El 14 de octubre desaparecemos, o nos quedamos solos de nuevo

En este momento de la historia es imposible saber cuántos años durará el efecto. Lo único que sabemos es lo que hoy sucede. En este primer aniversario del 14 de octubre: volvemos a desaparecer, o volvemos a quedarnos solos. 

El 2% de la población mundial desaparece súbitamente, sin dejar rastro. El bebé que llora en la parte de atrás del coche, el marido y los hijos que desayunan en la cocina, la mujer que se acuesta con un desconocido en un hotel. Y como ellos otros ciento cuarenta millones de personas en todo el planeta. Este es el espeluznante e inexplicable punto de partida de The Leftovers, la serie con la que Damon Lindelof —creador de Perdidos— y HBO adaptaron la novela Ascensión, de Tom Perrotta —que también colabora en el guión—. Los diez capítulos de la primera temporada, estrenados en 2014, significan una vuelta de tuerca seductora al género fantástico, dejándolo caer al melodrama introspectivo.

The LeftoversDetalle de los títulos de crédito iniciales de The Leftovers (2014) / Warner Bros. TV/HBO.

Después de Perdidos nadie va a mirar a Lindelof con ojos confiados, ni para bien, ni para mal. Todo lo que firme este hombre va a estar condicionado por el sensacional fenómeno de la serie del vuelo 815 de Oceanic. En The Leftovers el impactante motor de arranque de la historia —la desaparición masiva e inexplicable de millones de personas la mañana de un 14 de octubre— funciona como un nuevo avión que se estrella en una isla misteriosa, pero desvelando el tono imposible desde un primer momento. Por este motivo, The Leftovers se libera del peso de sus incógnitas. Y según avanza la serie, contada con la paciencia que requiere una historia de personajes, más se confirma que la respuesta a la pregunta primera no es lo fundamental; porque lo importante no son los que se fueron —adonde quiera que fuesen—, sino los que se quedaron.

El relato tiene mucho de las parábolas que pueden encontrarse en las novelas de José Saramago: un fenomenal suceso que supone un punto de inflexión para el mundo. En el planeta son más de cien millones de personas las desaparecidas, pero Lindelof y Perrotta centran nuestra atención en los efectos de la desaparición en Mapleton, un pequeño pueblo de Nueva York. Tres años después del suceso el abandono de los cuerpos de fe tradicionales ha dado paso a la proliferación de todo tipo de sectas y liderazgos mesiánicos. La ciencia no ha podido responder aún sobre las causas de la desaparición. Y, entre la confusión, reina la desesperación y el fraude. 

Los personajes de The Leftovers son las figuras de los dramas individuales de una pérdida que, a efectos prácticos, es una conmoción de trágica soledad; no importa que el motivo de la pérdida esté en un mismo hecho, cada drama es diferente. El dibujo de los personajes protagonistas es de trazo realista, en cuanto al conocimiento intensivo de sus caracteres e intimidades, un retrato de alta definición para que la cámara se acerque sin olvidar el contexto de lo que estamos viendo, personas enfrentadas a una tesitura que los purgará hasta dejarlos en la esencia de su dolor: el jefe de policía Kevin Garney tratando de salvar lo que queda de su descompuesta familia, sus hijos Tom y Jill, desorientados, la madre y esposa que los abandona para integrarse en una secta que viste de blanco, no habla, fuma sin parar y empeñada en hacer recordar al resto del mundo que el fin llegó y no se puede seguir sin más; la madre de familia Nora Durst, una fuerza de la naturaleza tan extraordinaria que solo la iguala estadísticamente una de cada ciento veintiocho mil personas, las pocas que sufrieron la desaparición de tres familiares, en su caso todo su entorno inmediato, su marido y sus dos hijos; el reverendo Matt Jamison, obcecado en revocar una situación que parece haberle mandado al baúl de los objetos rotos; y otros tantos personajes secundarios, tan radicales dramáticamente como exige una trama de tal naturaleza.

Si The Leftovers avanza en sus siguientes temporadas por el camino del enfrentamiento interno de lo inexplicable y de la pérdida, posiblemente se convierta en un extraordinario relato sobre la naturaleza humana y los peligros de unas sociedades frágiles en su desarrollo histórico y moral, en las que el fanatismo y la intolerancia se apoderan del modo de pensar y de sentir. Si la serie se desvía por el camino de los acantilados al final de cada episodio, de la suma de incógnitas cada cual más pasmosa, por muchas disecciones de personajes que haga, posiblemente acabe despeñándose por el mismo precipicio por el que cayó Perdidos. Habrá que verlo. De momento, podemos confiar en que el 14 de octubre, el aniversario del día de la desaparición, volveremos a volatilizarnos o a quedarnos solos, ante el espejo o frente al televisor.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies