El genocidio de Indonesia: medio siglo de horror victorioso

El mundo comenzó a enterarse de lo que había sucedido en Indonesia en 1965 y 1966 después de casi cincuenta años, gracias a las películas The Act of Killing y La mirada del silencio, dos sobrecogedores documentales de Joshua Oppenheimer. Aún así, el genocidio perpetrado sobre una cifra entre el millón y los dos millones de comunistas indonesios sigue siendo el más velado de los grandes crímenes de lesa humanidad del siglo XX. Es así porque quienes lo cometieron, vencieron. Y mandan hoy en Indonesia.

indonesia 1965 genocidioIndonesia, 1965.

Indonesia es un país compuesto por más de diecisiete mil islas, con más de doscientos cincuenta millones de habitantes. Se trata del cuarto país más grande del mundo. Y el de mayor número de musulmanes. Indonesia fue, desde inicios del siglo XVII hasta el XX, colonia holandesa. Su declaración de Independencia formal se produjo el 17 de agosto de 1945, dos días después de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial. El episodio indonesio de los años de la contienda mundial sirve para comprender el carácter de las contiendas imperialistas, es decir, entre potencias capitalistas en su fase última de desarrollo histórico: Indonesia se convirtió en campo de batalla entre la Holanda —vieja potencia colonial, apoyada por Inglaterra— y el Japón del Eje. Tras la derrota japonesa, los indonesios aún tuvieron que continuar cinco largos años de lucha contra el poder holandés y británico. Exactamente el 17 de agosto de 1950, Sukarno, a la postre primer presidente del país, proclamó la República Unitaria de Indonesia.

El gobierno de Sukarno, líder nacionalista en la órbita de la no-alineación, contó con el apoyo del Partido Comunista de Indonesia (PKI). Los nacionalistas y los comunistas fueron los dos partidos más votados en las primeras elecciones, que dejaron un panorama parlamentario enormemente fragmentado. El PKI, no obstante, era la principal fuerza política del país; en 1965 contaba tres millones de militantes, siendo el partido comunista más grande del mundo en un país no socialista. Por este motivo, su influencia en el gobierno era importante. Y por este motivo, los Estados Unidos hicieron su aparición en escena. 

El 30 de septiembre de 1965 se produjo un intento de golpe de Estado sumamente confuso. Seis altos mandos del Ejército fueron asesinados. Los instigadores eran militares del ala más derechista del nacionalismo indonesio, que contaban con el apoyo de la embajada estadounidense en Yakarta. El movimiento consistía en responsabilizar a los comunistas del golpe, para contar con un pretexto que justificara la acometida militar sobre el gobierno de Sukarno. Bajo el mando del comandante Suharto, el 5 de octubre de 1965 comenzó la persecución, tortura y asesinato sistemático de todos los militantes del Partido Comunista, así como de cualquier persona sospechosa de simpatizar o tener algún tipo de relación con ellos. Las fuerzas sublevadas tomaron Yakarta. En cuestión de semanas los muertos y desaparecidos se contaron por miles. Documentos desclasificados de la CIA demostraron, a comienzos de siglo, que la embajada norteamericana en Yakarta se ocupó de facilitar las listas de supuestos comunistas a los escuadrones de la muerte. En su momento, el New York Times cubrió la noticia considerando el golpe de Estado como “un rayo de luz en Asia”. En los meses siguientes el número de muertos creció por centenares de miles. Una de las organizaciones paramilitares que sembraron el terror fue Pemuda Pancasila, de carácter gangsteril y de extrema derecha. A ella pertenecía el abominable protagonista —real— de The Act of Killing, el hoy anciano Anwar Congo, considerado héroe de la patria, y que no tiene ningún reparo en rememorar entre risas las violaciones o decapitaciones cometidas en el 65 y 66. Pemuda Pancasila es actualmente una organización legal de masiva implantación, que cuenta con el apoyo del gobierno y la participación de altos cargos del mismo en sus actos públicos.

En 1967 Suharto conquistó el poder absoluto del Estado. Sukarno quedó bajo arresto domiciliario hasta su muerte, en 1970. Y el Partido Comunista de Indonesia fue prohibido. Todo el país fue controlado bajo un mandato de represión extrema. La barbaridad de los crímenes cometidos contra cualquier sospechoso de comunista, narrados por los propios verdugos de manera escalofriante y con total impunidad en los documentales de Oppenheimer, significaron la victoria de un horror como pocos conocidos. Indonesia rompió sus relaciones con el bloque socialista y liberalizó su economía, permitiendo la entrada masiva de multinacionales estadounidenses. El grado de corrupción del gobierno fue parte de la edificación de un Estado dictatorial, con uno de los casos más extremos de corrupción, y una práctica represiva a todos los niveles, desde lo policial a lo educativo, sin precedentes.

La realidad indonesia es dantesca hoy, lleva siéndolo medio siglo. Los genocidas están en el poder, mantienen su ideología intacta y alardean de sus crímenes en televisión. Indonesia, sin embargo, no forma parte de ningún “eje del mal”. 

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies