Cine después de una bomba atómica

Los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki son, tal vez, el suceso más bárbaro de la Historia. Ninguna acción de guerra ha provocado jamás tantas víctimas de una manera tan rápida. Los escenarios de las dos ciudades tras la devastación cargan la mayor fuerza trágica que el mundo haya podido presenciar. Los supervivientes, los testimonios gráficos del momento, las evidencias materiales de la destrucción hablan del infierno en la tierra, del horror. Ningún otro hecho histórico puede considerarse más importante de conocer, de narrar. La historia de Hiroshima y Nagasaki debería concentrar el mayor número de referencias culturales, sin embargo, llama la atención la carencia, sobre todo, de películas que tienen como tema el ataque nuclear. Sobre cualquier otro aspecto de la Segunda Guerra Mundial existe abundante filmografía. Sobre otras guerras lo mismo. Sobre Hiroshima y Nagasaki no. A fin de cuentas, el país autor de la mayor barbarie en la historia de la humanidad es el mismo que ostenta la supremacía económica y política mundial, y la más poderosa industria cinematográfica. De esta manera, el potente instrumento de propaganda e información que es el cine apenas ha tenido la oportunidad de prestarle atención a esta historia.

Con todo, existen películas de calidad que se han atrevido a retar el silencio hollywoodiense sobre Hiroshima y Nagasaki, han sido, por supuesto, producciones de fuera de los Estados Unidos. Algunas de ellas, incluso, han conseguido trascender el tácito cordón sanitario que los grandes monopolios de la distribución cinematográfica interpusieron al papel de los norteamericanos como perpetradores del mayor crimen de guerra jamás cometido. Tres films han logrado, con el pasar de los años, consagrarse como obras maestras del Séptimo Arte y como obras esenciales de testimonio social: Hiroshima mon amour, de Alain Resnais, Lluvia negra de Shohei Imamura, y Rapsodia en agosto, de Akira Kurosawa. Cada una de ellas ofrece una perspectiva distinta sobre los ataques del 6 y del 9 de agosto de 1945, pero todas con un denominador común como objetivo: luchar contra el silencio y el olvido.

hiroshima_mon_amourHiroshima non amour (1959) / Argos Films.

Hiroshima mon amour, del francés Alain Resnais, es una co-producción entre Francia y Japón. El film, del año 1959 y ambientado en ese mismo presente, cuenta la historia de amor intensa y fugaz entre una actriz francesa —hermosísima y entregada Emmanuelle Riva— y un arquitecto japonés —igual de atractivo y existencial Eiji Okada—, en la ciudad de Hiroshima. Resnais, reputado documentalista, debutaba en el terreno de la ficción con este film, y se nota nada más comenzar: sus primeros quince minutos son un intenso prólogo con la voz en off de sus protagonistas sobe una secuencia de montaje de imágenes reales de la tragedia. Solo por este inicio el film ya se bastaría para dejar una huella indeleble en cualquier espectador sensible. Pero hay más, el desarrollo de una historia de amor confesional, menos aventura adúltera que análisis de conciencia personal. Los traumáticos recuerdos de la actriz francesa ofrecen un sugestivo contrapeso al horror de Hiroshima. Si bien el guión, firmado ni más ni menos que por Marguerite Duras, descompensa por su excesiva carga literaria la fuerza de las imágenes, la película marca un hito en el tratamiento de un tema abandonado. 

lluvia_negraLluvia negra (1989) / Hayashibara Group/Imamura Productions/Tohokashinsha Film Company Ltd.

Lluvia negra, del japonés Shohei Imamura fue rodada en 1989, y guarda un cierto paralelismo totalmente casual con Hiroshima mon amour: el hecho de estar ambientada en el año 1959, y contar en flasbacks el momento de la explosión. Por lo demás, su historia es la de los daños terribles en la salud de los supervivientes irradiados, cuya esperanza de vida se vio fatalmente reducida, así como la de los daños sociológicos sobre una sociedad en la que los sentimientos de culpa forman casi una idiosincrasia cultural propia. Como en el film de Resnais, los primeros minutos son los de carga dramática más cruda, metiéndose en el mismo corazón de Hiroshima durante el día de la explosión, transitada como un paseo por los horrores. El resto del film la cámara elegante de Imamura se aleja en el tiempo y en el espacio del corazón de la tragedia para poner su foco en la cierta marginación de los irradiados, sus dificultades para armar el más mínimo proyecto vital, ya sea por sus problemas de salud o por los traumas psicológicos arrastrados. Una película fundamental para comprender las consecuencias terribles en el tiempo y el número de víctimas infinito provocado por las bombas.

rapsodia_agostoRapsodia en agosto (1991) / Kurosawa Productions.

Rapsodia en agosto, de uno de los grandes cineastas de todos los tiempos, Akira Kurosawa, data de 1991 y constituye una de las reflexiones de más hondo calado sobre la manera en que los ataques estadounidenses a Hiroshima y Nagasaki han sido juzgados por la Historia. Kurosawa, al contrario de Resnais y de Imamura, no va a mostrarnos ni una sola imagen real o ficticia de los heridos y los muertos por la fulminante radiación. Lo único que vamos a ver directamente relacionado con los efectos de la explosión son los restos deformados de un castillo de juguete en un parque de Nagasaki. El drama que analiza es el del olvido histórico a través de las diferentes formas de percibir y conocer la tragedia de tres generaciones de japoneses: la de los abuelos que sobrevivieron, la de sus hijos que pasaron página, y la de los nietos que se preguntan cómo fue y por qué. Kurosawa arma un relato profundamente lírico y reflexivo, sutil y triste. La contradicción entre la honda sabiduría de una anciana que sobrevivió al bombardeo, pero en el que murió su marido, contrasta con unos nietos vestidos con camisetas de universidades y barrios estadounidenses, y aún más con la de unos hijos —la generación de los nacidos en los años posteriores a la guerra— que decidieron olvidar las causas y a los responsables del ataque. “Ellos lanzaron la bomba —dice la anciana—. ¿Y les molesta que se lo recuerden? Afirman que la lanzaron para poner fin a la guerra. Eso sucedió hace 45 años ya. Pero no han puesto fin a la guerra. ¡La guerra sigue matando gente!”. Y así es, la guerra no ha terminado, y no terminará mientras venza el olvido, no terminará mientras haya una sola persona en Japón y en el mundo que desconozca quién lanzó las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, y por qué.

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