John Heartfield y la revista AIZ: la pesadilla de Hitler

John Heartfield se llamaba en realidad Helmut Herzfeld. No se cambió el nombre para pasar desapercibido, sino precisamente para llamar la atención. Lo hizo durante la Primera Guerra Mundial, en 1916, cuando contaba 25 años y en Alemania se respiraban las miasmas de un nacionalismo profundamente xenófobo. En plena guerra contra Inglaterra —y otros tantos países—, Helmut transformó el apellido Herzfeld en Heartfield, y sustituyó el muy germánico Helmut por un John de toda la vida. Fue, en cierta manera, la primera transfiguración del artista que se considera, hoy día, el más destacado especialista en fotomontaje artístico de la historia.

El cambio de nombre no fue una decisión estrictamente individual, sino colectiva, en la que le acompañaron, aunque sin tanto arrojo, otros dos importantes artistas, su hermano Wieland y el pintor Georg Gross, que pasaron a ser Herzfelde y George Grosz, respectivamente. Los tres constituyeron el núcleo esencial de la vanguardia más avanzada de Alemania, artística y políticamente. Juntos, fundaron una de las más importantes editoriales artísticas y literarias del país, la Malik-Vergal, en 1917. Poco después se colocaron como la avanzadilla de Dadá en el Berlín de la posguerra; quizás porque ellos ya eran dadá antes de las veladas del Cabaret Voltaire de Zúrich. El 1 de enero de 1919, los tres artistas asistieron al alumbramiento del Partido Comunista de Alemania, en plena efervescencia revolucionaria. En 1924 Heartfield firmó con Gorsz y Karl Wite el Manifiesto del Grupo Rojo, Sindicato de Artistas Comunistas, un decálogo de guerra en todos los frentes por medio del arte y el trabajo cultural, que explica el espíritu de originalidad agitativa y propagandística que hará célebre el nombre de John Heartfield y las siglas AIZ, las de la mayor revista artística alemana durante los años del nazismo. Una leyenda de la libertad y del arte contemporáneo.

HeartfieldAIZ nº42, octubre de 1932, El sentido del saludo hitleriano, por John Heartfield.

AIZ —siglas de Arbeiter-Illustrierte-Zeitung (Periódico Ilustrado de Trabajadores)— se fundó con tal nombre en 1924, como consecuencia del acumulado de otras revistas fotográficas dirigidas por Willi Münzenberg, que habían logrado una tirada de más de cien mil ejemplares, con una temática obrerista y comunista. En sus primeros años logró acaparar la atención de amplias masas lectoras cada dos semanas, beneficiándose del tirón de nombres prestigiosos del mundo de la cultura y del arte, que publicaron en ella sus poemas y relatos, así como sus obras gráficas. Heinrich Mann —el hermano de Thomas Mann— escribió en uno de sus editoriales, en 1926: “AIZ es una de las mejores revistas ilustradas de la actualidad. Tiene un rico contenido, es técnicamente buena, pero ante todo resulta insólita y nueva. Nos muestra el mundo proletario, que sorprendentemente parece no existir para las demás revistas ilustradas”. Al hermano del premio Nobel no le faltaba razón. Escritores de la talla de Anna Seghers, Máximo Gorki, o George Bernard Shaw publicaron en ella. Y artistas como Grosz la ilustraban. Sin embargo, le faltaba el punto de diferencia inigualable que le daría John Heartfield a partir de 1930, cuando compone la mayoría de sus portadas e ilustra muchas de sus páginas interiores.

Las avanzadísimas posiciones políticas y artísticas de John Heartfield a través de sus fotomontajes —una disciplina completamente novedosa— no fueron óbice para que la aceptación de la revista por parte del público se viera mermada. Todo lo contrario. La fuerza, por cruda y ácida, por arriesgada que fuera en la Alemania del ascenso del nazismo, de la propuesta de Heartfield conectó con las masas de forma descomunal. Hasta el punto que a comienzos de la década, en los años previos a la llegada de Hitler al poder, AIZ llegó a vender medio millón de ejemplares cada dos semanas.

heartfield-aizAIZ, nº 23, La cruz aún no pesaba suficiente, por John Heartfield.

El más conocido y exitoso de los fotomontajes de Heartfield para AIZ fue el de la portada de su número 42, en octubre de 1932. Quedaban solo tres meses para la toma parlamentaria del poder por parte del Partido Nazi. Con el título El sentido del saludo hitleriano, y los lemas “Un pobre hombre pide grandes donativos” y “Detrás de mí, hay millones”, Heartfield elaboró una de las obras cumbres del fotomontaje, colocando a un diminuto Hitler recibiendo como un pobre títere engreído el millonario apoyo económico de los grandes capitales alemanes. La obra habla por sí sola. Su impacto en las calles de la Alemania pre-hiteleriana, circulando medio millón de copias por ellas, tuvo que ser de escándalo. Era la pesadilla de Hitler, medio país mofándose de él. La de Heartfield y AIZ era una actitud política y artística ante la realidad. El esfuerzo y el talento distribuidos al alcance de cualquiera, y especialmente dirigidos a quienes no tenían acceso al arte y la cultura.

heartfield-thyssen-hitlerAIZ nº31, agosto de 1933, ¿Instrumento en las manos de Dios, o juguete en las de Thyssen?, por John Heartfield.

La obra de Heartfield para AIZ no influyó únicamente en el mundo editorial y en la imaginería artística de una vanguardia a la que también le era extraña, sino que aportará al diseño gráfico y la cartelería de guerra. La portada de noviembre del 32 de AIZ vuelve a impeler a un fuerte impacto visual con un mensaje de claridad sentenciosa: una paloma acuchillada por una bayoneta, bajo el titular “¡Donde vive el capital, no puede vivir la paz!”. Hacía referencia a la masacre recién ocurrida en Ginebra, donde una manifestación obrera contra el fascismo había sido respondida por disparos de la policía, dejando quince muertos.

Después del control nazi del parlamento alemán, y el inicio de la dictadura hitleriana, AIZ y su principal autor tuvieron que exiliarse. Entre 1933 y 1938 la redacción de la revista se trasladó a Praga. De esta época datan otros tantos fotomontajes, no solo para la portada, que componen la obra de John Heartfield, y que muestran el desarrollo de una mordacidad cada vez más afilada, sin devaluar la calidad artística de los mismos. En el número de diciembre de 1935, el fotomontaje de una familia alemana en la cocina comiendo piezas de hierro, bajo el lema “¡Hurra, la mantequilla se acabó!”, antecede obras clásicas del Pop Art, como el collage fundador ¿Qué es lo que hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan atractivos?, de Richard Hamilton en 1956, más de veinte años después.

Heartfield_Hurrah-1935AIZ, diciembre de 1935, ¡Hurra, la mantequilla se acabó!, por John Heartfield.

En 1936, AIZ cambió su nombre por VI (Volks Illustrierte), y en 1938 la redacción de Praga tuvo que volver a exiliarse ante la llegada de los nazis. Los últimos números de la revista se editaron desde Francia, y Heartfield, que se había exiliado en Londres, no pudo ya colaborar con los últimos, en enero y febrero de 1939. Había sido casi una década de intensa actividad artística y periodística, imbricadas como nunca antes lo habían estado. Hecha en las condiciones más adversas. Y consiguiendo un alcance de masas inusitado para una publicación cultural de alto nivel y con una línea editorial revolucionaria y antifascista, en el momento y el lugar de mayor auge histórico del fascismo. Lo que consiguió Heartfield y el equipo de AIZ fue algo sin precedentes y que después tampoco se ha vuelto a emular: llevar los museos a la calle, en forma de papel, sacar la literatura de los estantes de las librerías y bibliotecas y ponerla en los bancos del tranvía a las siete de la mañana, a las doce de la noche, circundando los barrios obreros. Lo que consiguieron John Heartfield y AIZ fue sacarle a Hitler la foto que mejor le retrata y por la que pasará al basurero de la Historia.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies