, que estaba atareada en desperezarse definitivamente de ella. La casualidad quiso que el título lo disputaran el gran favorito, los All Blacks, con el anfitrión, Sudáfrica. Ganaron los sudafricanos en el último momento, con un drop en la prórroga que significó la victoria de un pueblo dispuesto a avanzar en la historia, más que la de un mero equipo deportivo. Clint Eastwood lo contó con su habitual maestría en el film —un tanto edulcorado— Invictus. Sin embargo, a pesar del enorme significado histórico que tuvo el título, el primer recuerdo de aquel campeonato es siempre para un solo hombre, Jonah Lomu. Su actuación deportiva fue tan sobresaliente, tan nunca vista, que ni la Historia —con mayúscula— pudo detenerle. Lomu batió el record de ensayos en un Mundial, y se coló sin oposición y para siempre en los anales deportivos en aquella semifinal contra Inglaterra en la que hizo cuatro tries, incluyendo aquel que se convertiría en la jugada más vista de la historia rugby, en el que pasó por encima del gran apertura Mike Catt, dejándolo arrollado sobre la hierba en una contorsión imposible. Era la demostración no ya de una fuerza y una habilidad conjugadas como nunca antes en el rugby, sino del poder de la determinación, de mirar al frente, a un objetivo, y no detenerse hasta alcanzarlo.

Con Lomu el rugby dejó definitivamente atrás la época del amateurismo. Él se convirtió en una estrella mundial. Y fue estupendo, porque sirvió para propagar una concepción del deporte, propia del rugby, en la que los valores del respeto y la honradez prevalecen sobre cualquier cosa, incluido el objetivo de ganar. Los All Blacks y Lomu se convirtieron en el emblema de ese austero honor, aunque no se llevasen el título. Su haka, el baile de guerra y respeto y maorí con el que inician sus encuentros se convirtió en otro elemento simbólico que definía este deporte de aparentes brutos nobles. Lomu fue la representación del poder de algo puro, idealmente puro quizás, y por eso resultó tan chocante comprobar la fugacidad de su estrella, la triste caída a la realidad de todo sueño humano. En 2002 se le diagnosticó una seria enfermedad renal, tuvo que comenzar a dializarse y finalmente, en 2004, se sometió a un transplante de riñón. La enfermedad le retiró temporalmente del terreno de juego, volvió después de la operación, pero su nivel ya nunca se acercó al de finales de siglo. Luchó denodadamente contra la posibilidad  de esa retirada prematura, y lo consiguió, con la humildad que suele ser común entre los jugadores de rugby, asumiendo que ya no sería jamás una estrella, que solo sería el recuerdo de ella. 

La haka tradicional que los All Blacks cantaron siempre antes de los partidos es una composición de Te Rauparaha, un guerrero mahorí del siglo XIX. Canta la celebración de la vida sobre la muerte, la historia de supervivencia del guerrero tras la batalla. Dice: “Ka mate! Ka mate! Ka ora! Ka ora!”; que significa: “¡Muero! ¡Muero! ¡Vivo! ¡Vivo!”. El 17 de noviembre de 2015, a los 40 años, el que fuera símbolo del ímpetu y la agilidad juvenil, Jonah Lomu, fallecía imprevistamente, pacíficamente, en su casa de Auckland. La muerte intentó vencer sobre la vida. Pero de nada le sirvió llevarse al guerrero, éste ya había triunfado sobre ella, porque lo que hizo en vida no será olvidado. A buen seguro se fue cantando: “Ka ora! Ka ora!”.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies