Phil Ochs, el titular convertido en verso

Dentro del cartel del folk norteamericano de los 60 aparecen en grandes caracteres el magno Dylan y la que un día fuera su novia Joan Báez, y en una tipografía algo más pequeña nombres como Kingston Trio, Peter, Paul & Mary o Ritchie Havens. Representantes de toda una generación de músicos de guitarra de palo que recogió el testigo de la música tradicional de los Estados Unidos de la mano del desaparecido Pete Seeger, alumno aventajado del inmenso Woody Guthrie.

Algunos se limitaban a  recrear o imitar las melodías que habían escuchado sus abuelos; otros les inyectaban además un mensaje político y revolucionario en un momento en que la sociedad empezaba a concienciarse de que el futuro del mundo colgaba de un delgado hilo que evitaba la guerra nuclear; una sociedad que sin saber cómo se vio protagonista de una guerra descomunal en el extremo sur de Asia y en la que las minorías étnicas habían comenzado a luchar por sus derechos civiles. Y entre la letra pequeña del cartel del folk protesta para tiempos revueltos figura el nombre de Phil Ochs.

Phil Ochs. NYC, 1967. Foto-MichaelOchsPhil Ochs, durante una protesta contra la guerra de Vietnam, Nueva York, 1967 / Foto: Michael Ochs.

La primera tentación que le entra al que decide ponerse a escribir sobre Phil Ochs es compararle con Dylan: pintarle como un Dylan-quiero-y-no puedo, como un anti Dylan o como un Dylan fiel a sus principios… Pero no es justo: Ochs es un artista con una personalidad y un valor propios, a pesar de haber coincidido en tiempo y formas con el trovador de Minnesota.

A diferencia de Bob Dylan, Phil Ochs no sobrevivió —o no quiso sobrevivir— al espíritu de su época y puso fin a su vida un día de abril de 1976. En cambio, el maestro ha sabido evolucionar como un camaleón y seguir impresionando década tras década. Pero Ochs quedó atrapado para la eternidad en el sueño hippie.

Tejano de la ciudad de El Paso y periodista de formación, Phil Ochs desembarcó en el Village neoyorquino en la primera mitad de los sesenta, cuando el barrio bullía de ideas y creatividad. Empezó a tocar en clubes y a componer canciones comprometidas, definiéndose a sí mismo como un “reportero cantante”, pues, como afirmó en una ocasión, “cada titular es una canción potencial”. Esta técnica de construir canciones protesta sobre noticias del día a día no era nueva, de hecho Woody Guthrie ya la practicaba varias décadas antes.

Sobre lo anterior, cuentan una anécdota en la que, tras criticar Ochs una canción de Bob Dylan, éste le expulsó de su limusina al grito de “tú no eres un cantante folk, eres un periodista”.

Aunque ya tenía un nombrecillo en el circuito folk y había participado en el festival de Newport de 1963, el empujón a su carrera vino de la mano del “hada madrina” Joan Baez (impulsora igualmente de la carrera de Dylan), que versionó su There but fortune en 1964 colocando el tema en el hit parade.

Phil Ochs se convirtió en un verdadero trovador de las causas sociales en una época, la de los sesenta, en la que no le faltaron temas sobre los que componer. La guerra de Vietnam fue uno de sus principales motivos de protesta (I Ain´t Marching Anymore, White Boots Marching On A Yellow Land), pero también otros como el racismo en el sur de los Estados Unidos (Here´s To The State Of Mississippi) o la juventud marginal de los barrios neoyorquinos (Lou Marsh).

Phil Ochs-policePhil Ochs / Foto: Shannon Hammock.

A pesar de confesarme devoto admirador de Bob Dylan, debo decir que Phil Ochs tenía una voz mucho más bonita, y aunque esto es más discutible, creo que una mayor habilidad para componer melodías bellas. Su forma de escribir no llega a la genialidad de Dylan, aunque sabe hacer un uso de las palabras para crear imágenes increíblemente bonitas, incluso hablando sobre temas terribles, como la guerra en Vietnam: “It’s written in the ashes of the village towns we burn / It’s written in the empty bed of the fathers unreturned”. “Está escrito en las cenizas de las aldeas que quemamos / está escrito en la cama vacía de los padres que no volvieron”. (White Boots Marching On A Yellow Land)

Pero también era capaz de escribir letras muy sugerentes sobre temas sin contenido político: “Sit by my side, come as close as the air, / Share in a memory of gray; / And wander in my words, dream about the pictures / That I play of changes”. “Siéntate a mi lado, júntate tanto como el aire, / comparte un recuerdo en gris; / y vaga en mis palabras, sueña sobre los dibujos / que interpreto de los cambios”. (Changes)

A partir de 1967, y siguiendo la tendencia impuesta por Dylan, Phil Ochs abandona las piezas folkies interpretadas únicamente con la guitarra acústica y se electrifica, incorporando en ocasiones arreglos orquestales en las canciones, como es el caso de la épica Pleasures of the Harbor. En esta época lanza los álbumes Pleasures of the Harbor (1967), Tape from California (1968), Rehearsals for Retirement (1969) y Greatest Hits (1970), que a pesar de su nombre solo contenía material inédito. La crítica no queda muy convencida con el cambio.

Los años setenta nos presentan a un Ochs que  mezcla su tradicional consumo de Valium para controlar los nervios con excesivas cantidades de alcohol. Poco a poco ha ido perdiendo voz y se halla sumergido en una continua sequía creativa.

A pesar de su cambio estilístico en lo musical su compromiso político de izquierdas continúa intacto y, de hecho, durante estos años visita varios países de América Latina y entabla amistad con el cantautor chileno Víctor Jara. Posteriormente también viaja a algunas naciones de África.

Phil OchsPhil Ochs / Creative Commons.

Sin embargo, Phil Ochs no vería el fin de la década. Nadie sabe muy bien qué le impulsó a suicidarse. Pudo ser por verse desplazado en una época que ya no era la suya, una vez que acabó el sueño dorado de los sesenta, o bien porque no pudo soportar más su progresivo deterioro físico y creativo. Lo cierto es que la mañana del 9 de abril de 1976 se ahorcó en su domicilio una vez que se quedó allí solo.

 Phil Ochs prometió volver porque “solamente el amor libera al fuego de quemar”, como dejó escrito en Song of my Returning cuya estrofa final convertiremos en su epitafio:

“With every strength remaining / I will suffer one more scene / I’ll gather all my dreams / And with my final breath / I’ll lay them at your feet / Yes, I’ll be back again no matter where I go / For it’s only love that frees the fire for burning / Then I’ll take you in my arms / and tell you all I know / As I sing the final song of my returning”.

Con todas las fuerzas que me queden / sufriré una escena más / reuniré todos mis sueños / y con mi suspiro final / los depositaré a tus pies / sí, volveré de nuevo no importa dónde vaya / porque solamente el amor libera al fuego quemar / entonces te cogeré entre mis brazos / y te contaré todo lo que sé / mientras canto la canción final de mi retorno”.

* Este artículo ha sido reeditado digitalmente en Drugstore con el permiso de los amigos de LasDosCastillas.

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