Teatro de la ciudad (III): Edipo Rey

Las tragedias griegas juegan siempre con el destino como cruel testigo de personajes que ven cómo sus vidas estallan a su alrededor sin que puedan hacer nada para salvarse.

Esta máxima se puede comprobar en la obra de Sófocles Edipo Rey, en la que el protagonista es cruel sujeto de la tragedia sin saber que sus acciones conducirán a ella. Para ello, el director Alfredo Sanzol muestra la tragedia desde una intimista y austera puesta en escena. Esta opción puede resultar, a primera vista, arriesgada, teniendo en cuenta los montajes de Miguel del Arco y Andrés Lima para sus tragedias de Antígona y Medea. 

Captura de pantalla 2015-07-03 a la(s) 10.04.20Edipo Rey, en La Abadía, 2015 / Foto: Luís Castilla/ElNorteCyC.

Nada más lejos; la mesa levemente decorada alrededor de la cual se sientan todos los protagonistas que van desgranando sus parlamentos y por tanto, avanzando la historia, supone una forma idónea para que el espectador pueda seguir la tragedia de la manera más clásica posible. Estamos, pues, cerca de una lectura dramatizada de Edipo, permitiendo disfrutar en todo su esplendor de un enorme texto dramático.

La trama se va desarrollando como un interrogatorio policial a lo Agatha Christie, siendo Edipo investigador y principal sospechoso, todo en la misma persona. La muerte del rey Cayo desencadena en Esparta una peste que asola a toda su población. El oráculo Creonte —intermediario entre los Dioses y los hombres, de vital presencia, como todo oráculo en las tragedias clásicas, portadores de la voluntad y los deseos de la divinidad— expone ante el rey Edipo las señales de que alguien muy cercano a la corte ha sido responsable del asesinato de Cayo. A partir de ahí, como si estuviéramos ante un whodunit en donde Edipo investiga todos los meandros y subtramas que puedan dar una explicación al enigma; los espectadores, junto al protagonista, nos vamos introduciendo en la médula de la tragedia de Sófocles: el cruel destino como explicación del asesinato del rey de Tebas, su propio padre, y su enlace con Yacasta, su madre, a la que convierte en esposa y madre de sus hijos.

Alfredo Sanzol demuestra su maestría en la forma de dirigir a los actores, como ya hiciera en su montaje En la luna, en la que mediante diversos sketches cercanos a un costumbrismo surrealista los actores entraban y salían de la obra con enorme naturalidad. Aquí, muchos de ellos se desdoblan e interpretan a la vez varios personajes sin perder en ningún momento el hilo del relato.

El éxito ha sido tal que Edipo Rey abrirá sus puertas en la Abadía de nuevo en septiembre. 

También me sorprendió la fuerza expresiva, el corrosivo talento en el fondo y en la forma y la carga crítica del grupo La Puríssima. Desde la el escenario de Entusiasmo, interpretando varios temas de copla popular fueron capaces de subvertir los estereotipos más castizos y desvelar los tabúes —especialmente pasionales— que han acompañado a nuestras raíces culturales.

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