Las rutas musicales de Frisco

San Francisco suena al Golden Gate, a colinas y tranvías, a los beatniks, a Sillicon Valley y los hippies de Haight Ashbury, a Yosemite, a el Castro, Twin Peaks, la bahía… pero también suena a música. Porque la ciudad del norte de California guarda en sus calles un inmenso patrimonio musical histórico para hacer las delicias de cualquier freak músical.

En un mismo paseo (sí, andando, una de las ventajas de Frisco), uno puede sentirse como Otis Redding sentando en la bahía, tomarse una cerveza donde lo hacían los más punkys de la época, como Jello Biafra y Joe Strummer y, cómo no, meterse de lleno en la cuna del Summer of Love. Un solo día a golpe de clásicos.

Jazz en el Tenderloin

La primera impresión que un turista se suele llevar de San Francisco es el Tenderloin, uno de los barrios más céntricos y donde se encuentran gran parte de los hoteles, hostales y hospedajes en general. Y también de paso, gran parte de los indigentes, crímenes, prostitutas y drogas de la ciudad. Una mezcla curiosa. El Tenderloin siempre ha mezclado, y tan campante, ambas características, y hubo una época en la que el jazz se sumaba también a la ecuación, siendo casi la parte más destacada de todas ellas.

Actualmente, de hecho, la de Turk y Hyde es una más de las esquinas olvidadas del barrio, con algunas de sus gentes viendo la vida pasar, otros jugando al dominó y otros pidiéndole dinero a turistas que piensan y repiensan dónde se habrán metido. Pero donde ahora se encuentra el aparcamiento callejero de dicha esquina, hace medio siglo residía uno de los escenarios más vibrantes del jazz en la Costa Oeste: el Black-Hawk. Miles Davis, John Coltrane y Thelonious Monk fueron, entre otros, el pan de cada día de la esquina ahora olvidada.

Frisco_theblackhawk_Photos- San Francisco History Center, SF Public LibraryThe Black Hawk / Foto: SF Public Library.

Fue de 1949 a 1963 cuando, y siempre con permiso de su conciudadano Bop City, el Blackh Hawk se convirtió en la Meca del bebop fuera de Nueva York. Por ello, a las prostitutas, adictos y camellos autóctonos del barrio se le sumaron los poetas Beat —posiblemente no mejores que ninguno de los anteriores—, que acudían al Tenderloin a ver a sus ídolos musicales. Sobre uno de ellos, el gran Charlie Parker, la leyenda cuenta que se escapaba de bolos en otro club cualquiera para subirse a tocar en el Black Hawk. Tal era la reputación del bar bandera del Tenderloin.

Por pura inercia la escena musical se acabó moviendo finalmente hacia North Beach, al territorio de los Kerouac, Ginsberg, Ferlinghetti y demás. Ese fue posiblemente el comienzo del Tenderloin como tierra de prostitución, crack y violencia sin más; ya sin jazz que lo animase todo un poco.

Como última reminiscencia queda una placa colgada en la pared del aparcamiento y el edificio pegado a éste, donde la Columbia tenía instalado el equipo de producción para grabar el disco Miles Davis Quintet at the Black Hawk. Uno de la decena de discos que de 1949 a 1963 se grabaron en el mito jazzístico del Tenderloin.

Fillmore y uno: más bebop

El Fillmore. El barrio afroamericano por excelencia de San Francisco, el “Harlem de la Costa Oeste”. De donde probablemente se escapaba Charlie Parker para ir a tocar al Black Hawk. Porque solo este barrio de la zona oeste de la ciudad tuvo la posibilidad de competir en protagonismo musical con el Tenderloin de los años 50. Y así lo hizo.

Allí, en el 1690 de la calle Post, residió hasta el año 1965 el mítico Bop City, que, según cuentan, tenía a Ella Fitzgerald más horas allí metida que a muchos de sus clientes… y muchas de las veces acompañada por amigos como Duke Ellington, Billie Holliday, Dizzy Gillespie o el omnipresente Miles Davis. Se dice, también, que la fiesta comenzaba a las dos de la mañana de un viernes y acababa en lunes, con gente que no abandonaba la manzana en todo el fin de semana. Así, claro, se explica que a Charlie Parker le diese tiempo de andar del Fillmore para el Tenderloin con su trompeta y con su gaita a cuestas.

El Bop City guardaba, además, una particularidad: la de ser propiedad de gente de raza negra, cosa que no pasaba en ninguna otra parte de la ciudad o, prácticamente, del país; y sumó un grado más a su mito como símbolo de la cultura afroamericana. Incluso tras cerrar en 1965 y cuando la fiebre de construcción compulsiva de los 70 acabó moviendo la casa dos bloques más lejos para no derrumbarla, hasta el 1712 de Fillmore Street, fue en su nueva dirección donde la estructura acabaría convirtiéndose en hogar de la librería afroamericana más antigua de los Estados Unidos: Marcus Bookshop, que llevaba vagabundeando cierto tiempo de casa en casa. Allí, por fin, el hogar del extinto Bop City descansa a salvo de grúas y planos, con su orgullo afroamericano intacto y con los años de 1950 a 1965 como vestigio de la cultura musical mundial.

Frisco_Be Bop CityBop City.

Fillmore y dos: mismo lugar, nueva música

Tan pronto como el movimiento bebop se extinguía en el Fillmore sobre el año 65, con la desaparición del Bop City y la migración del jazz hacia North Beach, el 10 de diciembre de ese mismo año un tal Bill Graham abre a unos bloques de distancia la siguiente referencia musical del panorama norteamericano: la sala de conciertos The Fillmore, en el 1805 de Geary Boulevard. El cartel del primer concierto de la sala lo dice todo, con Jefferson Airplane como acto principal y unos tal The Warlocks (posteriormente The Grateful Dead) abriendo el show.

Dos años y medio duró abierto The Fillmore, lo suficiente como para servir de pista de despegue al movimiento psicodélico de San Francisco y albergar la mejor música del momento con nombres como Jimmy Hendrix, James Brown, Otis Redding, The Who o los Cream en series de siete (SIETE) recitales por semana algunos de ellos.

Tan bien le fue a Bill Graham con su nuevo club en sus dos años y medio de vida que hasta le dio para abrir otro más en la ciudad, con el nombre de The Fillmore West, situado en el cruce de Market con South Van Ness, una de las fronteras del Tenderloin con el resto del mundo; y otro en Nueva York, The Fillmore East. Éste quedaría inmortalizado por The Allman Brothers con uno de los mejores discos en directo de la historia del rock and roll: At Fillmore East.

En 1994, The Fillmore volvió a abrir en su localización original en el 1805 de Geary Boulevard para mantenerse a día de hoy como una de las referencias en cuanto a salas de conciertos en San Francisco. Aunque, todo hay que decirlo, su trabajó lo dejó listo en dos años y medio, dando salida a la generación musical de Haight Ashbury.

Frisco_Fillmore_28 December 1969 © Amalie R. RothschildFillmore, 1969 / Foto: Amalie R. Rothschild.

Summer of Love

Si hay un movimiento musical que sea sanfranciscano per se, ese es el de la psicodelia y todo lo relacionado con el Summer of Love del 68 y sus implicaciones culturales. El cruce de las calles Haight y Ashbury, a unos 10-15 minutos andando del Fillmore, se convirtió en el centro de la contracultura mundial de la noche a la mañana; por allí se movió todo lo que uno quería disfrutar en esos días: nativos de la bahía como Grateful Dead y Jefferson Airplane y otros llegados de cerca como Janis Joplin y Jim Morrison, residían todos a pocos metros del cruce de ambas calles. Aquel fue, definitivamente, el centro del mundo durante unos meses.

Y efectivamente el mundo giró alrededor de Haight Ashbury hasta que el verano se acabó y la mayor parte de los hippies que lo poblaron se volvieron para casa y se llevaron la condición del centro del mundo con ellos. Para el recuerdo quedan algunas de las calles de la zona y algún hippie que, como los japoneses que en 1965 seguían peleando la Segunda Guerra Mundial en islas remotas del Pacífico, aun piensan que Haight-Ashbury es el centro del mundo.

Dead Kennedys, Joe Strummer y los punks en Chinatown

Y como la historia de la música es simplemente el flujo de la acción-reacción, tres años después del auge del movimiento hippie, el punk había tomado la ciudad con los Dead Kennedys como representante principal de una incipiente subcultura.

El número 443 de la calle Broadway, en la frontera de North Beach con Chinatown, es un bar al que ahora mismo se le conoce como el Fame Venue y está rodeado en su mayor parte por clubes de striptease. Sin embargo, a comienzos de los años 70, el bar era propiedad de una familia filipina, se llamaba The Mabuhay Gardens y, aunque sí, ya estaba rodeado de clubes de striptease, era el centro de la cultura punk de San Francisco. Junto a los Dead Kennedys, grupos como The Avengers, The Nuns y otros miembros de la escena punk o new-age mundial, como Nico o Motorhead, también pasaron por aquí.

Además, cuando Joe Strummer y Mick Jones llegaron a San Francisco en 1971 para producir el segundo disco de The Clash (Give’Em Enough Rope), dicen que no fallaron ni una noche a su cita con el Mabuhay Gardens, en parte ayudados, todo hay que decirlo, por el hecho de que se hospedaban justo enfrente del local.

Fue durante su estancia en Chinatown que Joe Strummer y Mick Jones escucharon el I Fought the Law por primera vez, por aquel entonces una canción popularizada tan solo en los Estados Unidos por la banda texana Bobby Fuller Four. Tanto gustaron los ingleses de la canción, que decidieron añadirla a su repertorio y posiblemente ahora es más la gente que la asocia a The Clash que a cualquier otra banda. Una firma más de Frisco en la historia musical.

Frisco_[Jello Biafra of the Dead Kennedys performing at the Mabuhay Gardens] Courtesy of the San Francisco Historical Photograph CollectionDead Kennedys en el Mabuhay Gardens / Foto: SF Public Library.

North Beach y la leyenda de The Saloon

En la actualidad, el barrio italiano de North Beach ofrece, junto a la de la calle Valencia, una de las mejores escenas de música en directo de la ciudad. Parte de culpa es de The Saloon, en el 1232 de la calle Grant, que ofrece blues y rock clásico en directo cada día de la semana, pudiendo presumir, además, de ser el local más antiguo de la ciudad, a sus ciento y muchos años. Un lujo, el del centenario, que los trabajadores del bar, muchos de los músicos habituales, parte de la clientela más fiel parecen no estar lejos de alcanzar.

Cuenta la leyenda  que el bar fue levantado en 1860 por un inmigrante francés para atender las necesidades de los trabajadores del puerto de San Francisco y que la misma estructura con la que nació es la que mantiene hoy día. Ni siquiera el terremoto y el posterior incendio que devastó la ciudad en 1906 pudieron con él, ahí se mantiene The Saloon, orgulloso de que nadie, ni cambios de época, gentrificaciones, nuevas modas, terremotos o incendios acaben con él.

Eso sí, parte de la responsabilidad de que aún sobreviva se le suele achacar a los bomberos de San Francisco, que en el susodicho incendio mostraron un especial cariño por los bares de copas y los clubs de striptease y todo lo que llevase la palabra diversión en su definición, antes que por cualquier otro edificio. Cosas de Frisco.

Fue, quizás, tras una noche loca por la lujuriosa North Beach de la época, cuando Eric Burden de The Animals se inspiró para escribir otro gran tema como San Franciscan Nights. Un brindis musical más por SF, éste por los bomberos.

Frisco_TheSaloonThe Saloon / Foto: Corrie Davidson.

Bonus track en Sausalito

Al otro lado del Golden Gate Bridge, el pueblo de Sausalito espera a los turistas y no turistas que vayan a pasar el día con una de las mejores vistas posibles sobre la ciudad, buena comida y sus conocidas casas flotantes. Fue en una de estas casas en el Waldo Pier cuando a Otis Redding, que estaba en la ciudad para una serie de conciertos en The Fillmore, le tocó la diosa de la inspiración y nació Sittin’ on the Dock of The Bay, tal y como se explica, sentado en la bahía viendo los barcos y el tiempo pasar.

…Watchin’ the ships roll in, and I watch’em roll away again…

El de Georgia moriría en un accidente aéreo antes de que el disco homónimo se pudiese publicar y la canción se convirtiese en uno de los mayores éxitos de la historia del soul, pero con ella dejó posiblemente el mejor homenaje en forma de música que San Francisco ha recibido. Y eso, no hace falta demostrarlo, es mucho decir.

De camino a Yosemite

Pero llegar hasta San Francisco y no visitar alguno de los Parques Nacionales de California es poco menos que un pecado. Y además, incluso en el camino se puede hacer una parada, ésta ya rozando (o superando con creces, más bien) la barrera de lo freak.

Lodi es una pequeña y aburrida  y no-te-bajes-del-coche ciudad del Central Valley y a ella, John Fogerty, líder, voz, guitarra y dictador de los Creedence Clearwater Revival le dedicó uno de los muchos grandes temas de la banda. En Lodi, Fogerty pone voz a un supuesto cantautor atrapado en la ciudad por siete meses cuando llegaba para un día, que dice que se marchará enseguida si vuelve a acabar por esos lares.

En el pueblo hasta se tomaron con humor la canción y usaron durante cierto tiempo una estrofa de la canción (“Stuck in Lodi”) como lema de la ciudad para las (seguro que muy apasionantes) convenciones anuales sobre agricultura de Lodi.

Para ir escuchando

Por último, para los que les guste caminar con música en los cascos: Temple Beautiful (el nombre con el que se conocía al Mabuhay Gardens que frecuentaban los Dead Kennedys o Joe Strummer), de Chuck Prophet. Un disco dedicado a San Francisco por un músico de San Francisco. La guinda al pastel.

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