¿Cómo llegó Francis Bacon a ser Francis Bacon?

Tres estudios para figuras en la base de una crucifixión (1944) / Francis Bacon/The Tate Gallery, Londres.

La infancia de Francis Bacon fue decisiva para el desarrollo de su carácter y de su faceta artística, como él mismo decía: “los artistas están más próximos a su niñez que otra gente. Permanecen más fieles a estas primeras sensaciones. Otras personas cambian por completo, pero los artistas tienden a conservar el modo de ser que tuvieron desde el principio”. Francis Bacon nació el 28 de octubre de 1909 en Dublín. Su familia nunca se interesó por él, su padre era un hombre testarudo, rencoroso y puritano, temido por sus arrebatos de ira y con problemas con el juego. Su madre era poco dada a mostrar sus sentimientos y sus propios placeres siempre estuvieron por encima de las necesidades de su sensible hijo. Por suerte el pequeño Francis contó con el cariño y comprensión de su abuela materna, una mujer extravagante y enérgica. La libertad con la que actuaba en su vida, divirtiéndose sin tapujos, le impresionó desde siempre: “Tenía una naturalidad y una vitalidad maravillosas, sobre todo teniendo en cuenta la vida que se llevaba en la Irlanda de aquel momento”. La falta de afecto de sus padres también fue suplida por su niñera. El dolor de Bacon por la muerte de esta mujer podría equipararse al dolor producido por la muerte de una madre.

Los primeros recuerdos de Francis se remontan a la víspera de la Primera Guerra Mundial. Durante toda su infancia Irlanda fue escenario de una profunda agitación social y política, con el movimiento de independencia contra el dominio británico como protagonista. A medida que Francis crecía, la amenaza se fue incrementando para los terratenientes como los Bacon. Esta atmósfera de amenaza y violencia, el miedo a los francotiradores en el bosque y las bombas ocultas produjeron en Francis una marca indeleble. La conciencia de vivir en permanente cacería iba a ser fundamental para Bacon. Cuando se le preguntaba por la violencia de sus pinturas, a menudo evocaba las tensiones de su niñez. Un padre distante y más bien brutal, una madre fría y concentrada en sí misma, una temprana muerte en la familia (la de su hermano mayor) y las tensiones de la guerra, no eran los ingredientes para tener una infancia feliz.



Una de las claves más importantes de la sensibilidad del artista en su niñez y como adulto es el asma que padeció toda su vida, porque contribuyó a moldear un temperamento que está lejos de las miserias de la vida. Otro factor dominante fue la creciente conciencia de su homosexualidad, especialmente a medida que se acercaba a la adolescencia. Mantuvo relaciones sexuales con los mozos de cuadra que trabajaban en la casa familiar, y es probable que estos mismos le hubieran dado latigazos ordenados por su padre. Este podría ser el origen del sadomasoquismo de Bacon y la sexualidad tangible y violenta que inunda sus imágenes. 

Hombre con perro (1952) / Francis Bacon/The Albright-Knox Gallery, Buffalo, New York.

La mala relación con su padre empeoró cuando Francis empezó a comentar la posibilidad de convertirse en artista, ya que esto sólo significaba decadencia poco viril y pobreza. Cuando el señor Bacon encontró a su afeminado y díscolo hijo de 16 años probándose la ropa interior de su madre, su furia no tuvo límites y expulsó a Francis de casa. El disgusto y el rechazo de su padre lo hirieron profundamente, de una forma que nunca fue capaz de olvidar. La humillación extrema, para alguien que incluso siendo adolescente era consciente de sus extraordinarias dotes, le estimuló a rebelarse contra el mundo de su padre y causó una conmoción tan violenta y duradera como el dolor que a él le había provocado. Nada podría haber estimulado mejor su temperamento naturalmente rebelde: desde el momento en que fue rechazado, Francis Bacon se propuso sublevarse hasta el máximo extremo. 

Para distanciarse de su padre lo máximo posible eligió Londres. Allí Bacon consiguió su principal objetivo, lo que él llamaba “simplemente dejarme llevar y seguir mis instintos: ir y ver”. Londres ofrecía un espectáculo diario y una variedad de caracteres humanos que le fascinaron. Después de un tiempo viajó a Berlín, una ciudad que, en los decadentes años de la República de Weimar, era mucho más excitante y exótica que cualquier otro lugar conocido por Bacon, para él fue un lugar de permisividad y de liberación sexual. La prostitución, las drogas y la violencia eran elementos de la vida cotidiana, pero la verdadera especialidad de la ciudad eran los clubes y cabarets de homosexuales, masculinos y femeninos. 

bacon-Francis Bacon Study for the nurse in the film “Battleship Potemkin”, 1957
Estudio para enfermera en el film El acorazado Potemkin (1957) / Francis Bacon/Städel Museum.

En su estancia en Berlín le dio tiempo a imbuirse del poderoso ambiente cultural de la ciudad. Berlín era la capital mundial del cine y seguramente allí vio por primera vez El acorazado Potemkin, de Sergei Eisentein, película que le impactó muchísimo y que influyó poderosamente en su imaginación artística: el ensangrentado rostro de la enfermera y los gritos aterrorizados en la escena de las escaleras de Odessa le causaron una gran impresión. Vio todas las exposiciones de todos los artistas que pudo: Malevich, Chirico, Arp, Picabia, Mondrian o Juan Gris, y por supuesto visitó los grandes museos de la ciudad. 

Después decidió viajar a París. A finales de 1927 ninguna ciudad podía ser más seductora, su agitación y elegancia marcaron de por vida al artista. París era el centro cultural del mundo y allí Bacon se dio cuenta de qué era lo que más necesitaba: tomar conciencia de sí mismo y realizarse como artista sin importar el tiempo que le llevara y la incertidumbre de conseguirlo. La contemplación de La matanza de los inocentes, de Poussin, fue un catalizador fundamental para su imaginación. En esta obra podemos ver a una madre intentando frenéticamente impedir que un soldado mate a su hijo con una espada. Fue la primera imagen que le influyó claramente, el grito que había visto en esa madre se convirtió en el epicentro de su pintura. Un descubrimiento crucial en esta época fue la exposición de más de un centenar de dibujos de Picasso. Al contemplarlos, impresionado, pensó que él también podría pintar, y comenzó a dibujar acuarelas.  La fluidez del trazo y la inventiva inquieta de Picasso produjo en Bacon una marca indeleble. 

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Tres estudios para autorretrato (1976) / Francis Bacon.

En 1928, tras una temporada en Berlín y luego en París, decidió volver a Londres. Iba camino de escandalizar no sólo la moralidad social y sexual convencional, sino de hacer algo mucho más subversivo: transformar todas las ideas de lo que se consideraba arte y de lo que éste podía expresar. Bajo una frivolidad minuciosamente calculada y el dolor no resuelto de ser un hijo rechazado, descansaba la firme determinación de un hombre dispuesto a arrojar una bomba y a responsabilizarse por ello. 

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