Aleksandr Ródchenko, un mundo por descubrir

El problema suele ser mirar demasiado, tratar de abarcarlo todo. Conviene detenerse en una imagen, concentrarse en ella, y observar. Estas ideas son convicciones en las que conviene creer para casi todas las cosas de la vida, y deberían volverse principios si hablamos de arte. A los grandes artistas hay que conocerlos poco a poco, especialmente a aquellos con vidas y carreras de largo recorrido. Debería considerarse su conocimiento progresivo casi una prescripción médica. Imagínense descubrir a Picasso por el Guernica y tratar de zamparse en una tarde una infinidad de volúmenes de su obra. O zambullirse en Las ninfeas de Monet y echar marcha atrás sobre su medio siglo de obra precedente. Nos perderíamos, aturdidos. Con ciertos artistas no se puede hacer eso, hay que ir poco a poco. Algunos hicieron tantas cosas y tan magníficas que por salud —la propia— y para disfrutar al máximo de ellas hay que abordarlas por separado. Uno de esos monstruos del arte es Aleksandr Ródchenko. Tocó tantos campos y fue tanta la importancia de su contribución a la historia del arte moderno, que sería imposible tratar con seriedad en un solo golpe todos sus méritos. Es difícil decir —acaso imposible— en qué faceta destacó más, si en la pintura, la escultura, el trabajo artístico publicitario, el cartelismo, o la fotografía. Sin embargo, un dato obliga a reforzar la atención sobre uno de estos aspectos: Ródchenko, que comienza joven a sentar las bases del arte moderno, no dispara una sola foto hasta después de los 30 años, pero entonces, en 1922, abandona las demás disciplinas para dedicarse enteramente a la fotografía. Y se convierte en la cámara más arriesgada y original del mundo entero.

Alexander Rodchenko Fire escape 1925 Museum Moscú Casa de la FotografíaEscalera de incendios, 1925 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Adentrarse en la fotografía de Aleksandr Ródchenko es como montarse en una montaña rusa. Las sensaciones son de vértigo, violentas. Una perspectiva completamente nueva del mundo. Para disfrutarla sin riesgo de quedar ofuscado —siguiendo leales a los principios de ir poco a poco con los grandes— lo mejor es concentrarse en unas pocas imágenes. Una ingesta demasiado copiosa de las fotografías de Ródchenko puede resultar abrumadora. 

Alexander Rodchenko Shukhov Tower 1929Torre Shukhov, 1929 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Lo primero que hay que comprender para comprender la proposición que hace Ródchenko con sus fotos es su condición de artista revolucionario, de artista bolchevique. La nueva sociedad requería de una nueva perspectiva en todos los ámbitos, una manera nueva de ser retratada. Y sus enfoques, cenitales y contrapicados, contribuirán a demostrar que las cosas pueden ser vistas de otra manera, y resultar novedosamente hermosas. Era mucho más que un ejercicio de exhibicionismo, sus fotografías eran una postura política. Un hombre en una escalera de incendios, contemplado desde el suelo, se convierte en un hombre subiendo al infinito. El efecto es de vértigo, a tan solo un metro del piso, porque lo fotografiado es el horizonte hacia el que el hombre se dirige. Desde abajo las torres eléctricas y los monumentos constructivistas adquieren toda la solemnidad de su gran dimensión, como si solo contra el cielo de fondo tuvieran sitio para expandirse.

Alexander Rodchenko They gathered for the demonstration 1928Ensayando para el desfile, 1928 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Las escenas callejeras, ya sean de multitudes o de transeúntes solitarios se demuestran extraordinarias narraciones. Las mujeres que observan desde las terrazas de sus casas los ejercicios de un grupo de estudiantes o de deportistas, a otros paseantes tranquilos y los charcos como continentes en el mapa de un nuevo mundo, son solo una primera parte de una imagen poblada de historias posibles, reales o imaginadas. Lo mismo ocurre con la mujer que sube sola una escalinata, con su hijo y su sombra a cuestas. El juego de diagonales que forma una cruz entre los escalones y la figura de la mujer, así como el duro contraste de sombras y luces en blanco y negro, hacen de esta mujer todas las mujeres, parte de un dibujo simbólico, del afán de una madre avanzando por parajes dificiles, a contracorriente, sin miedo. Pero a la vez permite acercarse a ella, la mujer en concreto, real, e imaginar su relato, a dónde va, cuál es su rutina, qué piensa, qué siente. La fotografía, un instante congelado, alcanza un dinamismo irrefrenable. 

Rodchenko-Escalera-1930Escalera, 1930 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Pero no todo es la ciudad, el plano general, el paisaje de un mundo nuevo. También está el retrato, la cercanía, las edades del ser. En el niño que toca la trompeta, hincha sus carrillos y queda inmortalizado como una estatua antigua, de una civilización milenaria, como un tótem, una “imagen” en el más amplio sentido cultural del término. El pionero y su trompeta, el chico y el instrumento, son una misma realidad indisociable, el signo de los tiempos, la técnica y el arte. La trompeta pierde su forma completa, igual que el robusto niño, para quedar unidos en una nueva identidad. 

Alexander Rodchenko Pioneer with a trumpet 1930Pionero con trompeta, 1930 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

De la niñez a la edad adulta. La cámara Leica que tanta libertad le concedió a Ródchenko le permitió disparar, quizás, su más hermosa, evocativa y misteriosa fotografía, la de la joven mujer que espera en el anden de una estación. El traje blanco, la sombra de una celosía que convierte la espera en el espectáculo de una colmena luminosa, donde los ojos de la chica lo mismo cuelan su mirada al exterior que quedan velados para el voyeur

rodchenko-Chica-Leica-1934Chica con Leica, 1934 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Y finalmente, la madre y la vejez, el final del camino. En 1924 Rodchenko fotografió a su propia madre leyendo el periódico. El resultado fue un rostro universal, el de la concentración y el anhelo de saber. Un primerísimo primer plano, tan diferente de los planos generales cenitales o de los grandes contrapicados de altos edificios, y sin embargo tan similares. La anciana de severo y concentrado gesto es la pobladora de esos lugares, la calle y el edificio de viviendas, de la estación siempre actualizada de sombras.

rodchenko_madre_1924Madre, 1924 / Foto: Aleksandr Ródchenko/Casa Museo de la Fotografía de Moscú.

Con solo unas pocas fotografías se puede comenzar a vislumbrar la enorme originalidad y capacidad en todos los terrenos de Aleksandr Ródchenko. Siete imágenes como escueto prólogo para adentrarse en la historia y obra de un hombre esencial de su tiempo. Una muestra mínima, como una señal de aviso, tan solo para animar a aventurarse en el trabajo de un artista genial, para saber de sus conceptos artísticos y para conocer el resto de su obra: los cuadros que antecedieron gran parte de la vanguardia del siglo XX, los collages y carteles que están en la misma base del imaginario colectivo actual, adaptados a todos los mensajes que recibimos a diario, y por supuesto, una fotografía arriesgada e imaginativa, la de un mundo por descubrir.

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