Las últimas palabras de los asesinados por la policía estadounidense (y los datos)

Hay dos formas de contar la violencia de la policía estadounidense contra una parte importante de los ciudadanos de su país: con datos de los asesinados, y con las palabras de esos mismos asesinados. Ambas son espeluznantes, y deben ir unidas. La conflictividad social por asesinatos de —generalmente— hombres negros desarmados bajo fuego policial en los Estados Unidos ha generado una atención creciente en el último año, a nivel mundial. 

En agosto de 2014, en Ferguson —una pequeña ciudad de Missouri—, el joven negro de 18 años Michael Brown moría por los disparos de un policía blanco de servicio. El policía justificó su acción en el contexto de una trifulca en la que el joven trató de quitarle el arma, pero la autopsia y testigos desvelaron que el primero de los disparos fue hecho a más de diez metros de distancia, desde el coche policial, cuando el chico se encontraba con los brazos en alto. Lo último que se le escuchó decir fue: “No tengo un arma. ¡Deje de disparar!”. Entre tanto, recibió cinco balazos más, dos de ellos en la cabeza. ¿Un suceso aislado? Todo indica que no, al menos al comprobar la reacción social del vecindario, que ardió en protestas durante las siguientes semanas. Llegó a decretarse el Estado de Emergencia y toque de queda. Durante los disturbios, un periodista del diario The Washington Post y otro del Huffington Post fueron detenidos y coaccionados para que eliminasen parte del material que habían recogido. El policía que mató a Michael Brown quedó libre y sin cargos solo tres meses después de los hechos; en noviembre de 2014 un jurado desestimó la posibilidad de celebrar juicio alguno, arguyendo falta de pruebas.

lastwords_michael_brown_shirin_barghiÚltimas palabras de Michael Brown, imagen de la serie #lastwords de Shirin Barghi.

La mecha prendida en Ferguson tras el asesinato a quemarropa de Michael Brown prendió definitivamente toda la pradera urbana estadounidense. El caso de Brown era una reedición del de  Trayvon Martin, un adolescente afroamericano de 17 años muerto en 2012 por los disparos de un vigilante de seguridad blanco en Florida. ¿Otro caso aislado? La indignación de los negros pobres en Estados Unidos indicaba que el “problema racial” era una falacia expresado tal cual, que lo que realmente existía era un “problema policial” inserto en una cuestión de opresión racial y de clase. Un problema de magnitudes terroríficas que la población negra de los Estados Unidos conocía y conoce como el pan suyo de cada día, y que el mundo entero no podía acertar a considerar en su justa medida, básicamente porque un muro de silencio estaba echado sobre los datos de la violencia policial en la primera potencia mundial. La respuesta espontánea de rabia en el verano de 2014 en Ferguson tuvo el gran valor de derribar parte de ese muro ante la opinión pública mundial. Tuvieron que arder calles y silbar disparos en enfrentamientos con la policía para que el mundo prestase atención a lo que estaba ocurriendo en la “tierra de las libertades”. Desde entonces, la pradera ha seguido ardiendo: en febrero de 2015 otro joven afroamericano, Freddie Gray, fallecía en un hospital de Baltimore días después de quedar en coma mientras se encontraba bajo custodia policial. Baltimore, ya no un pequeño suburbio, sino una gran ciudad, fue tomada también por los disturbios. El incendio venía propagado desde Carolina del Sur, donde días antes había sido asesinado por la espalda Walter Scott, de 50 años, desarmado, cuya muerte a consecuencia de los disparos de un agente de policía blanco había sido grabada por un transeúnte y estaba dando la vuelta al mundo. La protestas de la indignación negra se extendieron desde Ferguson a casi doscientas ciudades de todo el país, incluidas Nueva York y Washington, generando un clima que recordaba al de las protestas contra la opresión racial de los años 60.

lastwords_kendrec_mcdade_shirin_barghiÚltimas palabras de Kendrec McDade, imagen de la serie #lastwords de Shirin Barghi.

En 2015, al fin, el muro del oprobio que el gobierno estadounidense había construido sobre la barbarie policial contra la población negra y otras minorías —como los hispanos—, con el denominador común de su extracción social de trabajadores pobres, ha comenzado a caer. Y lo que muestra no deja de impresionar. Ante los sucesos de Ferguson, Barack Obama declaró: “Es tiempo de sanar. Es tiempo para la calma y la paz en las calles de Ferguson”. Palabras hipócritas del primer presidente negro de los Estados Unidos, especialmente al saber lo que ocultaban, lo que ahora se sabe. El periódico inglés The Guardian y el americano The Washington Post publicaron este verano sendos reportajes que desvelan los datos y estadísticas de la violencia policial en los Estados Unidos. Según el Post, en los meses hasta agosto de 2015 la policía estadounidense ha matado a 595 personas, a una media de más de dos muertes diarias. The Guardian, por su parte, eleva el número a 708. Los datos son escalofriantes, adquieren el volumen de una auténtico masacre. En cada uno de los diarios se informa en vivo de la cuenta de asesinados, presentando la lista con nombres, apellidos y todos los datos de cada muerte a manos de la policía. El mapa de el Guardian y la cascada que presenta el Post con los nombres y rostros de los muertos estremecen.

lastwords_eric_garner_Shirin_BarghiÚltimas palabras de Eric Garner, imagen de la serie #lastwords de Shirin Barghi.

Los datos que el periódico inglés y el norteamericano han sacado a la luz han venido a poner en evidencia un enorme mecanismo de violencia sobre la población negra que se sostiene de manera sistemática, es decir, con la connivencia —como poco— de los aparatos del Estado. El FBI es quien maneja las estadísticas anuales por lo que oficialmente se denomina “homicidio justificado”, categoría en la que entran todos los homicidios cometidos por las fuerzas de seguridad en acto de servicio. Según los datos recopilados por la Oficina Federal de Investigaciones, en 2013 se archivaron 461 de estos “homicidios justificados” de la policía. Sin embargo, la cifra se puede considerar muy lejos de reflejar el resultado real, a juzgar por el hecho de que los datos que se sirven para elaborar dicho informe son los que voluntariamente recibe el FBI de las agencias policiales de todo el país. Hay cerca de 18.000 agencias de policía en Estados Unidos, solo unas 800 colaboran reportando sus estadísticas. En el año 2014, la Policía de Nueva York fue una de las agencias que no facilitó sus datos.

lastwords_john_crawford_shirin_barghiÚltimas palabras de John Crawford, imagen de la serie #lastwords de Shirin Barghi.

Se entiende, ante este panorama, la necesidad de contar al fin con los datos elaborados por el Guardian y el Post, en una de esas escasísimas demostraciones de dignidad periodística entre los grandes medios. No obstante, los datos pueden caer en el peligro de abrumar, de deshumanizar la tragedia. Es difícil imaginar qué representan más de mil personas muertas cada año por la violencia policial. Se corre el riesgo de que la dimensión de las cifras abstraiga el problema. La reacción ante los números se vuelve mecánica y paralizante, es la misma ante mil muertes al año que ante diez mil, porque resulta imposible imaginar a todas esas víctimas con sus gestos humanos, con sus historias personales, en su individualidad. Es entonces cuando las palabras deben resolverle la ecuación a los números, para ayudarnos a comprender humanamente la aberrante magnitud del problema. Precisamente a consecuencia de los disturbios en Ferguson, Shirin Barghi, una periodista iraní radicada en Nueva York, decidió crear una pequeña serie de viñetas titulada #LastWords (últimas palabras). En ellas imprimió unos sencillos dibujos en blanco sobre negro y las últimas palabras dichas por personas asesinadas por la policía en los últimos años. “I can’t breathe” (No puedo respirar), dijo Eric Garner el 17 de julio de 2014. “I don’t have a gun. Stop shooting”, Michael Brown. “Please, don’t let me die” (Por favor, no me deje morir), dijo Kimani Gray, de 16 años, el 9 de marzo de 2013. “It’s not real”, pronunció John Crawford, solo 22 años de edad, el 5 de agosto de 2014. “Why did you shoot me?” (¿Por qué me dispara?), dijo el joven de 19 años Kendrec McDade, el 24 de marzo de 2012, antes de morir. El efecto de estas imágenes fue viral. Hoy, suponen uno de los complementos inevitables para comprender la dimensión de los crímenes sistemáticos de la policía estadounidense contra los negros pobres de su país. Habrá muchos más datos que publicar, y muchas más palabras deberán acompañarlos, todo tipo de expresiones artísticas y culturales que den a conocer el problema y su naturaleza. Aún tiene mucha pradera que arder en los Estados Unidos. No es tiempo de calma, Barack. La última palabra de los asesinados está por decir.

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